Opinión · Verdad Justicia Reparación

¡Ahora que estamos todas! ¡Ahora que ya nos veis!

Por Lucía Vicente, miembro del Grupo de Mujeres de La Comuna.

Así empieza una de las consignas de las últimas movilizaciones feministas. Y es que, si no estamos todas, sí es verdad que estamos muchas más que nunca.

Y sí que nos veis, no hay manera de mirar para otro lado, porque las dimensiones de las movilizaciones en los últimos años han inundado todos los espacios con una repercusión social y mediática no alcanzada antes, ni remotamente, en los 42 años que lleva celebrándose el 8 de marzo.

Por primera vez en 1977, poco más de un año después de la muerte del Dictador, las mujeres nos manifestamos en diversas ciudades del país para celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, proclamado así en 1910 por el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en homenaje a las obreras del textil que, estando en huelga encerradas en su fábrica, fueron asesinadas en el incendio provocado por su patrón. Del color morado del humo que salía por las chimeneas de la fábrica, originado por las telas que también se quemaron, procede el color del movimiento.
Desde el principio ha sido una convocatoria unitaria de todos los grupos feministas y, también desde el principio, las organizaciones de mujeres han sido diversas en su composición y en sus planteamientos, pero todas se han sumado y han potenciado una movilización como la del 8 de marzo, en la que año tras año se ha reflejado el trabajo cotidiano y permanente de esas organizaciones en contra de la discriminación y por el avance en la conquista de derechos.

La respuesta a la convocatoria del 8 de marzo ha sido fluctuante en estas décadas. Tuvo su efervescencia en los primeros años, en los que miles de mujeres salíamos a la calle como una explosión tras la opresión sufrida durante 40 años de dictadura, a pesar de que en algunas manifestaciones la policía nos disolvía con su dureza habitual y en otras irrumpieron salvajemente los grupos fascistas.
En otros períodos, debido a la desmovilización que afectó al conjunto de la población, las manifestaciones fueron menos concurridas, pero a pesar de ello nunca se ha faltado a la cita. Siempre se mantuvo una presencia en la calle como testigo de nuestra perseverancia y como muestra de la firmeza para responder y enfrentarnos a cualquier ataque que supusiera un retroceso en los derechos ya conquistados.

Afortunadamente, desde 2010, la concurrencia del 15M, las mareas, así como la incorporación de muchas mujeres jóvenes a la cabeza del movimiento, ha permitido que en los últimos años estemos viviendo unas formidables movilizaciones feministas de gran alcance y calado y no solo en torno al 8 de marzo.
También estamos asistiendo al surgimiento de nuevos grupos feministas en respuesta a la necesidad y voluntad de un amplio conjunto de mujeres de juntarse y tener actividad en sus barrios y pueblos.
Ha variado la cantidad de personas que se movilizan, pero también se ha ampliado el alcance y los planteamientos. El movimiento feminista incorpora a mujeres con diversidad racial, sexual, de estatus social…, y eso hace que la observación sobre la opresión y la desigualdad se haya ampliado como por un ojo de buey, y ahora se plantean con más fuerza las políticas globales contra la precariedad, la discriminación racial, la política migratoria, la destrucción ambiental… sin olvidar los derechos a la educación, la libertad sexual, la justicia social, la vivienda, el trabajo digno y, cómo no, una vida que merezca la pena ser vivida. Es la conciencia sobre la interseccionalidad de todas las opresiones lo que da más fuerza a la lucha contra la opresión. Los Manifiestos elaborados este año por las Comisiones Feministas 8 de Marzo, reflejan de forma incontestable la globalidad de los planteamientos.

Por supuesto que han cambiado también las formas de lucha. Anteriormente el 8 de marzo no era sólo una manifestación, sino que en torno a esa fecha y durante varios días se sucedían diversos actos de divulgación y concienciación. Pero la convocatoria de huelga de mujeres en los dos últimos años y en los ámbitos laboral, reproductivo, educativo y de consumo, ha supuesto un acto de valentía y de decisión de impulsar el movimiento siempre hacía delante, y también una toma de posición en el plano internacional, de hermanamiento y solidaridad con otros países (Argentina, Polonia), que nos habían precedido.

Se diría que, hoy por hoy, el movimiento feminista en su conjunto, sin renunciar al aspecto reivindicativo, está planteando que, para avanzar, es necesario un cambio de sistema global, ya que, en la naturaleza del sistema capitalista –con su eterno aliado el heteropatriarcado–, está la perpetuación de la desigualdad y la explotación. De hecho, a la vista está la incapacidad del sistema para acabar siquiera con la brecha salarial o la precarización laboral de las mujeres.

Y esa impotencia es también lo que ha movilizado este 8 de marzo a cientos de miles de mujeres no organizadas: la falta de reparto de los cuidados, la violencia sexual, los feminicidios, los jueces machistas…

Por eso, el lema que da título a este artículo acaba así:

¡ABAJO EL PATRIARCADO QUE VA A CAER, QUE VA A CAER!
¡ARRIBA EL FEMINISMO QUE VA A VENCER, QUE VA A VENCER!