Trabajar cansa

El Arte de la Guerra (empresarial)

"Si hay que reducir capacidad nuestra misión es que se cierren las menos productivas, y la española la última" -Miguel Sebastián, ministro de Industria-  

                    

No es ninguna novedad la aplicación de estrategias militares en la gestión empresarial. Hace tiempo que los clásicos tratados sobre el arte de la guerra fueron reescritos por toda esa literatura de management que solemos tomarnos a broma. Fíjense si no en lo de Opel, donde los nuevos dueños aplican el viejo "divide y vencerás" para ganar la guerra sin pegar un tiro.

Llegó Magna y sólo enseñó la patita, para meter miedo: anunció 11.000 despidos, a repartir por todas las plantas de Opel. Y con sólo ese anuncio los defensores de la fortaleza huyeron en desbandada o, peor aún, empezaron a pelear entre ellos para salvar el pellejo.

Ahí está la Unión Europea, cuyo proyecto común se viene abajo cuando más falta hace. En vez de buscar una postura conjunta -pues el plan de reestructuración afecta a varios países-, cada uno tira de su esquina de la manta enarbolando el interés nacional, hasta quedar todos con el culo al aire. Empezó Merkel, que acordó la venta en condiciones supuestamente favorables para Alemania –que ni aún así se librará de 4.000 despidos- y prometió ayudas multimillonarias. A partir de ahí se abre la subasta, a ver qué gobierno pone más dinero en la mesa para evitar el cierre de sus plantas.

Si así están los generales, se entiende que en la tropa cunda el desánimo: los sindicatos tampoco consiguen una postura unitaria, no digo ya europea, sino en cada fábrica, y mientras unos llaman a la movilización, otros hacen piña con sus gobiernos y piden que cierren las de otros países, no la suya. Los dueños de la empresa, mientras, esperan en su tienda de campaña a que el terreno esté despejado para el paseo triunfal. Eso nos pasa por no leer a Sun Tzu.