Opinion · Rosas y espinas

Juan Carlos Borbón, un particular

reyVaga nuestro rey honorífico cariacontecido estos días por Zarzuela, pues, a la par de haberle despojado del título de Grande de la Campechanía, andan algunos malos españoles poniéndole querellas en los juzgados y zancadillas en las muletas. La primera: un par de hermanos, que comparten ADN paterno pero no materno, aseguran que Juan Carlos es su papá. Yo no sé si llevará o no razón esta pareja, pero lo que está claro es que no tienen muy alta su autoestima: nadie con un mínimo de orgullo histórico puede desear que se le reconozca, genealógicamente, como Borbón.
Pilar_UrbanoDe la segunda, que dirimirá la Audiencia Nacional en julio, tienen la culpa Pilar Urbano y su macro reportaje La gran desmemoria. Un abogado está empeñado en que la investigación de Urbano para el libro consta de elementos suficientes para sospechar que don Juan Carlos Borbón (un particular) tuvo que ver con la trama civil del 23-F, y la Audiencia Nacional decidirá si estima o desestima el rechazo a la causa el próximo mes de julio.
Un lío y un horror. No es para permanecer despreocupado. Imagínese usted que acaba de abdicar, y de repente se le vienen todos estos problemas encima. Anda el hombre deshojando la margarita de si van a ir contra él por lo civil, por lo penal, o por lo viceversa.
La situación de nuestro ex rey es tan molesta para él como para el resto de sus hoy conciudadanos, que nunca nos vamos a acostumbrar a que hombre tan distinguido nos sea un igual ni siquiera a los ojos de la justicia. No lo permita dios.
letiAterradas están mis ex novias ante la posibilidad de encontrarse una mañana al señor Juan Carlos Borbón (un particular) comprando cerveza o papel de liar en un chino.
–¿Qué hacer en tal circunstancia? –me preguntan atribuladas–. ¿Inclinarnos cual geishas tal hace la Letizia o decirle, simplemente, buenos días Majestad?
La pregunta, cuya respuesta de una forma u otra me demandan millardos de lectores y lectoras, no deja de tener su aquel. Tras tantos años de vasallaje, ni yo mismo, desde este consultorio casi heráldico, me atrevo a pronunciarme sobre la actitud más oportuna.
Inclinarse, al ser don Juan Carlos ya un particular, puede ser interpretado como invitación al apareamiento, y no solo resultará un tanto vulgar sino que, además, no está el bollo para hornos. Y te pueden incluir en el PIB junto a las drogas. Que daría que hablar.
Buenos días Majestad puede sonar campechano, mas en puridad es incorrecto. La expresión correcta sería: «Buenos días, ex Majestad». Y decir algo así, en nuestros salones o en la cola del chino, sería como haberle chuleado a don Juan Carlos una corona por un prefijo. No creo que lo entendiera, y seguramente este tratamiento le dolería, al venir de su amado y cercano pueblo.
Quedarse indiferente en un encuentro casual con el señor Juan Carlos Borbón (un particular) tampoco resulta apropiado, pues se da por supuesto que nosotros somos plebe y el particular es algo más que Historia. Sería arrogante y muy criticado en las peluquerías.
Algunos monárquicos extremistas sostienen que, de encontrarse hoy cualquier ciudadano con el señor Juan Carlos Borbón convertido en un igual, lo ideal sería imitar el bramar del elefante en la selva para despertarle gratos recuerdos. Pero ellos mismos reconocen que no todos los vasallos estamos capacitados para bramar académicamente. El equipo de laboratorio del doctor F. Marhuenda lo ha confirmado tras numerosos y disparatados empirismos.
Como norma protocolaria, este consultorio propone aguardar a la acción de la justicia para ver cuál es el trato que le dan nuestros jueces al señor don Juan Carlos Borbón (el particular), y tomar ejemplo. Un servidor recomienda que, durante la espera, que por desgracia puede no ser corta, vayan ensayando genuflexiones, que son muy sanas para el corazón. Y, antes de acostarse, recen un padrenuestro y recuerden que la justicia española es igual para todos.