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Consideraciones de actualidad sobre la extrema derecha española: VOX

Por Jesús Marchante Collado, miembro de La Comuna.

Empezaré diciendo que estamos donde estamos porque no hubo ruptura democrática al final de la dictadura, con la muerte de Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975. La llamada transición y sus pactos, fue un cierre en falso de una situación que habría debido llamar en causa a numerosas cuestiones aplazadas y olvidadas tras cuarenta años de dictadura. No se quiso hacer por parte de los partidos de izquierdas (PSOE y PCE) que asumieron su papel como garantes de la continuidad del régimen franquista en el proceso constituyente que se abrió entonces. Otros sectores, populares y sociales, no tuvieron la suficiente fuerza para imponer sus tesis sobre el particular. Así que la dictadura gozó de una impunidad, con todo lo que ello implica, que dura hasta el día de hoy.

Proseguiré afirmando, con una cierta rotundidad, que España no existe. Que es un constructo que dejó de tener sentido con el final de la generación del 98, aquella a la que le "dolía España", y se interesaba por "el ser de España" y "la identidad de lo español". Todo eso, en el incipiente 2020, tiene muy poco sentido. Desde luego, ningún sentido de aquel que le daban los intelectuales, de derecha y de izquierda, de aquel movimiento. Por lo tanto, podríamos decir que es un nombre que alude a un país, con una historia, claro está, pero sin elementos irracionales que apelen a conceptos excluyentes.

Una segunda afirmación tendría que decir que España, el país que denomina esa palabra, es antimoderna. Casi siempre lo ha sido. Si exceptuamos los más que modernos, aunque muy pocos, años de la Segunda República (1931-1939). Y en esos años, no sólo los intelectuales y las élites culturales entraron bajo esa denominación de avance y progreso. Las masas también eran modernas. La CNT, el sindicato anarquista, con casi un millón de afiliados, influía para que la gente se situara a la vanguardia de muchas cosas. También el resto de organizaciones, UGT (con una afiliación similar a la CNT), PSOE, el minúsculo PCE, y el POUM, entre otros. Los obreros se formaban, leían y aprendían. Los ateneos y las casas del pueblo empujaban en esa dirección. El nuevo estado republicano (con todas las carencias y problemas que conlleva el inicio de una nueva época, después de la monarquía fallida de Alfonso XIII, acompañada por la dictadura de Primo de Rivera), con una idea clara de lo que significaba una verdadera instrucción pública, navegaba en esa misma dirección. Señalaré el ejemplo tan conocido de las misiones pedagógicas del Teatro Universitario de la Barraca, con Federico García Lorca y sus amigos al frente, recorriendo la España vacía y olvidada por los siglos de los siglos, insuflando cultura y más cultura. Atronaba la razón en marcha.

Pero eso sucedió hace ya muchos años, y los cuarenta siguientes de dictadura, tras la finalización del conflicto armado y la derrota de la democracia, cerraron a cal y canto cualquier atisbo de modernidad, de cultura, de saber. Y cuando, supuestamente, se iban a empezar a abrir las "alamedas por donde el hombre nuevo…", la transición no iba a posibilitar, en el sentido fuerte del término, el reencuentro con la modernidad.

La educación pública se ha ido vaciando de contenidos esenciales - Filosofía, Historia del Arte, Latín, Griego - etc. Las universidades se han puesto al servicio de las necesidades empresariales. Y la enseñanza, en una parte muy importante, va a seguir bajo el control de la iglesia. El hallazgo de eso que se denomina "enseñanza concertada", da al traste con una posibilidad de recuperar los años perdidos.

Se podría objetar, tal vez, diciendo que España, tras el fin de la dictadura, entró en la modernidad, porque el capitalismo español se renovó en el sentido de la innovación tecnológica y la organización del proceso productivo. No obstante, podríamos decir que, incluso en esos aspectos, el capitalismo español tampoco se ha llegado a asemejar al capital internacional. El escaso reconocimiento general del sujeto político sindicato y sindicalista (limitado a sectores punta de la economía y fundamentalmente del sector terciario), la existencia de condiciones (en muchos casos) procedentes del viejo capitalismo (como seguir aumentando la jornada laboral, instalándose, con ello, en el mecanismo de la plusvalía absoluta, los bajos salarios, etc) son ejemplos que dan al traste con esa pretendida modernidad capitalista española.

Hablemos ahora de la derecha española y de sus derivaciones más extremas.

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que la derecha actual (PP, Cs. y Vox) es la perfecta heredera de las formaciones históricas de los años treinta del siglo pasado: CEDA, Acción Española, Acción Popular, Acción Nacional, etc., bebe, incluso, de algunos de sus panfletos más incendiarios.

Cuando se produce el estallido del conflicto catalán, con la celebración del referéndum y los hechos subsiguientes, su alineamiento con las viejas formaciones de derecha es un hecho material e incontrovertible. Se lanzan anatemas y se despoja de su condición de ciudadanos españoles a todos aquellos (no sólo a los independentistas) que no piensen como ellos. "La anti España", "los antiespañoles", "los enemigos de España", "los que quieren destruir la nación", etc. Acepciones que podemos encontrar en la propaganda de toda la derecha española de aquellos años. Todo se exacerba para definir perfectamente al enemigo, "todo aquel que no piense igual que nosotros" vienen a decir, aunque no sea de manera explícita. Da igual si, ideológicamente, ese sujeto no es ni siquiera de izquierdas. Todo vale para exorcizar las propias frustraciones:
"…el ser humano cae en la neurosis porque no logra soportar el grado de frustración que le impone la sociedad en aras de sus ideales de cultura, deduciéndose de ello que sería posible reconquistar las perspectivas de ser feliz, eliminando o atenuando en grado sumo estas exigencias culturales…".

Sigmund Freud, El malestar en la Cultura.

Cuando irrumpe la tercera fuerza en discordia de la derecha, VOX (con ocasión de las elecciones autonómicas andaluzas del pasado 2 de diciembre de 2018) lo hace con 12 escaños, causando una cierta sorpresa a nivel autonómico y nacional. A partir de ese momento, que podríamos denominar el año cero de la extrema derecha española, las cosas inician un camino vertiginoso.

Habiéndose escindido del propio PP, los líderes de VOX van recogiendo, dentro de su manto negro, a todas aquellas organizaciones minúsculas, casi irrelevantes (aunque ciertamente activas durante algunos períodos de la transición) de distintas filiaciones fascistas: falangistas, nazis, ultra católicos, etc. La extrema derecha española, siempre presente, aunque ausente institucionalmente (agazapada, primero en la vieja AP de Manuel Fraga Iribarne, y después en el PP del viejo ministro franquista y de José María Aznar) entiende que es el momento de dar el salto y convertirse en una fuerza política decisiva. Y lo hace en ayuntamientos tan importantes como el de Madrid, en la propia Comunidad, en otros ayuntamientos y en comunidades autónomas como la de Murcia. De esta manera se constituye en Conditio sine qua non para la formación de gobiernos autonómicos y municipales, sometiendo a la derecha del PP y de Cs. a sus dictados.
En las elecciones del pasado mes de abril entran en el Congreso de los Diputados, con nada más y nada menos que 24 escaños. Más de dos millones y medio de papeletas depositadas a su favor por ciudadanos españoles. España deja de ser una anomalía europea en el ámbito institucional, respecto a la representación parlamentaria de la extrema derecha.

No obstante, el vértigo continúa. La repetición electoral, el pasado mes de noviembre, aúpa a VOX a tercera fuerza política a nivel estatal. Suben hasta los 54 escaños con más de tres millones y medio de votantes que les respaldan.

Las alarmas que habían empezado a sonar, ligeramente, en diciembre de 2018, atruenan los oídos y los cerebros de personas con cierto sentido democrático, aunque no sólo. El imaginario colectivo se ve arrastrado por el torbellino de esta patada al consenso del llamado "régimen del 78". Incluso se podría llegar a pensar que "…sin atisbo alguno del futuro que se está estructurando, andamos descaminados en la significación que atribuimos a las impresiones que nos agobian y en la valoración de los juicios que formamos…" haciendo nuestras las palabras del inicio del ensayo Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte, de Sigmund Freud.

En cualquier caso, la situación empieza a complicarse, sobre todo porque VOX ya no siente la necesidad de echar el freno y empieza a marcar la agenda política en torno a problemas y asuntos de actualidad. Con la cobertura mediática apropiada y habiendo constatado (durante la campaña electoral y en diversos foros, programas y tertulias) que no ha habido una respuesta contundente y adecuada por parte de la izquierda institucional (PSOE y Unidas Podemos) a sus provocaciones, las barbaridades se suceden y la estrategia "negacionista" entra en escena: sobre la violencia de género, sobre la historia contemporánea española, sobre el cambio climático, etc. El ataque al "otro", en este caso materializado en el emigrante, con soflamas de islamofobia, se sucede sin parar.

Se producen actos de todo tipo. Una ceremonia falangista con todos los asistentes haciendo el saludo romano, cantando el Cara al Sol, nada más y nada menos que en el viejo Ateneo de la calle del Prado de Madrid (ése que ocuparon los falangistas al término de la guerra civil española). Manifestaciones frente a la casa en la que vivió el fundador de la falange española, José Antonio Primo de Rivera en la calle Génova de Madrid. O lo más reciente, el pasado sábado, cuando después de haberse colocado un memorial alternativo en los antiguos terrenos que ocupaba la Cárcel de Carabanchel, con paneles que reivindicaban la construcción de uno definitivol en dicho emplazamiento, desaparecen al día siguiente.

¿Volviendo al futuro? No. Simplemente repitiendo un pasado que no se ha querido, ni sabido, cerrar. Lo decía al principio. La impunidad que sigue protegiendo a la dictadura fascista de Francisco Franco, y a sus ejecutores, tendría que ser juzgada de una vez por todas. Considero que hay acciones que podrían acabar con la "pesadilla" fascista de VOX.

Para empezar, este partido no tiene un proyecto político, como lo tuvieron los nazifascistas de los años treinta del siglo XX. Tampoco es equiparable a las extremas derechas europeas (Francia, Italia, Holanda, Alemania, Hungría, etc.). Ya he señalado, al principio, cuál es el problema de España: ese querer siempre quedarse al margen de la modernidad, aunque no se esté bajo la bota de una dictadura. De otro modo, no habría más de tres millones y medio de ciudadanos que, escuchando las barbaridades de sus alocuciones estultas y falsas, pudiesen votar esa opción.

Pero vayamos a las acciones que harían volver al basurero de la historia a esta formación fascista llamada VOX. En primer lugar (ahora que parece que podría darse la posibilidad histórica de un gobierno de coalición de izquierda), implementando, a tope, políticas de Wellfare, de bienestar social. Dejando de engañar al personal con políticas económicas de poca monta, y poco acordes con el capitalismo del siglo XXI. Si como decía Karl Marx (y lo decía al analizar la irrupción de la máquina en el proceso productivo, no digamos pues con todo lo que ha llovido en cuanto a la ciencia y a la técnica para producir todo tipo de mercancías)
"…Tan pronto como el trabajo en forma inmediata ha dejado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja y tiene que dejar de ser su medida y, en consecuencia, el valor de cambio tiene que dejar de ser la medida del valor de uso…El capital es la contradicción en movimiento, porque tiende a reducir el tiempo de trabajo a un mínimo, mientras que por otra parte pone al tiempo de trabajo como la única medida y fuente de la riqueza. El capital reduce, en consecuencia, el tiempo de trabajo en la forma de trabajo necesario, para aumentarlo en la forma de trabajo suplementario; pone, por lo tanto, el trabajo superfluo en medida creciente como condición –question de vie et de mort- del trabajo necesario…" Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundrisse).

Entonces, ¿por qué seguir dudando, confundiendo y perdiendo el tiempo? Demos una patada social, tan grande como el universo, y dejemos de hablar de jornada laboral, de trabajo y de salario en términos ficticios y nada acorde con el nivel técnico alcanzado por el capitalismo. Wellfare a cada segundo, a cada minuto. Esa es una de las auténticas barreras contra el fascismo estulto de VOX. La otra, es la de recuperar la educación pública, desalojando a la Iglesia y a otras entidades ideológicas de la administración del saber; acabando con la enseñanza concertada e implementando políticas educativas de gran calado cultural; haciendo que los ciudadanos entren, de una vez por todas, en la modernidad.