Opinion · Tomar partido

Historia de dos ciudades

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la insensatez, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la luz, era la estación de la oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación.” (fragmento de Historia de dos ciudades)

 

En las últimas elecciones a la alcaldía de Nueva York, Bill De Blasio hizo una campaña electoral muy original, en torno al cuento de Dickens “Historia de dos ciudades”. Los publicistas del Partido Demócrata fueron capaces de detectar la gran plaga que asola a las metrópolis en el siglo XXI: la desigualdad. En cada espacio urbano conviven dos ciudades, dos tipos de ciudadanos que rara vez comen en los mismos restaurantes, que no van a los mismos hospitales y escuelas, que no tienen las mismas preocupaciones: una minoría de ricos, cada vez más enriquecidos y una mayoría que genera riqueza con su trabajo, cada vez más empobrecidos por mucho que tengan que trabajar cada vez más. Una de las tesis más importantes de Marx era que la sociedad es un producto de las relaciones humanas; llamaba a ese proceso de descubrimiento de las causas de los hechos “desreificación”. Nuestra primera tarea ante las próximas elecciones municipales es “desreificar” esa “historia de las dos ciudades”. ¿Quiénes son los personajes que sufren y quiénes los que se benefician de esta situación? ¿Quiénes son los autores de las desigualdades que se viven en Madrid?

 

Por un lado, tenemos a una capa minoritaria de la población, a la que representa y por la que gobierna el Partido Popular, que ha utilizado al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid como su cortijo, un espacio donde la corrupción no sólo ha sido una forma de gobierno, sino también una forma de repartir la riqueza socialmente generada entre cuatro amigos. Un auténtico bloque de poder se ha conformado sobre este modelo de gestión, una alianza entre empresarios y políticos, organizada en torno a una serie de conceptos clave: especulación inmobiliaria, privatización sanitaria, decenas de miles de parados, empleo precario y utilización de los derechos comunes para enriquecerse. Una alianza entre minorías con muchos votos, pero que el 15M comienzo a desquebrajar, forjando una alianza social de nuevo tipo: una alianza de los cualquiera, entre iguales, ciudadanos y ciudadanas, entre vecinos y vecinas.

 

No es casualidad. Ante cada imposición, ante cada ataque desde arriba, surgen nuevas formas de resistencia, nuevas formas de paliar esa desigualdad. Los de abajo no son un sujeto pasivo, no son simples electores a los que se les oferta un producto, son agentes que crean sus propios instrumentos para vivir mejor. En Madrid hemos tenido muchos ejemplos de ello: la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, los centros sociales como “La Villana”, pero también movimientos sociales menos visibles pero constantes, como las parroquias que organizan pequeñas solidaridades barriales, los comedores sociales, las Asociaciones de Vecinos o los espacios en defensa de las inmigrantes.

 

Frente a su modelo depredador, la democracia surge de los barrios, construida por toda esa gente que no se resigna, que ha hecho un esfuerzo tremendo los últimos años para paliar los resultados concretos del neoliberalismo. Ese “otro Madrid”, muchas veces invisibilizado, ha tejido un relato en donde la cooperación sustituye a la competencia, reconstruyendo comunidad donde las políticas del PP sólo dejaban devastación. ¿Es esto suficiente? Digamos que simplemente es imprescindible, pero que hace falta dar un paso más, fortaleciendo los elementos de solidaridad popular que hemos venido instituyendo. Ganar las elecciones, no permitir que la “Dama de la Pobreza” y la “Marquesa de la Corrupción” Esperanza Aguirre se instale en Ayuntamiento de Madrid, es el primer paso para seguir alimentando esas “formas de ayuda mutua” que se han venido experimentando en los barrios. Al fin y al cabo, institucionalizar otra forma de hacer política: si el PP entiende la política y las instituciones como un ejercicio de enriquecimiento privado, nuestro planteamiento va en sentido contrario. Queremos que la historia de Madrid deje de ser la “historia de dos ciudades” para convertirse en la historia de muchas vidas dignas, con derechos y seguridades.

 

Por eso voy a apoyar a la lista de “Madrid en Movimiento” a las primarias de Ahora Madrid, sin, por supuesto, desmerecer que hay gente muy valiosa en las otras listas. Una lista donde han confluido promotores de Podemos y de Ganemos, lo cual nos recuerda que, aunque a veces desde vías diferentes, somos muchos y muchas los que estamos construyendo algo nuevo. Creo que la tarea de las candidaturas de Unidad Popular no es llevar a las instituciones a políticos profesionales, sino a toda esa gente que ha hecho que, a pesar del PP y de sus amigos, Madrid sea una ciudad en la que merezca la pena vivir. Gente como Toni Garcia, uno de los fundadores del Patio Maravillas y parte del grupo promotor de Podemos o Rommy Arce, que ha defendido la necesidad de que Podemos se implique en los barrios. Y encabezada por Pablo Carmona, un activista de los que hacen ciudad, vinculado al “Observatorio Metropolitano”, a la PAH de Vallecas, que ha sido portavoz e impulsor de Ganemos. Personas imprescindibles para llevar esa solidaridad, ese compromiso con la gente, a las instituciones. Estoy seguro de que no permitiremos que Esperanza Aguirre siga narrando el relato de nuestra ciudad. Las bases del cambio las hemos construido durante muchos años: ahora toca cambiarlo todo.

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[i] . Uso los términos “enriquecido/empobrecido” para resaltar una idea: que esta situación no es producto de circunstancias “naturales”, sino de políticas concretas