Comprad, malditos

Llega la campaña de la renta y ahora mi dinero también servirá para que el imbécil de mi vecino y tantos otros ¡se compren un coche! No sólo padezco la presencia violenta y amenazadora de los coches en mi condición de ciclista y peatón (no tengo coche, ni lo quiero ni lo necesito); no sólo respiro sus letales gases de escape que, de paso, contribuyen (ellos también) a cargarse el planeta; no sólo convivo a mi pesar con los ruidos de sus motores y de sus odiosas bocinas; sino que ahora, encima, el puto coche se lo compro yo. Fenomenal: cornudo y apaleado.

PIERO GRANDESE ALICANTE

No sólo eso, amigo: usted apoquina a condición de que su vecino se compre un coche, pero nuevo, y siempre que entregue uno viejo para desguace. La idea no es que su vecino se compre un coche de segunda mano ni tampoco que, si se compra un coche nuevo, el antiguo pueda utilizarlo alguien. La idea es consumir cada vez más y, por lo tanto, no hay ningún cambio de modelo, ¿verdad? Lo único que dice (a gritos) es: ¡comprad coches, coño!

Lo mismo sucede con la desgravación por compra de piso. No se suprime. Se acaba sólo para los que se adquieran a partir de 2011. Los que adquieran pisos durante todo el año siguiente, antes de 2011, seguirán teniendo esa desgravación, pues la medida no es retroactiva. El “efecto llamada” no puede ser más claro, lo único que dice (a gritos) es: ¡comprad pisos, coño! Y de inmediato, durante el próximo año. Los precios no bajarán, por tanto, y los principales beneficiarios de esta medida serán los promotores inmobiliarios. La idea es la misma: consuma, sea usted solidario (con los ricos y las empresas). ¿Ve algún cambio de modelo?

Aparte hay las golosinas y chuches para los niños, en fin, las baratijas típicas de cualquier Gobierno populista: ordenadores, pizarras electrónicas, recortes en gastos de la Administración. Es decir, la solución a la crisis es darle mucha pasta a los bancos y conseguir que los ciudadanos compren rápido coches y pisos, no sea que los empresarios dejen de aumentar beneficios. Formidable, ¿a que sí? ¡Toma cambio de modelo! ¡Dos tazas!