Mi televisión y otros animales

Apología de la MQMF

Hace tiempo que las actrices de más de 30 años se quejan (con bastante razón) de los pocos papeles que Hollywood les reserva. Es un dato especialmente doloroso para las especialistas en comedia romántica, que viven un parón laboral desde el momento en el que dejan de poder ser las protagonistas, según los estándares conocidos, hasta que pueden hacer de madres de las mismas. En España estos datos no son del todo correctos por culpa de Ana Obregón.

Este grupo de intérpretes ha podido, afortunadamente, encontrar una forma de refugio en la televisión. Series como Damages han reivindicado la calidad interpretativa de actrices como Glenn Close. Pero no basta. El punto de la campaña de otoño de las comedias americanas es que además de ser buenas artistas, las mujeres en torno a la cuarentena también pueden ser tías buenas. Y perdonen que me repita, pero, Ana Obregón, hemos dicho la cuarentena. Como valor numeral, no en sentido médico.

Courtney Cox en Cougar Town

"¿Una serie demasiado feminista para gustar a los hombres? ¡Toma ya!" (Foto: Abc.com)

Ya hablamos de Accidentaly on purpose, pero el gran estreno en este sentido ha sido Cougar town, la nueva comedia de Courtney Cox. El título dice mucho: cougar, cuya traducción literal es "puma", en jerga define a la mujer mayor que liga con jovencitos. Me niego a acabar tres párrafos seguidos con chistes sobre el mismo personaje público.

Aunque ya he leído por ahí el término "dramedia", Cougar town es una comedia, pero no una de situación con de metralleta de chistes, sino de personajes. Cox es una mujer recién divorciada de un gañán, con un hijo resignado a la locura de sus padres y dos amigas: la mayor que representa la estabilidad matrimonial, y la joven que la arrastra a cometer locuras. Como es de esperar, la casada también la empuja, para vivir en modo cotilleo las locuras que no puede protagonizar.

Como ocurre en todos los pilotos, salvo el pobre Alonso este año, el primer episodio de Cougar town tiene demasiada prisa. Hay que plantear demasiados personajes y relaciones en muy poco tiempo, con lo que algunas de estas cosas se quedan en un esbozo infantil. De la protagonista me quedo con su necesidad de verbalizar todo lo que piensa en cada momento, algo que puede dar lugar a gloriosos diálogos ("eres muy negro", le suelta a un gorila de puerta en el primer episodio). Por otra parte, arrastra muchos de los ohdiosmios y neuras de la Mónica de Friends; esos que daban muchas ganas de estrangularla al final de la serie.

El conjunto resulta entretenido en conjunto y muy divertido por momentos. Hay mucho potencial, aunque hay elevadas posibilidades de caer en tópicos como la tensión sexual no resuelta con el vecino buenorro o ridiculizar demasiado al ex gañán, algo que, de rebote, genera incoherencias en el personaje protagonista.

Muchos me secundarán en darle una oportunidad a esta comedia, aunque sólo sea porque, efectivamente, Courtney Cox a sus 45 añazos se ha ganado el calificativo de MQMF. Permanezcan atentos a su twitter amigo para ver cómo sigue la cosa.

Y ya perdonarán, pero soy demasiado mojigato para explicar lo que significa MQMF a los no iniciados. Jamás podría escribir una frase con las palabras "madre" y "follaría" tan cerca.