Una oportunidad para diplomáticos americanos árabes

Esta semana han llegado a la región los dos enviados especiales de Donald Trump para el conflicto israelo-palestino, Jason Greenblatt y Jared Kushner, el yerno del presidente.

De acuerdo con fuentes palestinas, los encuentros de estos dos enviados con el presidente Mahmud Abás no han sido fáciles, especialmente cuando Greenblatt y Kushner han acusado a Abás de incitar a la violencia, señalando que “terroristas” convictos están recibiendo una paga, aunque sea modesta, de la Autoridad Palestina.

Esta es una acusación que en los últimos meses hace con mucha frecuencia el primer ministro Benjamín Netanyahu, y se ha convertido en el meollo de la posición israelí con el fin de mantener la misma política expansionista de las pasadas cinco décadas en los territorios ocupados.

La réplica de los palestinos consiste en responder que si pagar a los “terroristas” es incitar a la violencia, Israel ocuparía el primer lugar. No solo los israelíes condecoran a presuntos criminales de guerra, sino que hace solo unos días pusieron el nombre de Yitzhak Shamir a un hospital. Shamir estuvo detrás de numerosas operaciones terroristas e incluso voló con explosivos el hotel King David de Jerusalén causando casi un centenar de muertos.

Abás bien podría haber recordado el caso de Eli Cohen, quien colocó explosivos en insituciones británicas y americanas de El Cairo a principios de los años cincuenta siguiendo instrucciones del Mosad, en lo que se conoce como Caso Lavon, que finalmente fue reconocido por las autoridades israelíes. Eli Cohen, convicto de terrorismo contra Estados Unidos, es uno de los nombres más comunes en Israel para colegios y otro tipo de instituciones.

Pero el recurso de Netanyahu tiene un objetivo claro: bloquear cualquier intento de resolver el conflicto.

También es sorprendente que Trump haya designado a personajes judíos conflictivos para resolver esta cuestión. A Greenblatt y Kushner se le suma el nuevo embajador en Tel Aviv David Friedman. Friedman y Kushner han donado dinero a alguna de las colonias judías más radicales.

La política que se inició tras la conferencia de Madrid de 1991 de designar exclusivamente a judíos americanos para mediar se ha revelado totalmente ineficaz. Pero ahora no solo se designa a judíos sino a judíos cada vez más radicales. Su participación en las negociaciones ha sido un fracaso contrastado, de manera que quizá sería el momento adecuado para designar como mediadores exclusivamente a un grupo de árabes.

Es completamente inconcebible que un presidente americano designe a árabes para mediar en el conflicto, pero el camino elegido por la Casa Blanca, los mediadores judíos, nos ha llevado a esta situación.