Opinion · El repartidor de periódicos

‘El País’ llama al diálogo

Resulta que El País acaba de lanzar una campaña de autoafirmación y de defensa del «pensamiento crítico de la ciudadanía». Bajo el lema ¿Y tú qué piensas? pretende el diario de Prisa recuperar la calle quiosquera que fue suya entre su fundación en 1976 y algún momento indeterminado de finales de la década de los 80, cuando el felipismo se comió al socialismo y el silencio sobre los GAL dejó en evidencia que el derecho a la información no era una de las prioridades de los chicos de Juan Luis Cebrián. El sobaco de la izquierda perdió entonces su estandarte. Hasta entonces, no se conocía axila mañanera progresista que no fuera adornada con los pliegues del entonces aun joven diario. Su nacimiento fue celebrado por la extrema derecha franquista con un atentado con paquete bomba que mató a uno de los conserjes, Andrés Fraguas, el 30 de octubre de 1978. Cosillas de la modélica y dialogante transición que hemos preferido ir olvidando en aras de un relato infantilizado de concordia y abrazos entre vencedores y vencidos.

El cambio que ha disfrutado el periódico de Prisa desde la llegada de Soledad Gallego-Díaz a la dirección ha maquillado la deriva incendiaria que llevó a El País a editorializar insultantemente a Pedro Sánchez («insensato sin escrúpulos»), a dejarse colar en portada una foto fake de Hugo Chávez agonizante (foto asquerosa que, aunque fuera verdadera, jamás sería digna de ser publicada), o a dar carta de veracidad a las informaciones falsas sobre financiación de Podemos que iban filtrando los palmeritos mediáticos de la siniestra policía política de Mariano Rajoy.

Difícil va a tener ahora ese mismo diario para convencernos de que quiere fomentar nuestro pensamiento crítico. Pues, además, nuestra prensa tradicional siempre ha sufrido la tendencia a querer fidelizar al lector acrítico, partidista, hooligan, de bufanda y de carné. Lo tengo dicho más de una vez en esta sección. Una de las coincidencias que ha detectado uno durante años hablando con periodistas extranjeros es la extrañeza que les produce que nuestros periódicos, de siempre, más que línea editorial más o menos progresista o conservadora aireen un maniqueísmo partidista, caudillista incluso, totalmente entregado a unas siglas. ¿Pensamiento crítico? En alguna pequeña isla firmada por el añorado Manuel Vázquez Montalbán y algunos otros –pocos– autores no necesitados del contador de palabras para llegar a fin de mes.

Ha dicho Soledad Gallego-Díaz que el nuevo objetivo de El País pondrá la mirilla en el fomento del «diálogo y la no confrontación». Difícil lo va a tener. El español coge hoy el periódico con ganas de ver bastonazos goyescos y peleas de gallos. Es la atmósfera que se respira en la calle. La que ellos mismos ha contribuido a generar durante tantos años. Y, quizá, su manifestación más sangrante ha sido el abono del odio al catalán, el a por ellos que atrona desde el humo de los bares hasta las moquetas de nuestro poder judicial.

En todo caso, me parece muy loable, casi enternecedora, esta nueva pretensión de nuestro periódico de papel progresista por antonomasia (por antonomasia y poco más). Pero enfrente se va a encontrar portadas como la de La Razón de hoy, que nos viene a decir que la cárcel de los políticos catalanes se está cumpliendo entre algodones de azúcar rosa y con nínfulas huríes haciéndoles cosquillas en los pies con plumas de cisne negro. Traslado VIP: un furgón a estrenar para los presos del procés, titula el diario de Planeta en portada. Y en el texto aclara: «El traslado se hizo en un autocar de la Guardia Civil totalmente nuevo para evitar que tuvieran que respirar el mal olor que queda a veces en los vehículos tras los traslados».

No se escandaliza el periódico de Marhuenda de que los españoles presos, en general, tengan que ser trasladados de juzgados a cárceles en pocilgas. No se pide al Ministerio del Interior que se preocupe más del bienestar del común de los reclusos, sino que los presos catalanes se ahoguen en las mismas heces aromáticas que el resto de reos. Ese es el nivel. Del que parte El País para fomentar el diálogo. Ay, almitas de cántaro.