Generación d.F. (de ful)

Hay veces en las que me alegro de ser joven. Al día siguiente del estreno en Antena 3 de Generación d.F. es una de esas ocasiones. Porque si yo perteneciera a la quinta supuestamente retratada y pensara que esa es la imagen que el mundo tiene de mí, me encerraría a ver capítulos de Las chicas Gilmore hasta que la diabetes acabara conmigo.

El problema de esta serie se resume en que no se la creen ni los que la hacen. A estas alturas y con el público al que se le supone dirigida, si tienen que poner risas de lata es que no confían en que sepamos dónde hay que reírse. Y oigan, ese es el mayor acierto de la serie. ¿Y si quitamos los efectos y la vendemos con una sátira descarnada? Yo sugiero constructivamente, luego no se me quejen.

La producción da un acabado tan cutrón a la serie, tan de salir del paso que tampoco suma puntos a su favor. Lo mismo que la forma en que está programada. Vale, late night porque ahora nos liamos a poner series a esa hora, que nos sobra el dinero. Pero ¿más de una hora de programa? Entonces ¿para qué se molesta el pobre equipo creativo en hacer píldoras cortas? ¿O se trata de dar salida al stock antes de que se nos caduque?

Generación d. F.

Cara de flipe porque tiene un Mazinger Z detrás o porque en ocasiones oye risas de lata 

Todo esto me lleva a pensar en Qué vida más triste, otra serie de treintañeros despistados. Tampoco tienen muchos medios, pero los de Basauri suplen las carencias con imaginación y agudizando el ingenio, no con desidia y tirando de brocha gorda. Llevo desde que empecé a pensar en este post acordándome del capítulo de QVMT en el que Borja oye risas de lata a su alrededor.

En La Sexta, al contrario de la de Antena 3, no intentan ser un retrato generacional. A lo mejor es eso. Porque ya lo hicieron muy bien en el anuncio de coca-cola. ¡Así que ni serie, ni serio!