Opinion · Un paso al frente

Golpes de estado ‘a la carta’

Un redactor de TVE ha sido apartado de su cargo por negarse a firmar una información sobre Fernández Díaz. Noticia que ha pasado inadvertida gracias al incansable trabajo periodístico.

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La responsabilidad es de medios como El País, que el miércoles 14 de septiembre situaba en un lugar preferencial una noticia de la relevancia de la tortilla de Betanzos. No quiero decir que no esté rica, seguro que está para chuparse los dedos, tampoco quiero restar mérito a tan trascendente secreto para el futuro de la humanidad, pero… ¿Portada junto a Rita Barberá? Por lo que se ve los grandes medios de comunicación no saben sobre qué escribir con tal de no hacerlo de lo realmente importante. Entre intrascendencias y purgas…

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En estos momentos se libra una guerra de vital importancia para todos nosotros. Se trata de nuestra libertad. Algunos pensarán que se ganó el día que la censura fue derrotada, es lo que tiene creerse libre por la pantomima de los domingos electorales, pero la triste realidad es que luchamos para recuperarla, si es que alguna vez fue nuestra. Como ejemplo de esa guerra silenciosa podríamos apuntar al director de RTVE en Murcia y las grabaciones en las que se jacta de manipular la información: «Soy un cabrón y más que lo voy a ser«. No se enmarca en lo anecdótico, pues yo diría que el patio está lleno de cabrones.

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La vida profesional del reportero decente, porque el indecente terminará ganado cantidades obscenas, se ha ido al garete y, si siguen gobernando los mismos, su futuro dentro de TVE (o de cualquier otro medio) no parece muy esplendoroso. Ya se habla de cambios de turno, jornadas de fines de semana, etc. Un mobbing de manual. Sin embargo, mucho más allá de su batalla, desde luego muy loable, se encuentra nuestra guerra. Esa que no nos dejan ver, pero que tampoco queremos ver. Ese fastidio de guerra que nos puede privar de algún aperitivo o de nuestro programa favorito en televisión por acudir a una manifestación o informarnos sobre lo que sucede. Nuestra guerra, recuperar nuestra libertad, pasa de forma inexorable por los medios de comunicación, por no abandonar a este y a otros reporteros que antes que él iniciaron la protesta.

TVE es un espacio de infamia y de censura, es un reflejo de la Marca España, pero también es un espacio de lucha. Lo han intentado todo: protestas, sentadas e incluso han acudido a Bruselas. Lo cierto es que en la televisión pública se han rebasado todos los límites hasta el extremo de crear una redacción paralela para poder informar a la carta (del PP).

Los medios de comunicación actuales son los ejércitos de antaño, el brazo armado de los poderosos. Si ya no es necesario sostener un ejército lo suficientemente numeroso como para controlar el territorio y someter a la población, ello se debe a que esa función la realizan los medios de comunicación. El ejército del Régimen es una milicia de periodistas que trabajan de forma incansable para dos objetivos: narcotizarnos con una potente industria de ocio y desinformarnos para que no sepamos lo que acontece. Es decir, perfeccionan Matrix para que no seamos capaces de saber que vivimos conectados a ella. De eso se trata. Por tanto, resulta de vital importancia concienciarnos de estas guerras y lucharlas. TVE es nuestra, es pública, es de todos y tenemos que dar la batalla. No hay que desconectarse de ella. En muchos casos, al igual que con las Fuerzas Armadas, sucede que nos comportamos como si no existiera aquello que no nos gusta lo que es, lo que sirve o a quienes sirven: Ese es el mayor triunfo del sistema y también es nuestra mayor derrota.

Lo que tenemos que hacer es justo lo contrario. Hay muchos profesionales que están luchando por recuperar TVE y necesitan de nosotros, de todos nosotros, y merecen nuestra atención y la de los partidos políticos.

También sería bueno que los periodistas que se lucran en Antena 3, Telecinco, El País, La Ser, El Mundo, La Sexta o Cuatro, incluyendo los tres o cuatro programas que merecen la pena de estas dos últimas cadenas, se solidaricen con sus compañeros de profesión y que lo hagan más allá de una breve mención de la noticia. Aunque tenemos los medios de comunicación menos fiables de Europa, según un estudio de la Universidad de Oxford, nuestro país no conoce una manifestación masiva de periodistas. No debería ser así.

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Entiendo que todo esto les importe un carajo a Jorge Javier Vázquez, Ana Rosa Quintana, Susanna Grisso, Pablo Motos, Matias Prats, Bertín Osborne y una lista interminable de periodistas/presentadores que llenan sus bolsillos, programa tras programa. Para ellos lo único relevante es el espectáculo y para los que les pagan lo esencial es que este no termine; por eso les pagan tanto y por eso terminan viviendo como millonarios. Al final, salvo contadas excepciones, machacar o silenciar a un entrevistado a la vez que se permite el lucimiento de otro solo es cuestión de dinero.

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Sin embargo, a nosotros todo esto sí que nos tendría que importar porque las guerras actuales no se deciden en los cuarteles, sino en las redacciones. Ahí se dan los golpes de estado y se preparan las campañas mediáticas que siembran el terror y el miedo. ¿Alguien piensa que es casualidad que el PP y el PSOE, dos estercoleros de corrupción, sigan controlando el poder político? La casualidad son muchos millones de euros.

En fin, espero que ese reportero y sus compañeros, que se han jugado sus puestos de trabajo por mí y por todos nosotros, dentro de no mucho no se encuentren tan solos. El mundo no lo cambiaremos desde el sofá, no al menos viendo la televisión, no con la que hoy existe.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.

En la actualidad, mi principal fuente de ingresos son las ventas de Código rojo¡CONSÍGUELA AQUÍ FIRMADA Y DEDICADA!. «Código rojo le echa huevos al asunto y no deja títere con cabeza. Se arriesga, proclamando la verdad a los cuatro vientos, haciendo que prevalezca, por una vez, algo tan denostado hoy en día como la libertad de expresión» («A golpe de letra» por Sergio Sancor).

Tal vez te puedan interesar las novelas «Código rojo» (2015) y «Un paso al frente» (2014).

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