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Mis problemas con las etiquetas

13 Nov 2015
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Marta Espejo Rayo

 

Para los que nos preocupamos un poco por lo que comemos y lo que nos venden, a veces es una tarea de locos el mirar las etiquetas de los productos y encontrar alimentos que contengan la mínima cantidad posible de esos grandes desconocidos, los aditivos alimentarios.

Con esa letra minúscula, en el lugar de más difícil acceso a la vista, parece que nos quisieran esconder que esa lata de conservas lleva el componente más diabólico jamás fabricado.

En el etiquetado de los alimentos deben aparecer una serie de elementos obligatorios, como son la información sobre la identidad y la composición del alimento, sobre la protección de la salud de los consumidores y el uso seguro de un alimento y sobre las características nutricionales.

Pero no todo es tan bonito, poca gente se fija en todos los ingredientes que están escritos en letra de 1,2 mm, la falta de tiempo, la falta de información o directamente la falta de interés hace que el marketing de muchos envases nos engañe. Es un claro ejemplo el de un yogur líquido que decía tener sabor a fresa y en cuyo envase aparecía unas fresas de gran tamaño, hasta aquí todo muy bien, porque piensas que esto les vendrá muy bien a tus hijos para sus meriendas, pero cuando lees lo que contiene…¡Sorpresa!¡No lleva fresa! Y ninguna otra fruta, solo el colorante E-120 denominado acido carmínico, el cual se obtiene aplastando una gran cantidad de insectos de la familia de la cochinilla. Lo único que contiene relacionado con la fresa es el aroma ya que el reglamento permite este truco.

A veces, comer bien se convierte en una tarea complicada y para colmo la industria siempre va a ir por el camino de su beneficio, es por eso que usan algunas estrategias para engañarte. Aquí tenéis algunas de ellas:

• Cambio de nombre: el que un producto contenga azúcar en su etiqueta, hace que los consumidores lo rechacemos, pero la industria sabe que a más azúcar, más ventas, es por eso que usan múltiples nombres para nombrarla: fructosa, glucosa, dextrosa… y un sinfín de denominaciones acabadas en –osa que al fin y al cabo son azúcar.

• A consecuencia de esto, dado que el orden en el etiquetado debe ir de mayor a menor cantidad, usan estos distintos tipos de azúcar para que aparezca reducida la cantidad de cada uno y así dar la sensación de que su contenido es bajo en azúcar. Otra artimaña mas para confundirnos.

• Cero azúcar/Bajo en azúcar ¡Cuidado! Normalmente esto quiere decir que es alto en químicos. Reducir el contenido en azúcar, quiere decir uso desmesurado de endulzantes artificiales

• Productos light : En términos legales deben tener una reducción mínima del 30% del valor energético respecto al alimento de referencia. Es decir, son un alimento alterado, al que se le ha reducido artificialmente sus calorías. Al quitar la grasa natural, el alimento se queda sin consistencia y sabor, entonces le añaden todo tipo de aditivos como espesantes y otros carbohidratos de relleno.

• Tipo de aceite: Parece que la inmensa mayoría tenemos la idea de que todos los aceites vegetales son buenos, pero esto no es siempre así. Hay aceites vegetales como el de oliva que son muy interesantes para la salud, mientras que existen aceites vegetales saturados no tan aconsejables (el de palma o el de coco). Elige siempre productos con aceites de calidad como el oliva o girasol.

• La gran tapadera de los aditivos: muchas veces no entendemos las típicas denominaciones E-120 o E-338, un sinfín de aditivos que nos podemos encontrar. Aunque todos están aprobados por la Unión Europea, muchas veces una ingesta superior a la recomendada puede originar problemas en nuestra salud. A mí especialmente me preocupaba lo que era ese entramado de números, por lo que le di uso a mi Smartphone y descubrí que tenemos disponibles varias aplicaciones sobre aditivos alimentarios, en el que solo introduciendo el número del aditivo, nos aparecen sus características y posibles efectos adversos. No vamos a ser radicales y no comer alimentos que no contengan conservantes, colorantes o antioxidantes, pero la alimentación a base de productos frescos siempre será la mas apropiada para nuestro organismo.

Como bien decía el filósofo y antropólogo Ludwig Feuerbach, “somos lo que comemos”. Tener una educación básica alimentaria, nos hará realizar una compra más coherente y tener una alimentación más equilibrada.

Países como Alemania se han vuelto más rigurosos en su etiquetado y han prohibido sugerir con dibujos productos que los alimentos no contienen en realidad. Tenemos que hacer valer nuestros derechos como consumidores, ya que las etiquetas de los alimentos son importantes, pues nos proporciona los datos nutricionales de los alimentos que compramos.

Debemos usar estas etiquetas para ayudarnos a escoger alimentos más saludables, por eso recomiendo sacar las gafas (o una lupa de bolsillo) y pararse a leer las etiquetas. Como dicen algunas de las reglas de Michael Pollan, evita productos que contengan más de cinco ingredientes básicos o ingredientes que a un niño de primaria le costaría pronunciar. Compra alimentos frescos y simples y aléjate de los aditivos sintéticos.


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