Opinion · Dominio público

Las feministas

Rosa Cobo

Profesora de Sociología y Directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de A Coruña.

En estos últimos años han tenido lugar movilizaciones y acciones políticas feministas inesperadas y masivas. Después de décadas difíciles en las que la reacción patriarcal logró colocarnos a la defensiva y casi silenciarnos, hoy nuestra voz se vuelve a oír. Feministas del norte y del sur hemos creado un movimiento global más fuerte del que nunca imaginamos. El feminismo se ha extendido a todos los continentes hasta el extremo de que no se encuentra un solo país sin organizaciones u ONG’s que defiendan los derechos de las mujeres. Las vindicaciones feministas se han globalizado y hemos construido discursos y hemos protagonizado luchas políticas contra las prácticas patriarcales en todo el mundo.

El feminismo está viviendo un momento de éxito político. Sin embargo, hay que preguntarse por las razones de este resurgimiento del feminismo. Creo que este éxito del feminismo se debe a que hemos sabido apuntar políticamente a los lugares de mayor desigualdad y discriminación. Quizá la prueba de ello es que muchas mujeres que no se autodefinen como feministas se han sentido reconocidas en nuestras luchas políticas. La inteligencia estratégica y política del feminismo se ha puesto a prueba en este siglo. Hemos identificado al capitalismo neoliberal como una de las fuentes inagotables de explotación económica y de feminización de la pobreza hasta el extremo de que el anticapitalismo se ha convertido en un componente ideológico del feminismo del siglo XXI. Y también hemos desenmascarado al populismo de derechas con extrema rapidez. Las feministas no solo vimos a Trump como un enemigo de nuestros derechos sino que fuimos las primeras en responder con movilizaciones sociales en casi todo el mundo. Mientras la izquierda progresista se preguntaba qué había pasado, nosotras salimos a la calle como advertencia al presidente norteamericano. Y, desde luego, hay que señalar que el feminismo ha visibilizado la violencia contra las mujeres y ha convencido a sectores de población mucho más amplios que el feminista de que tantas violencias vulneran la democracia y cuestionan las bases mismas de la convivencia social.

En España, en 2014 nos movilizamos contra el intento de recortar el derecho al aborto por parte de Ruíz Gallardón, con el resultado de la dimisión del funesto ministro. En 2015, en las calles de Madrid las mujeres españolas convertimos al feminismo en un movimiento de masas contra la violencia patriarcal. El tren de la libertad y el 7N  estarán siempre en la memoria del feminismo español como el inicio de una nueva etapa de luchas políticas. En 2016 las mujeres polacas salieron a la calle inesperadamente contra el intento de prohibir el aborto en ese país, consiguiendo detener en el Parlamento esa reactiva iniciativa popular. Y en 2016 también las feministas argentinas reunieron a miles de mujeres en las calles para protestar contra la violencia al grito de ‘Ni una menos, vivas nos queremos’. En los últimos tres años se han multiplicado las manifestaciones de mujeres indias en su país contra la violencia sexual. Este mismo año hemos contemplado asimismo movilizaciones en Irán contra la obligatoriedad del velo. Y desde hace meses, el movimiento Me Too contra el acoso sexual está movilizando a millones de mujeres norteamericanas, movimiento replicado en otros lugares del mundo. Y eso es solo la punta del iceberg. Cada vez nos encontramos con más datos que nos indican que estamos viviendo los inicios de una cuarta ola feminista.

Se puede decir que el feminismo ha estado a la altura de la historia y ha sabido interpretar los intereses y necesidades de las mujeres. Y eso es lo que duele a las activas élites patriarcales. Los bárbaros del patriarcado están indignados porque saben que este movimiento que se ha puesto en marcha no se detendrá con facilidad. Se sienten interpelados. No soportan que las mujeres perdamos el miedo. Dos directores de cine, Hanecke y Woody Allen, entre otros, hablan de caza de brujas, ellos que nunca han hecho declaraciones públicas contra la brutalidad de la violencia hacia las mujeres. Algunas intelectuales francesas han firmado un manifiesto cuyo subtexto es la defensa de la masculinidad hegemónica más reaccionaria con el intento harto repetido de buscar un lugar bajo el sol patriarcal. Ciertos escritores patrios, que tampoco sintieron la necesidad de escribir contra la violencia de género, hoy se muestran escandalizados ante la crítica feminista al sexismo del lenguaje. Y algunos periodistas rancios tildan al feminismo de irracionalismo. Por no hablar de Ciudadanos, que nos acusa de ser antisistema por convocar una huelga el 8 de marzo. Los privilegios y los abusos necesitan del silencio para seguir existiendo y eso es, precisamente, lo que está en riesgo. Lo que está en juego es la cara más brutal del poder patriarcal y los privilegios masculinos más rancios. Las respuestas simbólicas y reales serán desmedidas porque el feminismo está luchando por el fin de la impunidad.