Opinion · Palabra de artivista

Monedero, Podemos no quiere intelectuales

Podemos no quiere intelectuales, no son bienvenidos. Al menos ese es el mensaje que ha quedado claro tras la cínica rueda de prensa exprés que Pablo Iglesias ha montado para anunciar la dimisión de Monedero. Ni eso han dejado hacer al «disidente»: anunciar su dimisión. Que haya sido el mesías de Podemos el que haya hecho ese anuncio en lugar del propio interesado no dice mucho sobre la pluralidad del partido.

«Nuestra organización se quedaba estrecha para Juan Carlos. Juan Carlos no es un hombre de partido. Juan Carlos es un intelectual que necesita volar”, ha dicho literalmente Pablo Iglesias. Ergo: los intelectuales no tienen cabida en Podemos. Dicho de otro modo: Podemos quiere borregos que no piensen demasiado por si mismos y acepten las consignas sin rechistar. No hace falta hilar mucho para llegar a esa conclusión. Pero ya en los continuos dedazos, los boicots a listas disidentes, los cambiazos de candidatos en viajes relámpago de Pablo Iglesias, las expulsiones inexplicables, el forzar a disolverse a partidos –Izquierda Anticapitalista– utilizados para saltar a la arena política  para que no hagan sombra al férreo liderazgo, Podemos ha demostrado no ser el partido más democrático del espectro. A pesar de sus eternas asambleas, listas abiertas (que de repente se vuelven plancha y se benefician de estrategias sucias que las imponen) y marketing obamero que quiere vender una pluralidad y democracias ausentes.

En estos meses he recibido numerosas llamadas de ayuda desde dentro de Podemos denunciando la falta de democracia y la manipulación de candidatos y cúpulas. Son muchos los amigos decepcionados con un proyecto al que dieron mucho y que ha acabado dirigido con disciplina férrea hacia la jerarquía insalvable. Lo que el podemita declarado Juan Carlos Barba anuncia en su Pasaste la línea roja, Pablo. Por qué dejo de colaborar con Podemos.

Algo de esto es lo que Monedero denunció en esa entrevista que precipitó la ruptura. Incluso llamó casta a Podemos… ¿ahora te das cuenta, querido Monedero? Siempre he mantenido que no hay mayor casta que la de la Académia. Esa que se forja en despachos, pasillos y lameculerío general de catedráticos que permitan a los trepas de turno ascender hasta la cúpula. Esa que con tal de recibir una beca le dan la mano al Borbón. Esos que se callan tanto mientras van subiendo (el que denuncia, lucha y presenta una alternativa es sometido a un cínico ostracismo demoledor, ese que ahora vemos reproducir a Pablo Iglesias).

Pero volvamos a este insultante silogismo:

Monedero es un intelectual
Monedero no encaja en Podemos
Los intelectuales no encajan en Podemos

¿Qué dice eso de los miles de militantes del partido que repiten como loros los retorcidos discursos de la cúpula Complutense? Muy poco, la verdad. Pablo Iglesias los ha dejado a la altura de un ejército de nopensantes. Ese discurso está muy de acorde con el simplón discurso que los jerarcas universitarios vienen imponiendo a la organización. Lemas casi de marketing de detergente: casta, ilusión, cambio, felicidad, nuevo, viejo…

Es profundamente irónico que el Partido y su mesías desprecien a los intelectuales cuando ha sido ese halo de intelectuales, politólogos, pensadores el que han utilizado para legitimar su irrupción en el sistema. Nosotros somos mejores porque somos profesores, politólogos, intelectuales, se han hartado de repetir Pablo, Juan Carlos, Alegre, Bescansa, Errejón en las tertulias a las que acudían a dar juego a la derecha.

El desdén hacia Monedero por ser «un intelectual que debe volar libre» es casi un acto de karma instantáneo tras el desprecio de Monedero a los artistas que según él debemos dedicarnos a nuestro arte y dejar la política en manos de los expertos. Como le dije en un tuit (que amablemente contestó), ¿qué es lo que no ha entendido del concepto de hegemonía de su tan amado (y paseado) Gramsci?

Yo he tenido mis más y mis menos con Monedero, pero he de decir en honor a la verdad que es el único jerarca de Podemos al que me he encontrado en protestas en la calle. En la manifestación de los afectados por la hepatitis C, más concretamente. Y eso es mucho decir, porque yo a Pablo Iglesias lo conocí en un acto de apoyo a las Valientas de la Complutense que denunciaron las capillas en el campus y no lo volví a ver en un solo acto en la calle (la última vez que nos encontramos fue en la Fiesta del PCE durante la actuación de los Chikos del Maiz). De repente, empecé a verle renunciar a esa reivindicación que, como otras, se había apropiado para conseguir atraer los focos (una denuncia de la asociación rqtr que se quejaba de que «todas las que han hecho la acción en la capilla de la Complutense son bolleras y este tipo salido de la nada se ha apropiado de la acción e invisibilizado el aspecto LGTB y feminista de las protagonistas para hacerlo algo abstracto de izquierdas y que él representa», me explicaban las chicas de rqtr. Luego le veríamos especializarse en estas maniobras). Incluso le escuché pedir «respeto» hacia los templos y lugares de culto a raíz de una acción de las Femen que él repudió (mi mandíbula en el suelo). Era el principio del camino a la socialdemocracia moderada.

Lo que más me preocupa de todo este engendro es intuir qué ha llevado a Pablo Iglesias a desvirtuar lo acordado hasta dejar fuera a Monedero (y a muchas y muchos). Me preocupan esas reuniones en EEUU con los popes del capitalismo que —como ya hicieran con Zapatero— a la vuelta de ese viaje programador te habían ya convertido en otro, muy moderado, muy traidor de las causas de izquierdas (en una charla se negó a apoyar las propuestas de Tsipras de reducir un 50% la deuda públicamente), muy palmero del capitalismo. Me preocupan esas reuniones con el embajador de EEUU, que casi ni se han mencionado en los medios, en las que os hacíais tan amigos. Me preocupa, en definitiva, que estés reviviendo el fatal proceso de Felipe González que ahora ya sabemos que fue una creación de la CIA. ¿Qué te han prometido para que estés traicionando hasta los objetivos más básicos?

Para terminar, maravillarme ante el cruce de artículos de amor entre los dos magnates de Podemos. Todas estas proclamas de amistad dicen lo peor de ambos. Dejan claro que nadie quiere manchar la marca de la que saca muchos beneficios. Ni Monedero la de asesor a estados e instituciones que debería caérsele la cara de vergüenza de  ni mencionar (como el BCE) y Pablo su carrera de nuevo peón del sistema. Nadie quiere amenazar un sistema que les ha recibido con los brazos (y los platós de televisión) abiertos. Y mucho menos delatar su mascarada de rebeldes antisistemas que tanto vende. Es lo que ocurre cuando se entiende La rebeldía como negocio.