Opinion · Pensamiento crítico

El gran error de las izquierdas independentistas

Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas Universitat Pompeu Fabra

Procedo de una familia represaliada por su lealtad al proyecto democrático republicano que fue derrotado por el alzamiento militar fascista que sometió a España a una de las dictaduras más crueles que hayan existido en el siglo XX en la Europa Occidental (por cada asesinato político del régimen de Mussolini, el de Franco cometió 10.000, siendo todavía hoy el país del mundo, después de Camboya, que tiene un mayor porcentaje de personas desaparecidas por causas políticas). Siguiendo el compromiso con la libertad, la democracia y la justicia social de mis antecesores, participé en la lucha antifascista desde mi temprana juventud, participando y ayudando más tarde, cuando se estableció la democracia, a partidos políticos y movimientos sociales progresistas comprometidos con mejorar la calidad de vida y el bienestar de las clases populares de este país. Creo haber mostrado así a lo largo de mi vida mi compromiso con Catalunya y con el resto de España (ver Una breve historia personal de nuestro país: entrevista a Vicenç Navarro de Elvira de Miguel, en vnavarro.org).

Es debido a esta biografía que creo importante señalar que, considerándome catalán y sintiéndome también español, entiendo bien que una minoría muy grande (que alcanza casi la mitad de la población que vive y trabaja en Catalunya) esté a favor de su independencia, deseando la secesión de Catalunya del resto de España. Era predecible (y así lo indiqué en su día) que cuando el Estatut de Catalunya (propuesto por el Parlament catalán en 2005, modificado y recortado por las Cortes españolas en 2006, y aprobado en referéndum meses más tarde por la población catalana) fue vetado en partes importantes del texto (como en el reconocimiento de Catalunya como nación) por parte del Tribunal Constitucional, aumentaría rápidamente y exponencialmente el apoyo a la causa independentista. Era fácil de entender, pues, que el rechazo del Tribunal Constitucional a dicha propuesta de Estatut (en la que se reconocía y promulgaba la plurinacionalidad del Estado español) generaría tal auge del sentimiento secesionista. Era igualmente predecible que la reciente represión del Estado central hacia los dirigentes de los partidos independentistas (encarcelándolos o forzando su exilio), estimularía también la expansión del movimiento independentista. En ambos casos, la causa principal del gran auge de tal movimiento ha sido el comportamiento del Estado español, consecuencia de una transición inmodélica de la dictadura a la democracia. Esta transición no fue resultado de una ruptura con el Estado anterior, sino una modificación y apertura muy importante y significativa del régimen anterior, convirtiéndolo en un Estado democrático pero conservando en muchos de sus aparatos (incluyendo los aparatos de seguridad y la judicatura) una cultura franquista represiva (para documentarse sobre esta observación, ver mi libro Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país, Anagrama, 2002).

La represión del Estado español sobre los dirigentes independentistas

Habiendo subrayado el carácter represivo del Estado español como causa principal de las tensiones interterritoriales existentes en España, hay que reconocer también que la declaración unilateral de independencia (DUI) de Catalunya, propuesta por el bloque independentista y aprobada por éste en el Parlament de Catalunya,  en contra del deseo de la mayoría de la población catalana (justificándose en un “mandato” basado en un supuesto “referéndum” realizado el 1 de octubre de 2017 que, en realidad, no reunía las condiciones que requiere un referéndum), fue un acto de insensibilidad democrática que requería sanciones político-administrativas incluyendo (si fuera necesario) la inhabilitación de sus dirigentes para ocupar cargos políticos, aunque nunca deberían haber incluido su encarcelamiento u otras medidas que forzaran a su exilio. La desmesura en la represión del Estado central y su enjuiciamiento son profundamente antidemocráticos, como he indicado en un párrafo anterior, fruto de características del régimen anterior. Es más que una coincidencia que el mismo Tribunal Supremo que les ha estado juzgando haya permitido a un partido (Vox) claramente identificado con la dictadura franquista en España actuar como acusación popular. Y lo es también que en estas mismas fechas, el mismo Tribunal Supremo reconociera al General Franco como legítimo jefe del Estado desde el mismo año 1936 en el que se realizó el golpe militar fascista liderado por tal personaje (que es el responsable del mayor número de asesinados políticos contra españoles que haya habido en este país), el cual todavía goza de un monumento (El Valle de los caídos) como homenaje, algo impensable en cualquier otro país democrático europeo que hubiera tenido en su pasado un régimen fascista o nazi semejante al que sufrió nuestro país.

El hecho de que el principal adversario de un mayor desarrollo de la democracia en España continúe siendo el Estado borbónico español (lo cual no quiere decir que el Estado actual sea igual al anterior, como sistemáticamente se manipula y se interpreta, siempre que se subrayan los elementos de continuidad entre el Estado borbónico actual y el anterior) puede justificar la realización de actos de desobediencia civil, que lógica y previsiblemente generarán una serie de sanciones por parte del Estado. Pero en una sociedad con mayor madurez democrática, la desobediencia civil no acarrearía este tipo de sanciones, como el encarcelamiento de los dirigentes independentistas y su enjuiciamiento criminal. Repito que existen sanciones político-administrativas en cualquier sistema democrático que hacen innecesarias las medidas utilizadas por el sistema judicial español, claramente desproporcionadas. De la misma manera que las cargas policiales realizadas para aplacar la protesta civil contra el Estado borbónico el 1 de octubre de 2017 (en la que participé) fueron desmesuradas y profundamente antidemocráticas, el enjuiciamiento de los presos políticos es también desmesurado y profundamente antidemocrático.

Pero no se puede ignorar, en la necesaria protesta en contra del enjuiciamiento de la política, el comportamiento antidemocrático de los políticos independentistas que originó esta denunciable represión

Ahora bien, subrayando que hay que denunciar la represión antidemocrática del Estado, también hay que criticar el comportamiento antidemocrático de la estrategia del “procés” independentista en su intento de declarar la independencia unilateral vía exprés, sin contar con el apoyo mayoritario de la población catalana. Cualquier persona con conciencia democrática tiene que ser crítica con el comportamiento de los dirigentes de los partidos independentistas, sin que ello implique (como constantemente hacen los independentistas) que con esta denuncia se establezca una equidistancia en la atribución de responsabilidades por la situación asfixiante en la que se encuentra Catalunya y el resto de España. En este sentido, en amplios círculos de la intelectualidad catalana hay una excesiva tolerancia, cuando no simpatía, hacia el comportamiento de los partidos independentistas (PDeCAT y ERC, incluyendo también la CUP en muchas dimensiones), cuyas prácticas han sido claramente antidemocráticas, causando un enorme daño a las clases populares catalanas, e incluso a su propia causa, tanto la independentista como la soberanista. Aprovecho para aclarar que soberanismo es defender la capacidad de escoger el tipo de relación existente entre Catalunya y el resto de España, siendo la secesión una alternativa, pero no la única. Esto significa que todo independentista es soberanista, pero no todo soberanista es independentista. Las encuestas parecen señalar que la mayoría de la población en Catalunya está a favor del derecho a escoger, o, como se conoce en Catalunya, derecho a “decidir”, aunque no escogería necesariamente la secesión como alternativa preferida.

El daño causado a las clases populares por parte del “procés” independentista unilateral “exprés”

He documentado extensamente cómo las políticas públicas y los presupuestos de los partidos gobernantes independentistas (CDC -después PDeCAT- y ERC) han tenido una clara orientación neoliberal al incluir recortes de gasto público que han empobrecido enormemente los servicios públicos del Estado del bienestar catalán (ver El enorme sufrimiento causado por el neoliberalismo y sus responsables, Público, 25.03.19, y Cómo los superpatriotas de ambos lados ocultan la enorme crisis social que han creado, Público, 20.03.19). El partido hegemónico (CDC, hoy PDeCAT) dentro del bloque independentista también apoyó la reforma laboral causante de la enorme precariedad y deterioro del mercado de trabajo. Es, pues, más que sorprendente que partidos y movimientos que se autodefinen de izquierdas catalanas apoyen el “procés” independentista, liderado por tal formación política. La anteposición del tema nacional a todos los demás ha tenido un impacto sumamente negativo en el bienestar de las clases populares en Catalunya, una de las primeras víctimas del protagonismo del “procés” independentista. En realidad, es sorprendente la falta de atención al análisis de las consecuencias del “procés” en la calidad de vida de las clases populares de Catalunya y del resto de España. Es necesario preguntarse, repito, qué nivel de calidad de vida y el bienestar tenían las clases populares catalanas (y españolas) antes del “procés” que les fue impuesto, y ahora. Y también es importante preguntarse si tales partidos están más cerca de conseguir la independencia de Catalunya ahora que antes de que se iniciara el “procés”. Estas son preguntas que pueden contestarse en base a datos empíricos ya existentes.

Y tales datos muestran claramente que la situación social y los servicios y transferencias del Estado del bienestar en Catalunya se ha deteriorado, debido en parte a las políticas neoliberales impuestas a la población por los partidos independentistas gobernantes (en alianza con los partidos gobernantes en España), algo que está siendo ignorado u ocultado por la centralidad del “procés” independentista en la vida política y mediática del país. De ahí la importancia de analizar los argumentos de los partidos y movimientos independistas, uno por uno.

La reactivación de las fuerzas reaccionarias en España

1.- La estrategia reflejada en el “procés”, a favor de la independencia unilateral vía “exprés”, asume que el conflicto entre el gobierno catalán independentista y el Estado español es, en realidad, un conflicto (negociable, según la tesis procesista) entre Catalunya (supuestamente deseosa de conseguir la secesión) y España (supuestamente imposible de cambiar). Tal supuesto ha llevado a un refuerzo de las derechas uninacionales borbónicas españolas, con la irrupción de Vox y su enorme influencia sobre las otras dos derechas: PP y Ciudadanos. Hoy hay miles de municipios, incluyendo algunos de los más grandes del país como Madrid, donde la ideología fascista, continuadora del régimen dictatorial anterior, es presentada y promovida explícitamente y sin tapujos por representantes políticos elegidos. Y los políticos de las derechas mayoritarias se han movido todavía más a la derecha, tanto en términos económicos como nacionales, durante este último período de agitación nacional. Esta situación y percepción (según los últimos datos del CIS) se ha producido todavía más en Ciudadanos, partido que ha hecho de su antiindependentismo su mayor eje doctrinal (junto con su neoliberalismo). Un tanto igual en cuanto a la aceptación de la Monarquía que, habiendo descendido desde hace veinte años, ha visto una reversión a partir (según el mismo CIS) de 2014, subiendo su popularidad, como garantía de “la unidad de España”. Estos y otros muchos datos muestran que el argumento de los partidos o movimientos independentistas radicales que sostienen que el “procés” está debilitando al Estado central, deslegitimándolo, preparando su colapso, no tiene evidencia que lo apoye. Al contrario, la radicalización de las fuerzas reaccionarias en el resto de España ha aumentado enormemente, llegando al extremo de que posturas sexistas, homófobas, racistas y clasistas se están defendiendo abiertamente en instituciones y espacios públicos, habiendo incluso legitimado el discurso fascista.

2.- Hoy, la defensa de la plurinacionalidad en España es más difícil que antes, habiendo significado un coste elevado para las fuerzas políticas españolas que la han defendido, como Podemos antes y Unidas Podemos (UP) ahora. Parte del descenso del apoyo a UP se debe precisamente a su defensa del plurinacionalismo, presentándose por parte de los medios de una manera manipulada y errónea como promoción y/o defensa del independentismo. Esto ha ocurrido también dentro de Catalunya, donde la clase trabajadora dejó de apoyar a Unidas Podemos (UP) y dio en su lugar su voto (en las autonómicas) a Ciudadanos antes, y al PSC ahora, percibidos ambos como los partidos más antiindependentistas, confundiendo el soberanismo y el apoyo a la plurinacionalidad de España con el independentismo.

Grandes errores del “procés” independentista “exprés”

3.- En lugar de aceptar que su proyecto (cambiar Catalunya) requiere un cambio en España, los partidos independentistas, incluyendo sus izquierdas, consideraron que podrían cambiar Catalunya sin que cambiara España, hasta el punto de conseguir la independencia sin ello. Es más, la estrategia del “procés” se basaba precisamente en la promoción de la idea de que cambiar España era imposible, proyectando una imagen antipática de ésta, llegando incluso a considerar a los partidos de izquierdas como Unidas Podemos, favorables al plurinacionalismo, como uno de sus mayores adversarios. Véanse, por ejemplo, 1) la oposición de ERC a las principales propuestas del gobierno de En Comú Podem en Barcelona; 2) las recientes declaraciones del portavoz de ERC, Gabriel Rufián, celebrando el supuesto “colapso” de Unidas Podemos, y 3) la postura hostil de la televisión pública catalana, TV3 (abusivamente instrumentalizada por el gobierno independentista), hacia Unidas Podemos a nivel estatal y hacia En Comú Podem en Catalunya, que alcanzó su máxima expresión en el programa “intelectual político” de los sábados (en horario de prime-time), Preguntes freqüents -FAQS-, que dedicó todo un programa a criticar hostilmente a Podemos, con la colaboración de representantes de la izquierda más afín al independentismo, como Albano Dante (que fue rechazado casi unánimemente por la gran mayoría del máximo órgano decisorio de Podem Catalunya, la Asamblea Ciudadana, por su proximidad con el “procés” y al cual, desde entonces, se le provee de grandes cajas de resonancia en los medios públicos de información de la Generalitat de Catalunya para promover su antipodemismo) y Josep Maria Antentas, dirigente de Revolta Global, conocido por su hostilidad hacia tal espacio político. No se invitó a nadie de Podem Catalunya, mintiendo la persona responsable de tal programa al decir que sí habían sido invitados. Ambos ponentes señalaron que Podemos había ya desaparecido y perdido toda influencia, precisamente en el mismo momento en el que el gobierno Sánchez estaba proponiendo el presupuesto más social desde hacía veinte años, resultado de un pacto con Unidas Podemos (UP).

4.- La anteposición del tema nacional en su estrategia sobre cualquier otro tema, se extiende y alimenta con las tensiones interterritoriales de carácter nacionalista, ignorando la enorme crisis social que vive Catalunya y el resto de España, que queda totalmente relegada, cuando no ocultada, por el tema nacional (la evidencia muestra que casi la mitad de la juventud en Catalunya y en el resto de España no vivirá mejor que sus padres, dato ignorado por los establishments políticos y mediáticos del país). El rechazo de los partidos independentistas a aprobar el presupuesto del Estado del gobierno Sánchez, resultado del pacto con UP (presupuesto que habría mejorado considerablemente el bienestar y la calidad de vida de las clases populares españolas, incluyendo las catalanas), al no conseguir un compromiso del gobierno Sánchez para hacer un gesto a favor de los presos (mediante una petición a la Fiscalía de rebaja de las acusaciones), es un ejemplo de ello. Esta decisión de no apoyar el presupuesto fue, además de negativa para el bienestar de la mayoría de las clases populares catalanas y españolas, enormemente torpe. Si los presos políticos hubieran aconsejado a los partidos independentistas el apoyo al presupuesto, indicando que lo hacían para favorecer el bienestar de las clases populares de Catalunya y de España, habrían conseguido una enorme simpatía popular, no solo en Catalunya, sino también en el resto de España, simpatía necesaria para poder establecer un programa de alianzas con las izquierdas españolas en un proyecto común: el cambio profundo de España, sin el cual es imposible hacer un referéndum en Catalunya.

El clasismo de su estrategia

5.- Otra característica de las políticas públicas del “procés”, apoyado por las izquierdas independentistas, ha sido su clasismo, con una predecible falta de atención al drama social que viven las clases populares en Catalunya, al cual han contribuido las políticas neoliberales del gobierno de Junts per Catalunya –JxCat– (herederos del pujolismo), impuestas con el apoyo de ERC. Las derechas nacionalistas catalanas (hoy independentistas) han sido responsables de la polarización por clase social de los servicios del Estado del bienestar, como los servicios sanitarios y los servicios educativos. Catalunya es una de las partes de España donde la sanidad y la educación privadas (subvencionadas con fondos públicos) es más extensa a costa de una subfinanciación de la sanidad y de la educación públicas. Esta polarización de la educación ha sido también apoyada, paradójicamente, por partidos de izquierda (como el PSC, durante la consejería del Sr. Ernest Maragall, entonces del PSC y ahora de ERC). Este último partido, hoy en coalición con JxCat en el gobierno catalán independentista, es responsable de Educación, proponiendo medidas de externalización de los servicios públicos (incluyendo educación y sanidad) que polarizarán todavía más la escuela catalana. Hay que subrayar que, en sanidad, el gobierno independentista ha sido el más privatizador de España.
Esta polarización de los servicios favorece a las clases de rentas superiores a costa del bienestar de las clases populares. Esta polarización social coincide, al mismo tiempo, con una polarización en el tema nacional. Los datos muestran una clara polarización en cuanto a las simpatías o antipatías de la población catalana hacia el independentismo, lo cual aparece con toda claridad en Barcelona. El voto independentista, aun siendo minoritario en todos los distritos de la ciudad de Barcelona, es mucho menor en los distritos de nivel de renta inferior a la media de la población barcelonesa que en los distritos de renta superior (a excepción de Sants-Montjuïc y Ciutat Vella).

6.- La utilización de la causa de defensa de los derechos humanos para promover la causa independentista es otra constante en sus posturas. Los partidos independentistas utilizan sistemáticamente la necesaria defensa de los derechos humanos (denunciando el encarcelamiento de los presos políticos) para promover el secesionismo, acusando de ambivalencia a aquellas fuerzas políticas que defienden lo primero pero no lo segundo, acusación que vierten constantemente sobre Unidas Podemos y En Comú Podem (confundiendo defensa de los derechos humanos con independencia). Esta acusación, hecha por Albano, Antentas y muchas otras personas de izquierdas independentistas o próximas al independentismo, es insistente, resultado de un intento sectario de utilizar, como ya he indicado, una causa (la defensa de los derechos humanos) para promover otra (el independentismo).

La escasa sensibilidad democrática de los dirigentes independentistas

7.- Añádase a lo anterior su arrogante y ofensiva presentación de ellos mismos. Los independentistas, incluyendo sus izquierdas, se presentan constantemente como los auténticos catalanes, los más patriotas, los más demócratas, dividiendo Catalunya entre los “demócratas” y los “no demócratas”, división que ha alcanzado unos extremos absurdos. Véanse las frases aparecidas en el programa de Xavier Graset en TV3 (que recibe 100.000 euros de fondos de la televisión pública de la Generalitat como salario), tales como “En Madrid gobernarán los del 155, el fascismo en estado puro. Una distancia de 625 quilómetros en coche y más de 50 años. ¿Un mismo país? ¡Bah! ‘La capital de Catalunya necesita ser efectivamente independentista!”, o “Colau se llama con el Ibex 35?”.

8.- Su supuesta superioridad democrática pierde credibilidad con sus prácticas antidemocráticas. Defienden el “procés” como fruto de su supuesto compromiso democrático, el cual violan constantemente. Un ejemplo, entre muchos otros, son las primeras declaraciones que hizo el candidato de ERC a la alcaldía de Barcelona, Ernest Maragall, al ser el candidato que consiguió más votos (solo unos 5.000 más) diciendo que su mayor deseo era nombrar Barcelona la capital de la inexistente República Catalana, cuando la mayoría de barceloneses no son independentistas. La limitada cultura democrática de tales partidos es precisamente su principal característica. Otra prueba de su falta de compromiso democrático es la abusiva y asfixiante monopolización de todos los medios de comunicación públicos de la Generalitat por parte del bloque independentista, una manipulación extrema que nunca ha sido denunciada por ninguna fuerza independentista.

En vista de todo lo anterior, es más que sorprendente la enorme tolerancia de la intelectualidad catalana hacia el “procés” y su olvido o ignorancia del enorme sufrimiento que impone a la población. Ha sido un gran error de las izquierdas no independentistas catalanas y españolas (a la izquierda del PSC), de no ser más críticas con el “procés” independentista “exprés”, basado en una serie de supuestos que podían mostrarse fácilmente erróneos. No hay duda de que algunos de tales dirigentes independentistas están privados de sus derechos fundamentales, cosa que debe denunciarse. Pero ello no puede ni debe suponer una falta de crítica e incluso denuncia del enorme daño que han causado a las clases populares de este país. Fueron precisamente las izquierdas catalanas las que se distinguieron por la defensa de los intereses de las clases populares y por la defensa de la identidad nacional de Catalunya, tal como el mismo Jordi Pujol reconoció. Estas izquierdas estuvieron hermanadas, durante la resistencia antifascista, en una lucha común para cambiar España. Siempre entendieron que el cambio en Catalunya era parte del cambio en España. Los dos estaban relacionados. El hecho de ignorar esta realidad nos ha llevado a una polarización y división de la cual solo la derecha reaccionaria española y también la derecha catalana se están beneficiando. Así de claro.