Opinión · El repartidor de periódicos

‘Fat news’

Hoy me he levantado con cuerpo neologista. Y viene siendo habitual últimamente. Suceden tantas y tan extrañas cosas que no queda más remedio que inventarse nombres para ellas, pues son mutaciones novedosas, fenómenos jamás vistos, maravillas de esta existencia abisal que le hacen a uno sentirse el capitán Nemo de la prosa. Lo único malo del neologismo de hoy es que me ha salido en inglés y tampoco es exactamente un neologismo, pero en estos tiempos de saber wikipédico y liviano sospecho que se me perdonará.

Lo cual que esta semana se me ha ocurrido acuñar la expresión fat news, noticias gordas, que creo que hogaño vienen tan a pelo como las fake news y, como se comprobará, pueden llegar a ser incluso más glamorosas. Las fat news no son grandes noticias, o no tienen por qué serlo. Sin embargo, se presentan tan recebadas y proteínicas que todo lo acaparan, se zampan las más jugosas páginas de los periódicos y las guindas golosas de los telediarios, degluten tertulianos sin parar y eructan nubecillas delirantes de color anarrosa.

Entre las fat news de estos días hay que destacar, sin duda, la tragedia atroz del niño Julen. Sé que algunos me tacharán de desalmado, pero no me parece normal que en estos 15 días escasos se hayan emitido y redactado más horas  de morbo y chorradas que tiempo ha vivido el pobre chaval. Hemos llegado a saber incluso que este viernes los bomberos comieron caldito y empanada de atún. Que 18 psicólogos, 10 administraciones y 12 empresas privadas han participado en el rescate. Hemos conocido a héroes bomberos, héroes mineros, héroes poceros, curitas héroes, vecinos héroes y hasta algún perrillo héroe tiene que haber aparecido por ahí. Cuando las tragedias, se ha puesto de moda esto de inventarse héroes de toda laya. Yo no sé cómo estas personas se prestan al impúdico juego. A mí mismo me llamaron héroe por haberme chocado en el tren Alvia. Como si fuera gran mérito personal haber descarrilado, haber muerto en parte, haber en parte sobrevivido. Si te descuidas, en cuanto termina una breve pausa para la publicidad te cuelgan una mediática insignia del valor. Por decirlo de alguna manera, somos héroes de libre designación, no vocacionales.

También suelen florecer, alrededor de estos asuntos luctuosos, los héroes y expertos autoproclamados. A esta selecta tipología pertenece sin duda Juan José Cortés, cuya hija de cinco años fue asesinada en enero de 2008. Desde entonces, no ha cejado sembrando su dolor por platós de televisión, mítines del PP y actos de solidaridad con víctimas, voceando por doquier su querencia por la cadena perpetua y la pena de muerte revisable o no sé yo. El otro día, omnipresente junto a los padres de Julen como asesor o algo, vino a decir la siguiente miserabilidad ético/política: “Julen, desde el pozo tan oscuro donde estás metido, el PP y España entera están contigo”. Sin duda el PP y Cortés están en un pozo muy hondo. Sin duda.

Como defensor de la infancia (casi me sale ‘infamia’, en plan errata), este Cortés ha salido más en los periódicos, teles y radios que los responsableps de Unicef o Save the Children en España. Es lo que tienen las fat news. Crecen mejor en ambientes menos académicos o profesionales y más folclóricos. Importa más la vida, la muerte morbosa (sic) del niño Julen que los índices de pobreza infantil en España, la desnutrición, las depresiones de los niños que ven hundirse sus casas en el torrente de la crisis. Con ellos sí que no están el PP de Cortés ni nuestros medios. Esos niños no venden, Ana Rosa.

Entre las fake y las fat news se encuentra lo de Venezuela. Desde la irrupción de Podemos, lo de Venezuela es un mantra y han aflorado miríadas de expertos en Venezuela que resumen toda su enciclopédica sabiduría en una sola frase:

—¿Y Venezuela, qué?

Los periódicos, más o menos. Como me estoy extendiendo, voy a poner solo el ejemplo de El País, pero podéis rastrear esta fat/fake en cualquiera de nuestros diarios de papel. Nicolás Maduro “no permitió participar” a formaciones opositoras en las elecciones de 2018, nos dice el periódico de Prisa en su página 4. Si uno se va a El País del día de autos (22 de febrero de 2018), el mismo periódico nos titulaba que La oposición venezolana rechaza concurrir a las elecciones chavistas. ¿Cuándo se jodió El País, oh, don Mario?

Ítem más: aquellas elecciones “carecieron de transparencia”, lo que justifica el golpe de Estado de Juan Guaidó, según EEUU, sus palmeros y la prensa española en general. Quizá sea cierta esta fat, pero se hace fake cuando se olvida voluntariamente que, si aquellas elecciones carecieron de transparencia, fue porque Naciones Unidas se negó a supervisarlas. ¿Por qué? Pregúntenle ustedes a sus cuñaos, que son los que más saben de Venezuela en este cruel universo mundo.