Rosas y espinas

Cifuentes de Neptuno

 

Lo siento, Morenés, pero creo que en breve te van a quitar el ministerio de la Guerra para dárselo a Cristina Cifuentes de Neptuno, nuestra delegada del Gobierno en Madrid. Desde Agustina de Aragón o Rosario Dinamitera --la cosa está muy empatada-- España no había gozado de mujer tan bélica como esta. Cuando el machismo era biblia, si una señora o chica se salía un poco del tiesto ya se la consideraba mujer de armas tomar. A nuestra Cifuentes de Neptuno esta descripción no le llega a la suela de los misiles. Se dice, incluso, que en fin de año ingiere doce uvas de una bomba de racimo con las campanadas. Será que le molestan las pepitas de la vitis vinifera.

En Madrid no hay apenas delincuencia. Todos los herederos del Vaquilla han cogido un cargo en un consejo de administración, en un banco, en una inmobiliaria o en un ministerio. Por eso Cifuentes de Neptuno, para distraerse, se ceba en los indignados, que andan demandando fascistadas como un trabajo digno, el fin de los desahucios o una educación y una sanidad universales. "Hay grupos nazis que están apoyando la toma del Congreso", aseguró la delegada antes del 25-S en el ecológico programa de fauna salvaje, especializado en natación felina, conocido como El gato al agua.

Ayer, sin embargo, nuestra delegada del Gobierno nos dio una sorpresa pacifista y medio hippie. Ni detenidos ni heridos ni otra cosa que buen rollito. De hecho, en la plaza de Neptuno, alrededores del Congreso, anoche había casi más policías que personas. Yo no sé cuánto habrá costado este inmenso despliegue policial para una manifestación de cuatro gatos. Pero espero que lo hayan recortado del presupuesto de sanidad, de educación, del I+D, de las pensiones o de alguna otra partida económica de nulo interés social.

La delegación del Gobierno de Cifuentes de Neptuno puso anoche, ante el Congreso, a 1.500 policías para vigilar a 2.000 manifestantes, según sus propias cifras. De lo cual se infiere que había 500 personas que, caso de ser desalmadas, podrían haber montado un sindiós sin un policía personal que las vigilara. Un policía por persona es lo menos que debe exigir un estado de derecho como el que defiende Cifuentes. Y yo pienso que ayer se quedó corta, poniendo en peligro la seguridad de España.

Si la concentración indignada se ha de considerar un fracaso clamoroso, la capacidad de convocatoria de Cifuentes ha sido hasta glamurosa. Solo le ha faltado sacar los tanques para que se subieran los niños. Un tanque por niño.

Esta delegada del Gobierno no se cansa de acertar. Cuando los manifestantes son muchos, les arrea. Y cuando son pocos, les ayuda a cruzar el paso de cebra del Prado colgándoles del brazo a un policía unipersonal e intransferible. Da gusto ver a cada madrileño tan bien acompañado.

Creo que sería interesante saber el gasto por manifestante de la concentración de ayer. Las arcas públicas, menos conocidas como el bolsillo del amable lector, se habrán dolido de lo que cuesta un policía por persona. Me da la impresión de que una pasta. ¿Es más barato controlar que alimentar a un pueblo? Pues debe ser, porque esta gente es la que pregona el ahorro, la contención del gasto, el recorte, etcétera.

Como a Woody Allen cuando escucha a Wagner, a mí, cada vez que veo a Cifuentes de Neptuno tan rubia, tan tiesa, tan firme, tan alta, tan guapa y tan relimpia me entran ganas de invadir Polonia. Uniformes no me faltaron ayer para intentarlo. Y, para ahuyentar tan oscuros pensamientos, enseguida me hago la señal de la cruz. Gamada. Pero, como llevo a mi avatar policial vigilándome la chepa, me corto. No sea que se cabree y me entregue la factura por tan dulce noche de compañía íntima, y esta engorde los Presupuestos Generales del Estado. Si la Merkel se da cuenta de que gastamos policías por encima de nuestras posibilidades, olvídate de invadir Polonia. Ni el Congreso. Ni nada.