Opinion · Un paso al frente

España y Catalunya

Uno de los grandes retos es conseguir que votar sea una actividad cotidiana. Existe pánico y terror a permitir que los ciudadanos participen y decidan. Eso que llaman referéndum suena un poco a ciencia ficción y si este es vinculante se enmarca dentro de lo paranormal.

Hay conceptos como nación, bandera, fronteras o himno que se tratan como inamovibles e inmemoriales. Resulta que no lo son. Más de uno piensa que fuesen obra de Dios pero el tiempo histórico descubre la realidad y el geológico reduce la discusión a la nada. Ni el nombre, ni los límites, ni la enseña, ni los acordes, ni tampoco la propia Península Ibérica son inamovibles ni inmemoriales. Ni siquiera la Tierra y, menos aún, el ser humano.

En este contexto, siendo honestos con nosotros mismos, deberíamos admitir que la patria somos nosotros, la nación nuestro relieve, la bandera nuestro clima y el himno nuestra cultura y nuestra historia. Y ni aun así hablaríamos de inamovibles e inmemoriales.

Me temo que no se vota en Catalunya porque existe un peligro que no es la fractura ni la secesión. El verdadero riesgo, lo que genera vértigo, es la resolución del problema. Al día siguiente el PP sería menos PP y el PSOE menos PSOE, y todos aquellos que se esconden tras Catalunya quedarían desnudos. Hay algo todavía más terrorífico en todo este asunto de votar: que se convierta en costumbre.

Si hubiésemos votado, Catalunya habría dejado de estar en los diarios. Seguiríamos juntos o no, pero no habría cuestión.

Las posibilidades reales

En mi opinión, hay dos posibilidades reales de resolver la situación: votar y/o proponer un nuevo espacio de convivencia. Lo primero seguro resuelve la cuestión para bien o para mal (aunque no quede muy claro que es lo uno y que es lo otro) y, muy probablemente, lo segundo también.

El nuevo espacio es fácil de definir y de dibujar. Un territorio en el que España, o como lo llamemos, no sea Castilla, ni una, ni grande, ni libre. Un país deja de ser un país el día que cede competencias en educación y, mucho antes, el día que olvida lo que es. Nosotros somos diversidad y mucha, y parece que lo hemos olvidado.

Hagamos de nuestra diversidad una fortaleza y no una debilidad. Exijamos una educación única, pero no entendiendo ello como una educación castellana, sino plural: vasca, catalana, gallega, valenciana, canaria,… Aprendamos en todos los lugares y rincones catalán y gallego y castellano y euskera… Y presumamos de ello, de lo nuestro…

No podemos pretender que un catalán, un gallego o un vasco se sientan españoles si en su propio país los demás desconocen su lengua, su literatura o su historia.

¿Por qué no me han enseñado su lengua, su historia, su geografía, su cultura, su literatura…? ¡Qué es mía también! Me han privado de algo que también debería ser mío, como lo catalán, lo gallego, lo vasco, lo valenciano… y a día de hoy me parecen realidades ajenas.

Sin embargo, las opciones que parecen manejar nuestros gobernantes son repetir la constitución como si fuera un libro sagrado, encarcelar al que se separe un milímetro de él y, como dijo Morenés, si no se cumplen las leyes someter por la fuerza.

Aunque no fuese demócrata, pensando desde un punto de vista práctico, lo cierto es que ninguna de las anteriores son opciones reales de resolver la cuestión. Catalunya no se puede resolver al estilo del siglo XVIII, ya no funciona. Por si fuera poco, lo que nos ha enseñado la historia es que las soluciones adoptadas en el pasado no han resuelto la situación, porque de lo contrario no existiría ahora mismo.

El gran problema

Pase lo que pase con Catalunya, no debemos olvidar que llevamos más de tres siglos de terrible decadencia. Admitámoslo. España ha muerto y lo hizo hace mucho tiempo, ahora solo caminamos desorientados y malheridos.

Cambiemos nuestras formas de gobierno, separemos los poderes, terminemos con la corrupción, transformemos la educación y la cultura, aprendamos la historia y de la historia… Hagamos una España nueva y si tiene que ser con otra bandera, otro himno y tal vez otros límites, bienvenidos sean. Si puede ser que sean completamente nuevos, que no nos recuerden a nada, que no excluyan a nadie, que ilusionen a todos. ¡Hagámoslo! Pero si siguen siendo los mismos, ¡qué más da!

Lo importante es una España de los españoles en la que se vote todo, para todo y por todo. Necesitamos una España en la que todos participemos y en la que los ciudadanos pongan y quiten a su antojo a gobernantes, políticos, reyes, jueces, ministros… Hasta las leyes deben poder ser propuestas por los ciudadanos o vetadas por ellos. Por nosotros.

Partidos políticos de golpistas, antidemócratas, corruptos y mediocres

En el PSOE ahora mismo se vive el golpismo en cada escena y en el PP las luchas de poder de una formación prácticamente criminal. En uno y otro caso, se trata de mediocres de poltrona que harían lo que fuera por gobernar, hasta usar la democracia para ello después de haberla apuñalado sin piedad como en el caso de Pedro Sánchez. Todo vale.

Si nuestros partidos son golpistas, parecen organizaciones criminales, carecen de valores democráticos y nuestros gobernantes se distinguen por la mediocridad, ¿cómo podemos esperar que nuestro país sea progrese?

La verdadera fuerza de una nación es el progreso, la ilusión y la libertad. España lleva más de trescientos años haciéndose pequeña y se hace pequeña por la mezquindad de nuestros gobernantes que nos perjudican a muchos para beneficiar a unos pocos. Ello ocurre mientras los españoles seguimos ciegamente banderas y defendemos patrias hasta el desastre. Lo hacemos generación tras generación, una y otra vez.

Hasta ahora siempre nos han dicho que los ciudadanos somos turba y que nuestras decisiones son peligrosas, que deben ser unos pocos elegidos los que decidan. Sin embargo, ¿cuántos fracasos han protagonizado nuestros gobiernos y a cuántos desastres nos han llevado nuestros ejércitos en estos siglos?

Cambiemos España

Puede que no todos, pero votar de forma cotidiana resolverá muchos problemas. Es un ejercicio tan saludable que después de haberlo hecho habremos curado heridas y legitimado decisiones, especialmente las que no compartimos. Es más, lo de votar nos permite construir un país y cambiarlo cuando ya no nos guste, nos permite viajar al norte y después al sur. Nos da una libertad que aterra a esos poderosos que nos atarían al inmovilismo como nos quisieron encadenar a las tierras y a las fábricas y ahora a la Constitución, esa que no hace tanto pretendieron derribar. La democracia tiene un poder que todavía no conocemos, una fuerza que difícilmente puede ser combatida. Tiene la razón de su parte.

Es muy probable que entonces descubramos que la bandera, el himno o las fronteras son lo de menos, que lo que nos desangra en realidad es el gobierno, los corruptos que enarbolan los colores, los banqueros que tararean el himno o los políticos que se pelean por las fronteras.

Nuestra España somos nosotros. Nuestra bandera es nuestra diversidad; nuestro himno es nuestra cultura, nuestra educación y nuestra historia; nuestras fronteras son los ríos, y el Mediterráneo, y el Atlántico, y las montañas… Todo lo demás lo podemos y lo debemos cambiar cuando queramos, solo necesitamos querer hacerlo.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de las novelas «Código rojo» (2015) y «Un paso al frente» (2014).

Puedes seguirme en Facebook y Twitter.

«Código rojo le echa huevos al asunto y no deja títere con cabeza. Se arriesga, proclamando la verdad a los cuatro vientos, haciendo que prevalezca, por una vez, algo tan denostado hoy en día como la libertad de expresión» («A golpe de letra» por Sergio Sancor). ¡CONSÍGUELA AQUÍ FIRMADA Y DEDICADA!

captura10