Trabajar cansa

De Juana y el espectáculo del mal

Malos hay muchos. Pero que además de serlo, lo parezcan, ya son menos. De vez en cuando nos encontramos con uno: feo, de gesto torvo, mirada endemoniada, rasgos patibularios. Que además de serlo y parecerlo, se comporte como tal, es menos habitual: que se muestre impasible ante el dolor, se ría del sufrimiento, gesticule con chulería, haga comentarios crueles. Pocos malos están a la altura, pocos alcanzan esa perfección icónica. 

Un malo con cara de malo tiene el mismo valor añadido que un bueno con cara de bueno, o que un corrupto con cara de corrupto: adquieren calidad de símbolo. Ahí tenemos, por ejemplo, a Carlos Fabra. No es más corrupto que otros, incluso menos que algunos, pero nos fijamos más en él porque además tiene pinta de corrupto, con esas gafas ahumadas que nos parecen mafiosas aunque en realidad las use por algún problema visual.

 Iñaki De Juana es malo, qué duda cabe. Pero además lo percibimos como un malo de manual: tiene pinta de malo, y se comporta como tal. La selección informativa refuerza esa imagen perversa. Supongo que habrá fotos en las que aparezca con gesto anodino, pero ésas no interesan: sólo queremos verlo con la mirada agresiva, la boca torcida en desprecio o la sonrisa amenazadora. Además, nos sabemos de memoria todos los detalles ejemplares de su comportamiento incontinente: se relame cuando unos niños quedan huérfanos por un atentado, pide champán para celebrar los asesinatos, presume de sus hazañas criminales.

Que haya matado a veinticinco personas ya debería bastar. Pero no es suficiente. El mal también tiene la posibilidad de su espectáculo, y preferimos al malo arquetípico, el monstruo, como si esos atributos tuviesen una utilidad conceptual, cuando en realidad es una simplificación que se arriesga a la caricatura. Tal vez nos consuela pensar que el mal es así, reconocible a simple vista, y el malo es identificable, no puede pasar desapercibido, sólo le queda el recurso al disfraz: ponerse corbata en el juicio o dejarse una barba venerable como ese otro malo de opereta que es Karadzic.