¿Por qué los ricos votan a Podemos?

01 Jun 2016
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Francisco Moreno
Miembro del Círculo de Economía, Ecología y Energía de Podemos (*)

“Yo respeto a la gente que votó el pasado domingo a Podemos porque es gente desesperada que ha perdido toda esperanza”, Eduardo Inda, La Sexta Noche.

El argumento que plantea el periodista Eduardo Inda, sencillo y contundente, proclama que la dura crisis económica y social que ha soportado España durante los últimos ocho años ha gestado una nutrida clase de ciudadanos que lo ha perdido prácticamente todo y que, desesperados, se aferran a un clavo ardiendo, en este caso a un partido populista que sostiene propuestas irresponsables. Por su parte, el grueso de aquellos ciudadanos que no ha sufrido con tanto rigor las embestidas de la crisis desoye los cantos de sirena, máxime si tomamos en consideración que la inviabilidad de las propuestas de Podemos resulta evidente para cualquiera con un mínimo de sentido común.

La sociedad ha sido expuesta a esta reflexión en infinidad de ocasiones y multitud de formatos: rigurosos programas de análisis político de radio y televisión, discursos de líderes nacionales e internacionales de reconocido prestigio, sesudos artículos de laureados escritores e insignes intelectuales, editoriales de periódicos conservadores y progresistas… Tantas veces hemos asistido a la presentación del mensaje que el imaginario colectivo ha llegado a interiorizarlo como uno de esos axiomas que permiten entender la realidad con criterio propio, libre de manipulación y con juicio crítico, como se espera de ciudadanos cultos e informados.

Si bien este argumento parece sostenerse por sí mismo, los datos ofrecidos por los sucesivos barómetros del CIS ofrecen contradicciones evidentes entre el estereotipo y las evidencias estadísticas. Cualquiera que decida escudriñar las tablas y cuadros de los barómetros del CIS con el propósito de caracterizar a la tribu de chavs que pretende subvertir el orden de nuestra flamante democracia occidental para vivir a la sopa boba de los bolivarianos, descubrirá, entre la incredulidad y el estupor, que la única clase social donde Podemos y sus confluencias se imponen sobre el resto de los partidos políticos es en la muy noble y aristocrática clase alta y media alta. El 24,4% de los encuestados entre la flor y la nata de nuestra sociedad recuerdan haber votado a Podemos o sus confluencias, frente a un 20,4% que recuerda haber votado al PP, segunda opción preferida en este sector social. Entre el resto, clases medias y obreros, Podemos es superado, bien por el PP, bien por el PSOE, así como en el recuento global donde, como es bien sabido, el PP es aún la fuerza política mayoritaria.

La primera reacción de aquellos que desconocen estos datos suele ser asumir que hay un error en la transcripción de los mismos, lo que normalmente se aclara con una simple comparación con los datos ofrecidos por los barómetros de meses anteriores. Y, a no ser que caigamos en un bucle conspiranoico de hackers podemitas, es ahora cuando nos enfrentamos con las reflexiones de más calado: ¿se han vuelto locos los ejecutivos del IBEX 35, los tiburones financieros y los brokers de la bolsa? ¿A quién se refiere Pablo Iglesias cuando habla del Partido del IBEX?

El barómetro del CIS aporta detalles adicionales que permiten indagar algo más en la composición de esta llamada clase alta y media alta. Directivos en un 13%. Técnicos, profesionales, científicos e intelectuales en un 83%. Y algo que parece encajar mejor con nuestros estereotipos: entre directivos y profesionales se impone tanto el PP (22,6%) como Ciudadanos (18,3%) frente al 17,4% de Podemos y sus confluencias. El IBEX estaría a salvo de la hidra populista, no así las universidades, los centros de Investigación y Desarrollo y los cuadros cualificados de las empresas. La primacía de Podemos entre los sectores mejor formados de nuestra sociedad también se refleja en los tablas del barómetro del CIS donde se cruza el nivel de estudios con el recuerdo de voto: el 22,2% de los ciudadanos con estudios superiores recuerdan haber votado a Podemos y sus confluencias, imponiéndose en este caso sobre Ciudadanos, en segunda posición con un 18,6%.

¿Cómo metabolizar que el partido de los desahuciados de la crisis sea también el preferido por los ciudadanos mejor formados y por aquellos que disfrutan de un estatus socio-económico más cómodo? ¿Una impostura propia de snobs sacados de una película de Woody Allen? ¿Una actitud insincera y pedante de gentes dispuestas a pagar más impuestos sobre la renta (recordemos la propuesta fiscal de Podemos) solo para dar la nota?

En los años 50 el profesor Milton Himmelfarb resumió una paradoja muy parecida en una frase que pasó a la historia: “Jews earn like Episcopalians and vote like Puerto Ricans”. Hacía referencia a los judíos norteamericanos, que disfrutaban de una posición socioeconómica alta y que, sin embargo, votaban mayoritariamente a los candidatos progresistas preferidos por las clases populares. Recientemente el empresario también judío, de origen argentino y ciudadano americano, Martín Varsavsky, explicó esta realidad, que sigue vigente, de la siguiente forma: “los judíos norteamericanos votan como europeos y por ser muy educados en su conjunto, no se sienten atraídos por personajes como Bush y Cheney que aplican el discurso del miedo”.

Europeísmo y educación. ¿Tendría sentido buscar una respuesta a la pregunta que da título a este artículo utilizando las mismas claves?

Martin Varsavsky asegura que pensar como un europeo para un judío norteamericano equivale a “estar a favor de un gobierno más activo en la economía, de un sistema de impuestos progresivo, de que existan más derechos laborales, de que se respeten los derechos de las minorías en general y todo lo que define a un progresista”, es decir lo que vendría a ser el consenso europeo previo a la contra-revolución thacheriana. ¿Quién, a día de hoy, propone recuperar las conquistas perdidas por las clases populares, retornar a un consenso que pivote sobre una fuerte cohesión social sostenida por un potente estado del bienestar y garantizar por ley un ingreso mínimo que evite la exclusión social de los sectores más vulnerables? Owen Jones, reconocido escritor y comentarista político inglés, argumenta en sus prestigiosos ensayos Establishment y Chavs, que el laborismo británico, equiparable en sus políticas a la mayoría de la socialdemocracia europea, se ha incorporado al establishment que ampara el modelo neoliberal y ha renunciado a representar a las capas más humildes de la sociedad, despreciadas y denigradas bajo el apelativo de chavs, y defiende que fuerzas más radicales eclipsarán a una socialdemocracia que ha renunciado a sus principios. Podemos sería por tanto, esa fuerza más radical, con un ideario netamente europeísta sustentado en los valores que caracterizaron a Europa Occidental desde la II Guerra Mundial hasta los años 80, que las clases acomodadas y mejor formadas de nuestra sociedad, al estilo de los judíos norteamericanos, han decidido apoyar mayoritariamente.

La educación como antídoto al discurso del miedo anti-Podemos sería también plenamente aplicable a nuestra situación. Al igual que los judíos norteamericanos rechazan los discursos de Bush y Cheney, los sectores más formados de la población española, con acceso a fuentes de información que superan a los grandes medios de comunicación de masas, son capaces de forjarse una opinión más independiente y menos sujeta a la manipulación.

En todo caso, la supuesta paradoja que plantea este artículo no sería tal si atendemos a lo que sería la propuesta fundacional de Podemos, una organización para los de abajo frente a la casta y que, lejos de quedar arrinconada en un extremo marginal del escenario político, ocupa el centro del tablero. El premio Nobel de economía estadounidense Joseph Stiglitz sostiene: “el 1% tiene lo que el 99% necesita”. Podemos aspira a ser el partido que mejor representa los intereses de ese 99% de ciudadanos honrados que se echan cada día el país a la espalda, y su posición mayoritaria entre las clases medias-altas y mejor formadas de nuestra sociedad no hace otra cosas que demostrarlo.

(*) El autor es miembro del Círculo de Economía, Ecología y Energía de Podemos si bien este artículo lo escribe a título exclusivamente personal y no representa una posición del Círculo y/o de Podemos.


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