Opinion · Tomar partido

¿Por qué estuve en Frankfurt?

El pasado 17 y 18 de marzo se celebraron en Frankfurt unas jornadas de protesta contra la inauguración de la nueva sede del Banco Central Europeo y en solidaridad con el gobierno griego chantajeado por la Troika. Estas movilizaciones consistían en jornadas de debate, información y asambleas de coordinación europea, acompañadas de concentraciones pacíficas en las entradas al perímetro de seguridad levantado por la policía entornó a la nueva sede del BCE; por la tarde, se organizó un mitin internacional y una manifestación por el centro de la ciudad. Estas jornadas y movilizaciones estaban convocadas por la coalición «Ocuppy» que está formada por múltiples asociaciones, ONGs, partidos políticos y sindicatos de toda Europa. Como estoy convencido de que estos eventos son imprescindibles para visibilizar que hay una Europa solidaria y combativa, opuesta a la “oficial” de los recortes y la austeridad, he participado como miembro de una delegación del Grupo de la Izquierda Unitaria Europea (GUE) del parlamento Europeo, entre la que nos encontrábamos 8 eurodiputados de diferentes partidos y pueblos de Europa.

Hay fechas que imponen coincidencias caprichosas. Este pasado 18 de marzo, el mismo día del 144 aniversario de la Comuna de París, el BCE organizaba una pomposa fiesta para inaugurar su nueva sede en Frankfurt, que nos ha costado a todos nosotros algo más de 1300 millones. Parece que la famosa austeridad que promulgan es sólo para los que sufren de sus políticas económicas. Las torres que diseñarán las políticas del empobrecimiento son un magnífico ejemplo de la distancia entre las élites políticas y financieras, y la gente común que produce riqueza con su trabajo. Por eso me manifesté en Frankfurt: para denunciar sus políticas anti-democráticas y de recortes sociales que sólo benefician a una minoría mientras la mayoría pagamos sus «fiestas».

El BCE es uno de los principales culpables de las políticas austericidas, endeudamiento y recortes en Europa. El BCE es un institución anti-democrática que se ha convertido en un gobierno en la sombra, que decide sin haber sido elegidos por nadie cuanto puede ganar un profesor en Grecia o cuantos hospitales se privatizan en Madrid. Negocia la intervención en las economías, presiona a los gobiernos y dirige las misiones de la Troika para la vigilancia de los programas de ajuste estructural que empobrecen a millones de ciudadanos europeos.

En este sentido, una parte fundamental de la movilización de Frankfurt se orientó no sólo a criticar la nueva sede del BCE o sus políticas, sino también a mostrar nuestra solidaridad con el pueblo griego y el gobierno de Syriza, denunciando el chantaje del BCE para impedir su plan de rescate financiero. Un chantaje que tiene un fin concreto: transmitir la idea de que no haya alternativas políticas a la deudocracia que nos impone la UE y la Troika.

La fiesta de los banqueros estuvo protegida por 10000 efectivos de la policía que formaron un amplio perímetro de seguridad en torno a la sede del BCE. Los bloqueos contra la inauguración de este nuevo templo neoliberal estaban convocados desde la mañana del 18 de marzo, con el objetivo de dificultar pacíficamente el derroche ostentoso y obsceno del que hacen gala los liberal-burócratas de la UE. No puede ser que mientras Europa es devastada por las políticas de ajuste (eufemismo para hablar de destrucción de los servicios públicos y los derechos sociales), los responsables de la crisis celebren fiestas e inauguraciones con impunidad.

 

En las concentraciones  han participado algo más de 6000 activistas de diferentes países europeos, aunque en su mayoría alemanes., lo cual es un elemento muy positivo, ya que para el cambio en Europa es imprescindible que se organice dentro de Alemania una oposición a Merkel y a sus aliados del Partido Social-Demócrata. Las movilizaciones de la mañana se desarrollaron de forma pacífica en su mayoría, hasta que el enfrentamiento entre una parte de los manifestantes y la policía generó un caos de gas y carreras que frustraron las concentraciones pacíficas y se saldaron con 350 personas detenidas y muchas más heridas. Resulta significativo como Draghi y una parte de los medios de comunicación tengan mucho interés en que sólo se hablé de los enfrentamientos entre la policía y algunos manifestantes: quieren silenciar los motivos políticos del “blockuppy” y las críticas a las políticas del BCE. Por ejemplo, no tienen ningún interés en explicar el programa de compra masiva de activos financieros basura o la inyección de liquidez en los mercados financieros que ha aumentado espectacularmente los beneficios de los valores en bolsa de las grandes fortunas. Decisiones concretas de estos “señores” que, lejos de beneficiar a la ciudadanía europea, sólo están acrecentando aún más las desigualdades en Europa.

La movilización terminó con una manifestación por el centro de la ciudad en la que han participado más de 15000 personas y un gran mitin en la que he tenido el orgullo de hablar, juntó a compañeras como Naomi Klein o el humorista antirracista Urban Priol.

El apoyo a las gentes del Sur de Europa desde uno de los centros de la gobernanza neoliberal que hemos vivido estos días me hace ser optimista. Grecia es el primer paso para el cambio en Europa, pues más allá de las Merkel y de los Hollande, se está gestando una Europa diferente a la de los mercaderes, una Europa de los pueblos y de la solidaridad. La esperanza que he sentido en Frankfurt estos días me recuerda que los y las de abajo estamos conectados, seamos del país que seamos, porque tenemos los mismos problemas, pero también los mismos sueños. Este próximo 21M, con la vuelta de las “Marchas de la dignidad”, lo volveremos a demostrar en la calles de Madrid.