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Meirás. ¿Cuántas batallas nos quedan aún?

Por Carlos Babío Urkidi, investigador y coautor de "Meirás: un pazo, un caudillo, un espolio"

La lucha por la recuperación del Pazo de Meirás viene precedida de muchos años de lucha y está protagonizada por la memoria histórica grabada y transmitida con mucho dolor por nuestras abuelas y por nuestros padres. Hasta hace bien poco este inmueble seguía representando la impunidad, con toda la carga simbólica que fue construida por el régimen de Franco y que permanecía intacta en una democracia que está muy lejos de la perfección y la plenitud.

En pleno siglo XXI esta democracia continuaba aceptando el relato de un regalo de una población fervorosa que le entregó voluntariamente los escasos recursos que les dejó una guerra que convirtió Galicia en una despensa al servicio de los militares y civiles sublevados contra la democracia. Donde al robo se le llamaba requisa, donde el exterminio era justicia de Dios ante un nuevo régimen que ya había nombrado representante de él en la tierra.

Tampoco puso en cuestión nunca la corrupción sistémica del régimen que derivó todo tipo de recursos públicos para enriquecimiento del dictador en Meirás a través de un pacto no escrito entre las élites del sistema, convirtiendo el estado español en una gran trama que salvaguardaba de negocios e intereses particulares nada éticos que la propaganda franquista tapaba y reconvertía en beneficios sociales. El estudio del tráfico de favores de estas élites en torno al Pazo de Meirás permite ver con nitidez el profundo grado de putrefacción de un sistema que funcionaba en la medida en que era corrupto.

La transición dejó en la impunidad estas artimañas y blindó los privilegios de estas élites que pasaron de ser franquistas interesados a demócratas "de toda la vida" y además reconocidos por las democracias del entorno. Mientras todo esto se cocía, las elites franquistas seguían copando los altos cargos de las administraciones públicas, incluidas aquellas que sirvieron personalmente a Franco en el Pazo de Meirás. Desde la Casa Civil del dictador a la Casa Real y a Patrimonio Nacional no faltaron colaboradores para que el Pazo se inscribiera a nombre de la reconvertida viuda con honores de estado.

El sucesor del dictador elevó el expolio del Pazo de Meirás a rango de nobleza por estar vinculada esta propiedad al franquismo como etapa gloriosa y "testimoniar los sentimientos de afecto y admiración" que sentía el hoy rey fugado. Esta era la razón para crear el "Señorío de Meirás" con "Grandeza de España" por Juan Carlos de Borbón, otorgado a Carmen Polo, transmitido por un gobierno socialista presidido por Felipe González en 1988 al nieto de Franco y que en la actualidad la democracia española mantiene en vigor.

La transición también mantuvo privilegios y servicios públicos del estado en Meirás, mientras afloraban las primeras reivindicaciones públicas protagonizadas por la sociedad gallega. Reivindicaciones que fueron trabajadas desde diferentes ámbitos y cada vez mejor organizadas, y que a partir del 2005 estuvieron lideradas por el asociacionismo memorialista, al tiempo que se avanzaba en lo que sería una larga y compleja investigación, que nos permitiera romper con el relato de la propaganda franquista. Sabíamos que era fundamental reconstruir la verdad de lo que realmente pasara en Meirás.

Fue así, a través del proceso de investigación, como descubrí el sentido verdadero de aquella afirmación del dictador en su testamento político sobre el "atado y bien atado" de su régimen para afrontar el futuro. Pero sobre todo lo "tapado y bien tapado" por una dictadura que una democracia contradictoria con el propio término –cuando menos a efectos de su relación con el pasado–, se empeña en mantener oculto. Que convierte en secretos de estado lo que el propio franquismo protegió de la luz pública.

Mas con todas las dificultades, fuimos capaces de reconstruir los abusos, documentar muchos de esos procesos vinculados a la entrega del Pazo a Franco y de la represión aparejada a este proceso. También demostrar cómo todo el entramado administrativo franquista derivaba a Meirás recursos públicos en una residencia que funcionaba a todos los efectos como una residencia oficial del estado. Y una transición muy poco modélica que blindara una propiedad para los herederos del dictador, cuando esta era una propiedad pública (como así quedó demostrado en las dos sentencias que existen ya sobre el Pazo de Meirás).

Desde la Fundación Galiza Sempre, editora del libro "Meirás, un pazo, un caudillo, un espolio" y desde la base del asociacionismo memorialista y cultural gallego trabajamos muy duro en la divulgación y el conocimiento del espolio sin abandonar la movilización social que poco a poco va llegando a más lugares y va sumando adhesiones.

A la altura del año 2017, tras mucho trabajo comprometido desde el ámbito memorialista, es casi unánime el sentir de la sociedad gallega sobre la necesidad de solventar la anomalía democrática que representa el Pazo de Meirás. No se trataba de recuperar una propiedad por su valor arquitectónico o desde una perspectiva de su interés patrimonial. La lucha por devolver el Pazo de Meirás al Patrimonio público estuvo siempre vinculada a la denuncia de la impunidad franquista. Al servicio de la verdad, de la justicia y de la reparación. Una lucha democrática comprometida siempre con las víctimas del franquismo.

Nunca se trató de una reclamación vinculada a debates sobre bienes materiales ni tampoco, claro está, para homenajear a ninguna escritora. El Pazo de Meirás salta de la lucha memorialista a las instituciones y de allí a los juzgados por compromiso con las víctimas.

Por eso volvimos a la lucha desde las asociaciones gallegas de memoria estas últimas semanas. Para que el estado no asumiese un relato inaceptable sobre un espolio de una dictadura. No podíamos aceptar bajo ningún concepto que los únicos "indemnizados" en Meirás fueran los herederos del espolio realizado por un dictador que no tuvo "mala fe" a la hora de hacerse con la propiedad. Herederos también de los privilegios de un régimen que continúan sentándonos delante de los jueces pidiéndonos indemnizaciones o años de cárcel como me piden a mí por divulgar, o a los 19 de Meirás por un acto reivindicativo.

Desde la memoria luchamos por la verdad. Y lo seguiremos haciendo. No llegamos hasta aquí para consentir a aquellos y aquellas que nunca nos ayudaron ni acompañaron en todo este largo proceso de reivindicación, que utilicen aparentes causas loables para ocultar a las víctimas y blanquear el franquismo. En Meirás siempre estaremos con la Memoria, con las víctimas, recordándolas para encarar un futuro mejor.