Opinion · Recuperar el presente

El momento de la osadía

Entrevistas de Orencio Osuna a Pablo Iglesias, Ada Colau, Alberto Garzón y David Fernánez

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Juan Tortosa
Periodista

Son cuatro políticos cuyo nombre, y cuyas caras, apenas nadie conocía a comienzos de 2013.  Ninguno de ellos vivió bajo la dictadura ni votó la Constitución, y alguno ni siquiera había nacido cuando el intento de golpe del 23F o el referéndum de la OTAN.  La media de edad de estos cuatro “jóvenes, aunque sobradamente preparados” políticos que en poco tiempo han convulsionado el panorama político español es de 35 años. Momentum.

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Orencio Osuna, veterano luchador antifranquista, curtido en los cuadros del PSUC durante la década de los setenta, intuyó el 15M de 2011 que lo que allí estaba naciendo no era precisamente una broma y decidió refrescar sus experiencias de décadas atrás de la manera más provechosa posible: dedicándose a entrevistar a los cabezas visibles de aquella prometedora movida, todos ellos treinta años menores que él, y publicándolas en diarios como “Nueva Tribuna” o “Público”. Bordó tres decenas de memorables encuentros periodísticos y todas esas conversaciones quedarán para la historia. Momentum.

Ada, Alberto, David y Pablo fueron cuatro de los muchos entrevistados por Orencio. Cuatro protagonistas indiscutibles de uno de los momentos más interesantes que vive este país desde hace mucho tiempo. Mentes ágiles, cultas y militantes. Jóvenes que en su momento decidieron, dos de ellos desde Catalunya, uno en Málaga y otro en Madrid pedir carta, dar un paso al frente y convertirse en las caras visibles de la denuncia y la lucha por poner en marcha otra manera de hacer las cosas. Momentum.

Si no haces política te la hacen, el miedo tiene que cambiar de bando, las cosas se pueden hacer de otra manera… Con frases como estas como bandera, las gentes a quienes representan Ada, Alberto, David y Pablo (muchos más de los que algunos piensan) llevan ya tiempo pegándole un meneo tan serio a este país que no están dejando títere con cabeza: Convulsión en los partidos, relevos en las grandes empresas y en la banca, abdicación del monarca… El porqué ha ocurrido lo que ha ocurrido se entiende mejor cuando leemos las conversaciones que estos cuatro jóvenes mantuvieron, a lo largo de 2014, con Orencio Osuna. Momentum.

Momentum quiere decir “intensidad de una dinámica social que supera las distintas fases de resistencia, y se encamina hacia un objetivo deseado”. Parece que en esas estamos. Quizás por ello Orencio ha elegido ese título a la hora de convertir en libro cuatro entrevistas que pueden perfectamente quedar para la historia como un auténtico referente. Un libro de consulta que despeja muchas incógnitas, invita a reflexionar y señala caminos por los que sin duda acabará transcurriendo, más pronto que tarde,  la política en nuestro país. Momentum.

Hay dos guindas que redondean el carácter didáctico y nutritivo del libro: una es el prólogo que ha escrito Enric Juliana, y otra el epílogo de Juan Carlos Monedero. Un periodista y un intelectual de la generación anterior a los protagonistas, que ayudan a entender tanto lo que piensan los entrevistados como la importancia que tiene que cuatro personas de su envergadura hayan coincidido en el tiempo, se complementen tan bien y sirvan para simbolizar toda una generación que, contra lo que quizás algunos pensaban de  ellos (vagos, perroflautas, frikis…) y otros deseaban (que se fueran al extranjero a buscarse la vida) decidieron en su momento no solo quedarse aquí sino poner su tiempo, su esfuerzo y su formación al servicio de la lucha por cambiar las cosas. Momentum.

“ Si de repente existiese en España –le cuenta Pablo Iglesias a Osuna- una nueva fuerza política gobernando o una nueva fuerza de oposición que rompa con el modelo de la gran coalición, si llegamos a una situación equivalente a lo que se está produciendo en Grecia, se abrirán nuevas posibilidades de cambio, no exentas de riesgo y de fracaso: que se produzca un proceso constituyente que cambie las bases políticas de nuestro país”

“Pensamos en una fuerza de mayoría, explica por su parte Ada Colau porque, efectivamente constatamos una mayoría que ya existe, no es algo que nos inventamos, una hipótesis, un deseo o un futuro… Hay una mayoría social que lleva años ya movilizándose por argumentos básicos, frente a la emergencia generada por la crisis, contra la corrupción, por los derechos sociales… gente que estamos ya  coincidiendo codo con codo en muchos espacios diferentes…”

“Lo que luchamos juntos en la calle también lo tenemos que luchar juntos en las instituciones”, remarca Alberto Garzón en su entrevista. Y añade: “ no concibiendo las instituciones como un fin, sino partiendo de la consideración según la cual las batallas políticas se disputan no solo en el plano electoral, sino también en el plano cultural e ideológico”.

Y cuando le llega su turno, David Fernández precisa: “Siempre he pensado, como decía Salvador Espriu en La pell de brau, en la incomprensible capacidad que tienen grandes sectores de la sociedad española de disfrutar… de la realidad pluricultural. ¿Cuál es el problema? Lo digo pensando en los profesores que he tenido en la escuela pública catalana, que me enseñaron a conocer a Lorca, Miguel Hernández, Rosalía de Castro o Alberti, pero creo que en el resto del Estado español poca gente sabe quiénes son Viçens Vives o Martí Pol, por ejemplo… todo por la existencia de una élites absolutamente reacias a cualquier tipo de respeto a una realidad plurinacional…”

Algo serio, importante, inédito está ocurriendo en la vida política de nuestro país y Momentum lo retrata a través de las conversaciones de Osuna con el líder de Podemos, la carismática portavoz de la PAH, un joven radical que simboliza el descontento de buena parte de los catalanes de su edad y un malagueño, todavía veinteañero, miembro de  una complicada organización como IU donde se le ha encomendado el desafío de intentar salvar los muebles como pueda.

Como dice Monedero, “…a veces uno se pregunta si tiene que resignarse al hecho incontrovertible de esperar a que la biología solvente lo que no es capaz de solventar la inteligencia. La respuesta, parece clara, es NO. No hay que esperar, hay que actuar. Y como escribe Enric Juliana, “la novedad consiste en que, por primera vez en más de treinta años, una rama de la izquierda que parecía condenada a vagar eternamente por las carreteras secundarias, ha retomado la idea y la ilusión de la “mayoría social”  y ha captado con cierta clarividencia el espíritu del tiempo. En una palabra, que estamos en uno de esos momentos “momentum-momenti”, que sería imperdonable dejar pasar. Esta vez no. Esta vez el tren no puede pasar de largo y para que eso sea posible, los cuatro entrevistados por Orencio Osuna tienen muchas cosas que decirnos, y que hacer, en los próximos años. Muchas de ellas ya están anunciadas en “Momentum”.

Fragmento del Prólogo de Enric Juliana, corresponsal en Madrid de La Vanguardia

El cuadro [dibujado por Orencio Osuna a lo largo de estas entrevistas] muestra en estos momentos la posible decadencia de los partidos que hemos conocido como mayoritarios durante los últimos 37 años. Lo escribo en condicional puesto que aún no estoy seguro de que nos hallemos ante el hundimiento del bipartidismo. El marco institucional español está concebido para la existencia de dos partidos predominantes, con la posibilidad de fuertes minorías de carácter nacional o regional, cuando estas son capaces de concentrar el voto en Cataluña, en el País Vasco y en Canarias, principalmente. La distribución provincial de escaños penaliza a las grandes concentraciones metropolitanas —a los arrabales— y somete la relación general de fuerzas a la corrección mayoritaria de la ley Hondt. El sistema electoral, protegido expresamente por el artículo 68 de la Constitución, penaliza a los que quedan detrás y obtura la representatividad. Fue un eficaz estabilizador de la Transición. Hoy está estrangulando la legitimación del sistema.

La actual España en crisis se rige por unos mecanismos de representación política que todavía responden a la lógica de la Guerra Fría, una de cuyas prioridades fue impedir o dificultar el acceso de los partidos comunistas occidentales al poder por la vía de las elecciones libres. En Francia, el general De Gaulle impuso la segunda vuelta como signo distintivo de la V República. En Italia, la Democracia Cristiana se dotó de un cinturón de protección formado por tres pequeños partidos (liberal, republicano y socialdemócrata) que entraban y salían de los gabinetes de coalición como bailarinas de La Scala de Milán. En Portugal, España y Grecia todo fue un poco más rudo: se prorrogaron las dictaduras.

En 1977 se legalizó, inteligentemente, al Partido Comunista de España, y se convocaron elecciones libres con «handicap» para la tercera fuerza en la planta provincial. La tercera fuerza eran los comunistas. Sobre esta base se edificó el nuevo edificio democrático. La ruptura del bipartidismo exige, por tanto, un verdadero terremoto en la vida provincial. Hay indicios de que ello puede producirse. Los sondeos lo indican. La novedad reside en que los segundos podrían ser los terceros y los recién llegados empujan con fuerza y afirman, con descaro, que pueden ser los primeros. El esquema de 1977-78 parece que se está rompiendo, pero permitirán que me acoja a la enmienda de Santo Tomás: hasta que no lo vea, no lo creeré.

Orencio Osuna ha entrevistado a cuatro de los nuevos referentes políticos que amenazan con romper el cuadro. Hace un año podían parecer personajes radicalmente periféricos. Hoy, sus nombres están en boca de todos. Están en el centro del debate público. Pablo Iglesias, Alberto Garzón, David Fernàndez y Ada Colau. Como buen periférico, el autor de las entrevistas sabe que  siempre hay un autobús que va del extrarradio al centro. Hay que saber cogerlo.

David Fernàndez hace dos años parecía una figura exótica en el nuevo Parlament de Catalunya, surgido del adelanto electoral soberanista. Hoy es el político catalán mejor valorado, según la encuesta publicada por La Vanguardia principios de diciembre de 2014. Además de lucir unas camisetas muy vistosas y repartir abrazos con gran inteligencia emocional, el líder parlamentario de la CUP ha demostrado que sabe hacer política. Ha ganado respetabilidad. Se ha dirigido a la mayoría social. Hay una anécdota suya muy interesante y reveladora. Poco después de ser elegido diputado, un hombre con traje de ejecutivo se le acercó en el paseo de Gràcia de Barcelona. Se paró, le dio la mano y le dijo: «Aprieten fuerte, les necesitamos para hacer limpieza». En Cataluña las cosas a veces dan muchos rodeos, pero también hay momentos muy directos.

Ada Colau también ha cogido el autobús que conduce de la periferia al centro de la batalla política. Su candidatura municipal en Barcelona preanuncia una contienda electoral de alto voltaje. La pugna municipal de Madrid será la más ruidosa de todas. La de Barcelona tendrá mucha densidad e interés. No den ningún resultado por seguro. Es tiempo de nuevos actores. En Valencia, por ejemplo, otros dos personajes que merecen formar parte del retablo, Mònica Oltra y Mireia Mollà han rasgado la arruinada escenografía de cartón-piedra de un Partido Popular rotundamente hegemónico durante veinte años.

Alberto Garzón parece haber conseguido vencer finalmente las inercias conservadoras de Izquierda Unida y va en camino de convertirse en el nuevo líder de esta formación. Izquierda Unida ha pagado el precio de una visión poco innovadora. Creyendo que el desgaste del PSOE le beneficiaba de manera automática, descuidó a los sectores sociales más dinámicos. Y descuidó, sobre todo, la interlocución con los jóvenes. Garzón está obligado a recuperar el tiempo perdido, flanqueando a la novedad Podemos por la izquierda, por ejemplo, con la propuesta republicana, desiderátum que hoy no está en el centro del debate social. Y dudo que lo esté en los próximos tiempos. IU, sin embargo, no está muerta. Puede tener un papel importante en los pactos municipales y en un futuro Parlamento de mayorías variables.

Y Podemos, claro está, en boca de todos. Obsesivamente. Neuróticamente. Traspasando la raya de lo grotesco en algunos medios de comunicación. Pablo Iglesias rompe todos los techos con la inestimable ayuda de la «Partida de la Porra» de la derecha mediática madrileña. El partisano Iglesias es hoy la gran novedad de la política española. Constatarlo comienza a ser una obviedad. La periferia está viajando hacia el centro.

Fragmentos de las entrevistas de Momentum de Orencio Osuna

“Cuando dividimos la política en España entre derecha e izquierda, quien celebra esta división del campo político es la derecha porque  saben que, si las reglas funcionan así, ellos tienen todas las de ganar. Sin embargo, si entendemos que una estrategia de cambio se debe apoyar en una mayoría social que está de acuerdo con que los privilegios de la clase económica dirigente son insostenibles; entonces existirá  la posibilidad de la construcción política de una mayoría social por el cambio.”

Pablo Iglesias

“Los partidos que han gobernado Barcelona, igual que a escala catalana o estatal, son partidos-empresas que han entrado en una lógica de priorizar su autoperpetuación en el poder, de desarrollar unas redes clientelares, y han confundido el interés privado con el público.   Esos partidos son responsables directos de haber desposeído a la ciudadanía del control democrático del gobierno municipal.”

Ada Colau

“Puede que haya excesos de patriotismo de partido y de siglas, porque al final tenemos que asumir que los partidos son instrumentos de transformación social, no fines en sí mismos. Por tanto, si hay un exceso de egos y de intento de patrimonializar un movimiento social, hay problemas. Es tiempo de generosidad, es tiempo de estar a la altura de la historia. Estar a la altura de la historia significa  no  desaprovechar un momento histórico como este para construir la unidad popular.”

Alberto Garzón

“No estamos proponiendo que nos demos la espalda, sino que estemos de igual a igual. Entre decir que cada uno vaya por su lado y que convivamos, nuestro deseo sería hacer una suma sincrónica y sinérgica que abra paso a más democracia allí y más democracia aquí. Eso es lo mejor que nos podría pasar. Lo que no compartimos y no podemos admitir, porque eso sería aceptar que los catalanes no somos un sujeto político, es decir que conquistar más democracia aquí en Cataluña depende de que haya más democracia allí en el Estado español.”

David Fernàndez