Sobre el tapete

Cómo explicarle a un amigo alemán lo que pasa en España

Reunión del Consejo de Ministros, presidida por Pedro Sánchez, con gran parte del gabinete participando por teleconferencia. REUTERS/Pool/J.M Cuadrado
Reunión del Consejo de Ministros, presidida por Pedro Sánchez, con gran parte del gabinete participando por teleconferencia. REUTERS/Pool/J.M Cuadrado

Amigo Juan Español, con mi renovada e incondicional amistad, te envío estas líneas sobre lo que está sucediendo en mi país. Me gustaría pensar que, como demócrata que eres y viviendo en un Estado republicano y de democracia auténtica, el contenido de esta carta, aunque a primera vista te parezca exótico o increíble, contribuya a que te formes una idea más cabal sobre la naturaleza profunda del sistema político de mi desgraciado país. Te agradeceré que, más allá de las idílicas historias que hayas leído sobre la famosa Transición alemana y los 40 años de Democracia Avanzada transcurridos desde la muerte del dictador Adolf Hitler, te dispongas a valorar y reflexionar acerca de lo que te cuento en esta carta. Desafortunadamente, en tu país los medios de comunicación también se conforman con trasladar a su audiencia una interpretación acomodaticia y "diplomática" de lo que resultó ser y sigue siendo una de las más grandes estafas políticas contemporáneas. ¿Conoces el timo de la estampita? Algún día te lo explico.

El hilo de la actualidad me ayudará a situarte rápidamente en materia. Dos hechos, de muy diversa índole y con muy diferente tratamiento periodístico hasta ahora, marcan nuestra actualidad en Alemania. Una se refiere a la epidemia del coronavirus y la otra a la crisis de la Corona Imperial.

Nuestro canciller declaró hace un par de semanas el Estado de Alarma para combatir la pandemia del coronavirus, concentrando, centralizando y ejerciendo también directamente todas las competencias propias de las Autonomías. Hace unas pocas horas, el gobierno central finalmente ha decretado un confinamiento prácticamente total, pero quince días después de haberlo pedido el presidente "polaco", a quien los gubernamentales no le han dejado de descalificar con dureza por ello. El "polaco" también anda pidiendo, para ayudar a la población y que no se colapse la economía, una renta ciudadana; entre otras cosas. De momento, le insultan. Después, ya veremos.

Aparte las protestas "polacas", las derechas saltarán a la yugular del gobierno, haga lo que haga el canciller, tan pronto como puedan. La pandemia dejará un  número escalofriante de muertos y la nueva crisis económica que está al caer será temible. Y las tres derechas neonazis  lo aprovecharan. Imagínate el panorama que se nos viene encima.

El segundo hecho a destacar, que ha resonado como un latigazo en Alemania, seguramente ya era conocido por ti porque el asunto de fondo ha sido tratado ampliamente por la prensa internacional (The Daily Telegraph y los medios suizos, por ejemplo). En la Gran Alemania pocos han estado dando auténtica cobertura a las noticias que venían confirmando la corrupción en la familia imperial. La "justicia" también había hecho oídos sordos. El Emperador es inviolable. O sea, no se puede proceder contra él, haga lo que haga. Decían, y siguen diciéndolo. Principio del formulario. Salvo honrosas y escasas excepciones, todos han callado durante años, porque comen en el mismo pesebre. Todos han sido cómplices de este despropósito. Todo sea por salvar al Régimen neonazi del 78.

En efecto, hace unos pocos días, y hay que imaginarse el ambiente creado por la epidemia del coronavirus y el confinamiento generalizado de la población, un comunicado de la Casa del Emperador anunciaba, entre otras cosas (podrás leerlo con detalle en internet), que Su Majestad Imperial ha hecho saber a S.M.I. Wilhelm III su decisión de "renunciar a la herencia (…) que personalmente le pudiera corresponder, así como a cualquier activo, inversión o estructura financiera cuyo origen, características o finalidad puedan no estar en consonancia con la legalidad o con los criterios de rectitud e integridad que rigen su actividad institucional y privada…"

O sea, en roman paladino, cualquier observador diría que el Emperador reinante está reconociendo que su padre, el Emperador Emérito, es un corrupto, si se prefiere un lenguaje cuidadoso y cauteloso; o un ladrón, si se es más directo y atrevido. Y cuando Su Majestad Imperial reinante, aprovechando que el rio Spree pasa por Berlín, ha querido ponerse al frente de la lucha contra el coronavirus (qué ironía lo del corona-virus o cuánta justicia poética, según se mire) con un discurso televisado a la población encerrada en su casa, se ha encontrado con una monumental cacerolada reclamando que el dinero "distraído" regrese a las arcas públicas… La dinastía Hohenzollern se tambalea. De momento, el actual Emperador no ha renunciado a la Corona, que también recibió de su padre y este, a su vez, de Adolf Hitler.

El asunto viene de lejos y llueve sobre mojado. Un yerno del Emperador Emérito y cuñado del Emperador reinante está en prisión desde hace unos meses condenado por corrupción. La "justicia" no pudo evitarlo. Pero su esposa, hija y hermana de Emperadores, sí se libró de ser condenada en el juicio, pese a los cargos que tenía en la empresa responsable de los actos delictivos (con sus firmas correspondientes). La exculpación se debió a que no sabía nada de nada. La misma estrategia defensiva no le sirvió, por poner un ejemplo folclórico, a una tonadillera española (que tú seguramente recordarás dada su nacionalidad) cuando ella  acabó con sus huesos en la cárcel junto a su amante, un camarero que llegó a alcalde de una famosa localidad turística de la costa báltica; también por corrupción. Además, desde hace muchos años corren rumores (era vox populi) sobre posibles conductas impropias del Emperador Emérito: comisiones desde la década de los 70 por las compras de petróleo de Alemania al extranjero, la herencia de su padre depositada en Suiza (el equivalente a unos cuatro millones de euros cuando falleció), su vida de playboy y los costos que han supuesto para el erario público sus aventuras románticas, las comisiones por el AVE de La Meca... Ahora, y para salvar la Corona del hijo, incluso el director de  Der Deutsche (22 de marzo de 2020) saca a relucir todos los trapos sucios del padre (todo lo que ha callado durante años y años) y lo llama "voraz ave de rapiña". Pero, lo disculpa políticamente, porque es el padre común del Régimen del 78…

Las élites que dirigen Alemania han hecho creer al personal que el Emperador no era un sinvergüenza y que, si lo era, no se le podía juzgar porque según la Constitución del 78 es "inviolable". En consecuencia, y según esta gente tan poderosa, el Emperador anterior podía y el actual puede, legal y constitucionalmente, por ejemplo y es un suponer:

  • Coger un tanque de la División Acorazada Grossdeutschland para ir al botellón con sus amigotes (o para encabezar un golpe de Estado).
  • Atracar un banco para pagarse unas vacaciones en las Bahamas con su novia (o para esquiar en Suiza).
  • Cortar en rodajitas a su esposa para hacer unas ricas hamburguesas (o un exquisito filete tátaro) y guardar el resto en el congelador.
  • Cobrar comisiones por las compras que Alemania hace en el extranjero; y también las ventas. (Sin respetar su contrato que le exige dedicación exclusiva).
  • Tener cuentas y depósito opacos e ilegales en el extranjero (sin pagar impuestos mientras el resto de los alemanes se aprieta el cinturón y sufre una tasa de paro alarmante).
  • Lucir un uniforme de Emperador diseñado por la modista y aristócrata española Agatha Ruiz de la Prada.

¿De verdad que la Constitución blinda al Emperador permitiéndole cometer cualquier tipo de tropelías y delitos sin ser jamás sancionado? Pero, ¿no eran todos los alemanes iguales ante la ley?

Si condenaron a un rapero a tres años y medio de prisión por injurias al rey y enaltecimiento del terrorismo será que, en efecto, los alemanes no somos iguales ante la ley. El rapero se fue al exilio y la justicia europea le ha protegido. Cantar que los Hohenzollern son unos ladrones o unos bribones puede salir muy caro.

La mayoría de los señores diputados del Bundestag también están en la misma onda. Se niegan a constituir una comisión de investigación sobre el Emperador Emérito… porque es inviolable.

Uno de los ya condenados anteriormente por corrupción del caso Gürtel, en un juicio reciente confiesa que poseía una cuenta secreta en Suiza compartida con el ahora Emperador Emérito. ¿El juez le pide que amplíe los detalles por si hay causa penal? No. El magistrado le exige que se calle.

Pero, amigo Juan, no solo es una cuestión de sentido común, es que el Emperador, de acuerdo con la Constitución, no podía ni puede hacer lo que le venga en gana. Tu mismo podrás sacar conclusiones, porque el asunto no tiene ningún misterio. Veámoslo.

El siempre invocado Artículo 56.3 dice textualmente:
"La persona del Emperador es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65.2".

Obviamente, salvo lo dispuesto en el artículo 65.2, todos sus actos son actos debidos porque los responsables son otros. Según el Artículo 64:

  1. "Los actos del Emperador serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes. La propuesta y el nombramiento del Presidente del Gobierno, y la disolución prevista en el artículo 99, serán refrendados por el Presidente del Bundestag".
  2. "De los actos del Emperador serán responsables las personas que los refrenden".

Los únicos actos que no tienen la naturaleza de actos debidos (obligados) son los que se contemplan en el Artículo 65.2; y es para estos en los que se aplica la declaración de inviolabilidad:
"El Emperador nombra y releva libremente a los miembros civiles y militares de su Casa".

Y la prueba irrefutable de que al Emperador sí se le pueden pedir responsabilidades por sus actos "no debidos" es el Artículo 59.2:
"Si el Emperador se inhabilitare para el ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuere reconocida por las Cortes Generales…"

Y el Artículo 74.4 establece las condiciones para que los parlamentarios adopten esta decisión: Mayoría en las dos Cámaras o mayoría absoluta en la Cámara Baja.

No hay patente de corso. Y, como es obvio, el monarca, una vez desposeído de la condición de Jefe de Estado, podría ser encausado por la justicia ordinaria y acabar en el trullo… Y, por supuesto, no soy el único en verlo así.

Ahora a la monarquía alemana se le abren varios desenlaces posibles. Uno, que no hay que descartar conocido el apego de la familia imperial por el trono, es un enroque exitoso. En esta tarea andan muchos, entre otros el SPD, auténtico pilar, sostén, viga, valladar, muro, muralla… del Régimen; y su clave de bóveda haciendo piña con los neonazis.

Tampoco cabe descartar que la misma élite que confió en los Hohenzollern para la continuidad de su Reich, los derribe, si ve amenazado su artificio constitucional. Sacrificarlos para salvar el pellejo. No se andarán con chiquitas llegado el caso.

Y otros dos desenlaces. La hipótesis "perestroika" y el Momento Ceaucescu.

En su libro "La perestroika de Wilhelm IV" publicado hace cinco años, un fino analista que ahora forma parte del equipo más cercano del actual canciller, concluía (págs. 380 y 381):

"Lo que muere es una identidad despreciable de "Alemania", forjada por las castas políticas y los poderes reales durante siglos, resuelta normalmente a cañonazos, cuyo único legado cierto es la burocracia tramposa, el despotismo conquistador, el saqueo, la barbarie…".
"La perestroika de Wilhelm IV consiste, entonces, en construir una identidad colectiva nueva, adecuada a nuestros tiempos y necesariamente alejada de las esencias imperiales".
"Una nueva constitución confederará (…) territorios, si así lo deciden las personas, en un proceso donde, finalmente, se somete a referéndum la continuidad de la propia monarquía".

El autor sugería que esta operación fuera protagonizada por una gran coalición entre los conservadores y los socialdemócratas tal como pudo formularse cinco años atrás. El ritmo de los acontecimientos es endiablado y probablemente, ahora, esta perestroika, ya de por sí dificilísima porque pondría en cuestión a la propia élite de nazis, neonazis y compinches que impuso el regreso de los Hohenzollern, parece imposible con un gobierno de coalición como el actual al que ABC, un periódico berlinés muy influyente, califica en portada de socialcomunista (19 de febrero de 2020). Y por si faltara algo, ha renacido electoralmente y como fuerza política organizada el sector más ultra del neonazismo, para presionar y amenazar a quien ose "traicionar" a la gran patria alemana y sus esencias. El margen de maniobra parece estrecho, muy estrecho, para una perestroika de verdad.

Por otra parte, tenemos la alternativa que aventura el director de un periódico digital polaco en un editorial publicado inmediatamente después del discurso del Emperador y de la cacerolada popular que lo acompañó. En él hace referencia al momento Ceaucescu, aquel que en Rumanía precedió a su caída y la de su régimen.

El periodista introduce la cuestión recordando que en noviembre de 1989 una manifestación en demanda de democracia en la Transilvania, una zona de población húngara dentro de Rumania,  fue reprimida con una dosis extrema de violencia. Unas pocas semanas después, el líder rumano pronunció un discurso ante decenas de miles de trabajadores llevados desde todas partes a la capital, Bucarest, anunciando medidas populistas como un aumento generalizado de los salarios. Súbitamente, estallaron las protestas. Ceaucescu primero intentó frenar los gritos, después titubeó, animando aún más las protestas, y finalmente huyó espantado del lugar. El líder estaba desnudo. El día de Navidad fue fusilado junto a su esposa. El momento Ceaucescu del Emperador sería, para este periodista polaco, la coincidencia del discurso del monarca y la cacerolada; sin que ello suponga, por supuesto, que la historia se vaya a repetir exactamente igual; un desenlace democrático, esta vez sí.

No obstante, Juan, te imaginas un presidente de la República Alemana apellidado Aznar, Casado o Abascal? ¿O Inés Arrimadas, presidenta?

Si esta carta ha excitado tu curiosidad, podría en otra explicarte algunos detalles sobre el cómo logró Adolf Hitler pactar la paz con los Aliados Occidentales antes del hundimiento total y mantenerse en el poder hasta su muerte natural en 1975… Y cómo nos timaron con las estampitas.

Desde su confinamiento, recibe un fuerte abrazo de tu amigo alemán,

@RRomerodeTejada