Las ideas frágiles

Bastaría con que la mitad de lo que el alcalde de Puerto Real imputa al rey fuera cierto para excluir toda posible componenda amigable entre ellos. No se trata de discutir opiniones sobre monarquía o república, sino de la posible corrupción de un monarca. Me quedé, pues, atónito, al ver la superficial ironía con la que trataba Cayo Lara el tema, como un pique entre amiguetes, que se arregla con unas copas. ¿Acaso comparte Lara la funesta idea de que la oposición entre los políticos es puro teatro y que en el fondo todos deben entenderse, como les pide a ambos? También me parece indigno que diga –ni en broma– que el rey debería ayudar a pagar la multa. Los republicanos no admitimos esas limosnas degradantes. Cayo cayó con esas declaraciones muchos puntos en mi consideración y los resultados de las elecciones europeas muestran ese desencanto colectivo generalizado.

DIEGO MAS MAS MADRID

A mí en cambio me hizo gracia, me parece que mostró sentido del humor y no poca malicia. Sólo por eso ya me cayó simpático. Rodeados de bobos solemnes, pompáticos y bombásticos; asediados por mentecatos de voz engolada y tremolante, aburridos de tanto menguado que se toma siempre en serio todo lo que dice, muchos hemos recibido como agua de mayo que alguien pueda exhibir buen humor.

Por inclinación natural y convencimiento adquirido, desconfío de la gravedad. En cuanto alguien afirma que hay “ciertas cosas” con las que “no se hacen bromas”, ya sé que no nos vamos a entender. Creo que hay que ser capaz de reírse, sobre todo, de lo que uno tiene por trascendente: es la única forma de aquilatar la fuerza de las propias ideas y creencias. Si no resisten ni una broma, ¡menudo churro de creencias nos hemos agenciado!

Solían decir los clásicos que la solemnidad no es más que el escudo de la tontería. Algunas ideas (o tal vez las personas que las sostienen) son tan bobas que no pueden consentir bromas: necesitan protegerse con el escudo de la seriedad. Y al contrario: cuanto más firme es una creencia o una idea, más nos podemos reír de ella sin miedo a que se nos rompa por accidente o por su propia fragilidad.