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Del sueño a la pesadilla en el 5º aniversario de la Revolución Egipcia

M. M y A. S

El quinto aniversario de la Revolución Egipcia ha estado marcado por un intenso operativo de seguridad en el centro de El Cairo, en los alrededores la plaza Tahrir; tan conocida por aquellas protestas que coronaron la revolución del 25 de enero de 2011 y de la que apenas quedan restos de sus muros graffiteados que fueron prácticamente demolidos hace cuatro meses en el área que limita con la calle de Mohamed Mahmoud; escenario de enfrentamientos entre revolucionarios y fuerzas de seguridad del Estado durante esa época.

Oficiales del estado de diferentes organismos han llevado a cabo varias inspecciones en diferentes espacios de arte contemporáneo; la Townhouse Gallery junto con el Teatro Rawabet que fueron cerrados el pasado mes de diciembre; el Centro de Artes Escénicas Emad Eddin, Merit  y Masr el Arabiya. Con ello se da a entender la incomodidad que representa el arte para las autoridades, puesto que este medio -a través de sus diferentes expresiones (literatura, música, graffiti, cine, etc)-  se convirtió en un auténtico catalizador de los cambios políticos y sociales que empezaron a tener lugar antes y después de la revolución del 25 de enero de 2011.

Igualmente, les preocupan los lugares donde suelen reunirse los jóvenes diariamente, focos de la proliferación de nuevas ideas, como por ejemplo, los cafés de Downtown, en los que se han detenido a varios activistas, así como las viviendas en los barrios aledaños de Munira y Garden City; muchas de las cuales han sido registrados en los últimos días, según confirmaban algunas fuentes a través de las redes sociales: ««¡Compañeros, la policía está registrando todos los apartamentos alrededor de Garden City y Mounira, tened cuidado!».

Tal es así que el día 14 de enero, nada más llegar al Aeropuerto Internacional de El Cairo, me quedé estupefacta cuando un amigo egipcio, A. S., me comunicó que dos amigos nuestros del grupo estaban en comisaría. La policía había irrumpido sin previo permiso en su domicilio de Downtown. Ese mismo día por la noche, A. S me contó lo que había pasado: «Me desperté y leí que una amiga había publicado en el Facebook que Ahmed Mohamed Hassan (Estakoza) y Husammadin Hamad (Sam) no contestaban a sus llamadas telefónicas«.

Poco más tarde escribió en su muro que ambos habían sido arrestados, junto con su compañero de piso Taher Mokhtar, y se los habían llevado a la comisaría de Abdeen. Nadie conocía el motivo de la detención ni el cargo que tenían. Nos juntamos algunos amigos y abogados en los alrededores de la comisaría. Esperamos. Cada vez que los abogados intentaban entrar, la policía les denegaba la entrada diciendo que la Seguridad Nacional del Estado les estaba interrogando, y siempre nos decían «dentro de una hora». La angustia y la ansiedad crecían en el ambiente y mi desesperación se acrecentaba. A las 12 de la noche y como última esperanza los abogados se acercaron para entrar, pero la policía les informó que los chicos habían sido trasladados a otro lugar, y que al día siguiente les llevarían ante la fiscalía del Juzgado de Abdeen para “seguir investigándoles”.

El día 15, y tras siete horas de interrogatorios, sumadas a con las nueve horas del día anterior, el fiscal les acusó de «estar en posesión de panfletos pidiendo el derrocamiento del régimen» y ordenó su prisión preventiva cuatro días más. Al parecer, las evidencias de las que se sirvió el fiscal fueron las pertenencias encontradas en el domicilio de los tres jóvenes y que incluían dos ordenadores, teléfonos móviles, documentos sobre casos de negligencia médica en prisiones egipcias, y algunas notas con palabras tales como “sentada pacífica” y “golpe militar” escritas a mano.

La noticia nos dejó boquiabiertos. Husammadin Hamad (Sam) es un estudiante de ingeniería que trabaja también de programador informático. Es un chico tranquilo y pacífico que ama la tecnología, puesto que «siempre te habla sobre Linux y Javascript, critica Windows, y nunca se entiende muy bien lo que dice», comentan algunos amigos.

Ahmed Mohamed Hassan (Estakoza), estudiante de derecho en la Universidad de Beni-Suef, es un joven lleno de vida, muy querido por todos y el tipo cool entre los amiguetes. Siempre está absorto en su música. Es gracioso y optimista y no deja de reír ni de bromear.

Su compañero de piso, Taher Mokhtar, al que pocos conocíamos directamente, es activista y miembro del Comité de Libertad en el Sindicato de Médicos de Alejandría.

El día 17, el Juzgado de Abdeen dictaminó 15 días más de prisión preventiva, hasta el 31 de enero, a la espera de nuevas investigaciones.

El gobierno egipcio se apoya en un más que claro estado de excepción, amparado en leyes-como la Ley de Encierro Preventivo, y ni siquiera se molesta en ocultarlo. Según informó un oficial de la Agencia de Seguridad Nacional a Reuters: «Hemos tomado varias medidas de seguridad para garantizar que los activistas no tengan espacio para respirar y sean incapaces de reunirse, […] mientras que algunos han sido detenidos con el fin de asustar a los demás».

Estas supuestas “medidas de precaución” para evitar las protestas callejeras en el quinto aniversario de la Primavera Árabe son su excusa perfecta para atentar contra los derechos humanos y reflejan claramente el miedo del régimen, que con una economía de capa caída es consciente de estar perdiendo simpatizantes. No obstante, todo esto no es nada nuevo respecto a lo que el estado egipcio lleva haciendo durante años; detenciones arbitrarias,y prolongadas, duras condenas tras juicios injustos, torturas, desapariciones forzadas a manos del estado o muerte bajo custodia como resultado de negligencias médicas, etc.

Con este escenario en las calles, el panorama es bastante desolador: «En Egipto, al decir adiós a nuestros amigos, te preguntas si va a ser la última despedida», confirma uno de los amigos de los detenidos.

Así, el pasado lunes 25 de enero, quinto aniversario de la revolución, los jóvenes en lugar de salir a festejar ese día que tuvo un significado tan especial en sus vidas, se vieron obligados a encerrarse en sus casas lamentando que aquel gran sueño que se convirtiera en pesadilla. Este ambiente tan deprimente se atisbaba esa tarde por los alrededores de la Plaza Tahrir, donde todo símbolo revolucionario ha sido eliminado y en la que únicamente se veía policía y personas mayores gritando: «El Sisi y el pueblo son una sola mano». Mientras pasábamos a su lado, la impotencia y el malestar nos hicieron dirigirnos a un café huyendo de lo que estaba ocurriendo fuera. A la vuelta, el taxista, un hombre de 59 años que participó hace 5 años en la Revolución egipcia, comentaba: «Los viejos han ganado en este país, los padres han amargado la vida de los jóvenes. Este control policial y estatal es inútil y nunca lograrán callar a la nueva generación, puesto que esta posee herramientas, como las redes sociales, y espacios para escapar a esta paranoica seguridad. Hoy no pasará nada, pero mañana podrían volver las manifestaciones a las calles egipcias».

Este pasado domingo, 31 de enero, tras ser enviados nuevamente al Juzgado de Abdeen, el fiscal extendió otros quince días la prisión provisional a nuestros amigos, Sam y Estakoza. El poco consuelo que nos queda ahora son algunas de las peticiones y campañas internacionales que hemos lanzado condenando su detención y exigiendo su inmediata liberación. Esperamos mucho de la solidaridad internacional, no nos defraudéis.