Rosas y espinas

Lo que nunca digo

El PSOE, con morritos de Podemos, no despenalizará las llamadas "injurias a la corona" ni los denominados "ultrajes a España". Yo creo que nuestro Código Penal también debería de contemplar como delito cagarse en la madre de uno, jurar por Snoopy o llamarle Moños El Coletas. Incluso se podría penalizar con cadena perpetua eléctrica no revisable en el garrote vil a aquellos contables ultramillonarios que se atreven a llamar M. Rajoy al intachable Mariano Rajoy. Y es que, en la España democrática y en las otras (tan parecidas), siempre nos ha parecido más elegante condenar palabras que delitos.

El delito de ofensa, que no existe en otros países más leídos y por tanto más incultos, habría de extenderse a todos los ámbitos para preservar el bienestar de nuestros jueces y de nuestros denostados fachas. Incluso yo añadiría el delito de mirada, o sea, que si alguien considera que otro le ha mirado mal, también pueda denunciarlo.

Hay mogollón de delitos que se echan en falta en nuestro código penal, por mucho que nos permita encarcelar a titiriteros o inhabilitar  presidentes por poner lacitos amarillos en el balcón. A mí y a Rodrigo Rato (en libertad) es que nos pide el cuerpo meter a más gente en la cárcel por más cosas, y España se vuelve inhabitable si dejamos que la peña rojelia susurre que los borbones son unos ladrones, aunque lo sean. No dejes que la verdad irrumpa en tu libertad de expresión, pues podrías estropear las dos cosas.

Esto de las injurias a la corona o a la patria nos permite además renunciar a toda nuestra tradición literaria, con lo que podríamos censurar desde Quevedo a Alexis Ravelo. Las librerías y las bibliotecas, como Mauthausen, se convertirían en lugares de culto donde miles de ovejunos demócratas podríamos ir a contemplar el horror.

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

No me digáis que no os ofende. A mí se me acaban de convertir en ceniza la pulserita rojigualda y el retrato de Franco que coloco en la mesilla cuando me dispongo a gozar de relaciones más o menos sexuales.

Reivindico mi derecho a sentirme ofendido por muchos asuntos que no se reflejan en nuestro código penal.  A saber. El hecho de que a Manolo Escobar no le gustara que a los toros llevaras la minifalda es sentimiento muy español y que debería legislarse, no quedarse solo en el folklore. A los toros no se lleva minifalda, y menos si dices con minifalda, y en los toros, que los borbones son unos ladrones, aunque lo sean. Todas estas actitudes no pueden quedar impunes, cual monarca, porque hieren la sensibilidad de muchas personas, de cantidad de delicados seres iletrados, de toda nuestra bendita fascistocracia.

Nuestro régimen ha de proteger a los ofensibles y castigar a los ofensores, pues no es civilizado que se le llame ladrón a Eme Punto o a Efe Ge aunque hayan robado. Una cosa es haber robado, que es pecadillo leve, y otra cosa es que lo denuncies, que es delito capital con condena eterna ante la chimenea de Pedro Botero.

Yo considero, como experto, que también se deberían legislar delito ciertos olores que me ofenden. Como el olor a incienso. ¿Qué diferencia hay entre el incienso y las palabras? Que el olor a incienso dura más. Y ningún juez parece reparar en lo perdurable y maligno que puede resultar este impenetrable olor a incienso que destila nuestro código penal.

El PSOE hace bien en mantener como grave delito el decir que los borbones son unos ladrones, aunque lo sean. Por eso yo, que soy muy respetuoso con las leyes, nunca lo digo.