el pingue

 

Diverxo

22 Dic 2009
14:10 
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Me resultó sorprendente que a las dos de la tarde la puerta del Diverxo estuviera rodeada de gente. Éramos unos cuantos los convocados a esa hora y nadie, tras un mes de espera, puede perder la reserva, imagino. La anterior vez que fui, cuando estaban en aquel diminuto local, me preguntaba cómo podían tener el valor de sacar adelante una propuesta tan rompedora , con el sacrificio que las instalaciones suponían: la ilusión.

Imaginaba que en este nuevo local, con un espacio más grande y acogedor, con  una cocina (espacio) a la altura de la imaginación de David Muñoz, todo sería más relajado pero me temo que no. Creo que me equivoqué. Al contrario de lo que podría ser una cocina acomodada, más sencilla técnicamente hablando,  lo que por allí aparece es la rebeldía y el inconforismo de un cocinero que hace bueno el dicho de Picasso: “la inspiración siempre me pilla trabajando”.

¿Cuántos platos recuerdas de un restaurante? Nunca se sabe. De muchos ninguno, de otros la comodidad, el frío de la sala, el café, el vino, pero de comida….. En Diverxo es difícil olvidar alguno de ellos como el rape, el mejillón, el bun de trompetas, el chipirón, el cochinillo….

No sé cómo calificar la cocina fusión de David Muñoz, pero sí sé qué me provoca: sorpresa, confort, recuerdos, y, muy pocas veces, desasosiego. Sin duda este es su año, el año de la consagración en guías y en crítica. Quizá vaya a ser el más duro, pues tendrá que convivir con la presión del tocomocho rojo, la propia y la que supone tener encima la mirada, a veces aviesa, de quienes no comprenden que cocinar es algo más que producir y mezclar alimentos con los que nutrirse.

Vale la pena pedir cita a “este médico” con un mes de antelación. Les aseguro que todo en Diverxo es el reflejo de la ilusión, la imaginación y el sacrificio, personal y familiar, de David Muñoz, Ángela Montero y de todo su personal. Hay que creer mucho en sus posibilidades para que quienes siguen con ellos al pie del cañón, enfrentándose a 14 horas de trabajo, no desesperen y busquen remansos más tranquilos.

Este fue el Menú. No tengo fotos porque no están permitidas, algo respetable, sin duda. Es su casa y “sus cosas”.

Mejillón tigre “estilo fusión” con escabeche de lima kéfir, sofrito de tomate y chiles y huevas de oez volador.

 

Erizos chilenos con ácidos, cítricos, picantes y foie.

 

Crema fria de coco verde y nuez de macadamia con cocotxas de salmón semi ahumadas, hirbas y picantes.

 

Bun de trompetas a la crema y piel de leche con ciervo y rábano.

 

Huevos con puntilla morcilla y oreja de cerdo, relleno de morcilla y yema de huevo de codorniz, oreja crujiente con salsa agridulce picante. Té verde aromatizado con lima japonesa.

 

Chipirón encebollado con tuétano, dim sum de piel de tinta, relleno de un guiso chino de chipirones, tuétano y crujiente de arroz. Té verde aromatizado con coco.

 

Gamba mediterránea frita al revés con yuzu, soja y mayonesa caliente.

 

Chili crab de txangurro, cangrejo de caparazón blando y pan de mantequilla tostada.

 

Rape chifa glaseado express con esparrago demantequilla tostada y yuzu, chips de raíz de flor de loto y sésamo negro.

 

Fritura estilo Diverxo. Cous-cous frito, cocotxa frita, espina de sardina frita, sardinas enanas y cabezas de camarones. Salsa ponzu y pulpa de tomate.

 

Bacalao negro mongolés con cheung fun de trompeta de los muertos y trufa de verano.

 

Filete de atún hagashi con boletus, ajo negro y horse radish helado.

 

Cochinillo cochifrito pekinés en dos vuelcos (crepes de piel de cochinillo cochifrito y hamburguesa al vapor de secreto de cerdo ibérico).

 

Canetón al curry sin coco de cacao y tamarindo, sus lenguas fritas y trigo con coco.

 

Tocino de cielo de mango con pimienta rosa, ruibarbo y coco.

 

Toffe de chocolate negro con té verde y trufa italiana.

Cal Campaner

15 Dic 2009
12:59 
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¿Se imaginan un restaurante al que irías a comer todos los días? ¿Un restaurante al que acudirías de rodillas, en acto de fe si llega el caso? Sí, queridos, Cal Campaner es uno de esos pocos que pueden decir que lo suyo es cocina de mercado y no mentir.

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Al fondo a la izquierda, tienen una capilla a modo de cámara frigorífica con cristal donde, en bandejas gastronorm  perfectamente ordenadas, se disponen tesoros de colores rojos, violetas, plateados, azulones, negros con puntas, blanquecinos y casi mutantes, ….., que parten hacia la plancha a petición del público que puebla y llena esta casa de comidas, pues es eso lo que es, más que un restaurante.

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Si en mi tierra están las que hacen guisos de callos, de verduras, de legumbres, asados, en Roses y en Cal Campaner se conservan cazuelas como la de callos de rape dignos de cualquier mesa de postín,  que  graba en tu memoria sensación de confort y  lo situas en días de invierno, en fotos en blanco y negro donde pescadores aprovechaban los menudos. Sí amigos,  casquería de la buena.

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Joan Romero domina la plancha como pocos y verle trabajar es una delicia pues desprende paciencia, tacto, seguridad y oficio. Arrebatar o dejar jugosas las piezas que van a la plancha es cuestión de segundos, no de minutos, y en Cal Campaner, antes y ahora, parece que paran el tiempo o quizá sepan tomárselo.  Gambas que al salir del hierro caliente conservan el coral cremoso y la carne nacarada; peces, como el San Pedro de la imagen, que mantienen la jugosidad y la gelatina de su piel intacta, a pesar de tener tostada la superficie; anchoas mollares, que ellos facturan con mimo, una a una, y que sirven regadas de un aceite de la zona del que haré acopio la próxima vez que vaya.

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Los postres no desmerecen pues la crema catalana es de aupa y los buñuelos auténtica repostería  de sartén. ¿Qué más se puede pedir? Pues un ambiente entrañable donde te traten con una sonrisa y buen humor, con la distancia adecuada, sin estridencias,  donde la gente ría, hable, y se chupe los dedos  recordando para la próxima que aquella es buena guarida para curar males del alma o del estómago, donde se cumple la máxima de Hipócrates, “Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento“. Pues que así sea.

Cal Campaner

Carrer del Mossèn Carles Feliu, nº23

Roses, Girona

tlf: 972 256 954

Ca la María

11 Dic 2009
14:30 
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A veces me pregunto qué es lo que determina la ruta de un crítico. Imagino que serán las recomendaciones de otros colegas, o los comentarios de los blogs, o quizá la aparición en guías… Realmente, ¿qué es lo que “incita”  la visita de tal o cual periódico, crítico, guía? ¿Álguien lo sabe?

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Hace unos días, durante un desayuno en el Congreso San Sebastián Gastronomika, Aduriz hizo mención a lo mezquino de ciertas actitudes a la hora de hacer crítica o crónica. Hablaba de las chinitas que se van tirando del tipo “este año no es como otros”, “no está fino”,”no me ha convencido”,……, granos de arena que se convierten en dunas y que, en muchos casos, minan los equipos de los restaurantes.

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En todo este mundo hay quienes quieren que los “presciptores” pasen por sus casas y hay quienes no quieren verlos ni en pintura. Estos últimos suelen colgar el cartel de no hay billetes muchos servicios, por lo que no necesitan la credibilidad o el marchamo de “recomendado” en tal o cual medio de comunicación.

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Todo esto para hablar de Ca la María, uno de mis restaurantes de cabecera, visitado por  mí cada año,  donde dos gladiadores de la cocina se las arreglan para seguir  adelante, donde se reinventan, invirtiendo parte de sus beneficios en obras para la mejora de la masía, para elevar un punto más la calidad de lo que se factura y del entorno…

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Los conozco desde hace más de 10 años . Mi pasión por su cocina me lleva a situaciones como el pedirme, por su parte, que no tenga reservas a la hora de emitir, cara a cara, mis sensaciones. Y así fue, media hora de charla en la que hablamos del menú, de mi opinión, como si yo tuviera algo interesante que aportar salvo mi visión personal sobre su estilo….

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Martí y Mari hacen una cocina salada y dulce muy por encima de la media, me atrevería a decir que en cualquiera de las provincias limítrofes o en cualquier otra parte de este país serían estrellados. Bien, ¿y qué aportan?  Muy fácil: organización, pasión, ganas y oficio, algo de lo que no está sobrado el panorama.

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Todo restaurante, a no ser que tengas chiringuitos extra de los que rascar algo, necesita buscar el equilibrio entre una cocina deseada y la demandada. A pocos, muy pocos, se les permite hacer lo que quieran, pero cuando eres dueño y obrero, cuando tienes letras y nóminas que pagar, has de medir el riesgo, no sin ello renunciar a tus principios ni tu estilo, y esto lo clavan en Ca la María.

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Pescados perfectos de cocción, apelación a la memoria gustativa, producto, imaginación, mesura en lo dulce y lo salado, verduras y hortalizas muy poco tratadas y de proveedores del entorno, con lo que se aseguran frescura y calidad. De nuevo OFICIO.

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No me gusta abrumar con explicaciones de cada plato, creo más en las sensaciones. De allí salí pensando en la palabra honestidad:

honesto, ta.

(Del latín honestus)

honesto, ta.

(Del lat. honestus).

1. adj. Decente o decoroso.

2. adj. Recatado, pudoroso.

3. adj. Razonable, justo.

4. adj. Probo, recto, honrado.

□ V.

estado honesto

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

RESTAURANT CA LA MARIA

Crta. Llagostera – Sta. Cristina Km 9
17240 Llagostera, Girona
TELEF: 972831334

El Bulli 2009

04 Dic 2009
19:13 
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La banda sonora del Bulli es Franks Wild Years, de Tom Waits. Extraña, amable, ácida, pacífica, sin referentes, ingenua, circense, mágica, dura, leve, intensa.

Eran las ocho de la noche y el coche de alquiler rateaba por las curvas camino de Cala Montjoi. El utilitario compartía aparcamiento con taxis, con grandes carros, brillantes, recién lavados, de los que descendían mujeres y hombres bien peinados, mejor vestidos y perfumados. Los flashes chocaban con las paredes blancas de la casona y poco a poco se encaminaban hacia la sala, no sin antes pasar por cocina. Abrazos, sonrisas, miradas atónitas y concentración. La función ha de comenzar y este año toca nueva, más allá de los clásicos, más allá de lo moderno, posiblemente una quimera o un hechizo, seguramente lo desconocido.

Cócteles que se mastican, ácido sobre ácido, calma, recuerdos,  caza que vuela y deja aroma. A veces un respiro, otras dulce y salado, pero también ácido. ¡No puedo más! Sí puedo.

Quesos, bocadillo, canapés, pollo, jamón, trufa y frutos secos. Y ácido, ¿pero no para?.  Sí, aunque son lentejas. Raviolis, caldos, mar, flores, montaña, eucaliptus, menta, té. Y entonces, ¿cuáles son los actos? No sé. Despierto a media noche. Miro al techo de la habitación. Recuerdo. Entonces duermo. Tranquilo.

¿Y si todo fuera un sueño? Comer en el Bulli ha supuesto un esfuerzo extra; interpretar o dejarse llevar, esa era la cuestión. ¿Buscar referentes? Imposible, aunque quizá sí se pueden encontrar  caminos comunes, productos cercanos, tratamientos simples. Los platos pasaban por delante con ritmo. Se agradecían parones. Tras momentos desconcertantes, en los que no te sientes cómodo pues sigues sin recordar, sin memoria gustativa, aparece una gamba de Roses, o tuétano y ostra calientes, o consomé, o caza,  … Pero siempre regresa la incógnita. Siempre el límite está muy cerca, y cuando crees que todo está superado aparece un nuevo grado en el umbral.

Sin embargo, todo es parte del juego. A veces el sabor gana la partida, otras tú lo derrotas. Las menos añoras pero, a veces, te sientes mal, incrédulo, sin saber cuál es el camino. Y te preguntas al final si volverías. Y no lo dudas: Sí. Y cuando sales ves sus caras, sonríen, siguen soñando, y mientras tú manejabas tus ojos de lado a lado, en círculo, los cerrabas, ellos estaban allí, en la sala donde soñar está permitido, donde todo es posible, regalando bandejas para que los actores principales del salón compongan, a veces, platos, aromas, texturas. Y piensas que eres un privilegiado, quizá un incosciente, quizá un cándido, pero retomas la carretera y allí dejas parte de ti, parte de la inocencia y no olvidas que quizá vuelvas y que la función ha de ser y será  distinta, o la memoria recordará lo bueno y, a veces, lo que no comprendiste. Tus ojos no perdonan, siguen sin hacerlo después de diez años. Allí sigo siendo feliz.

(¡SI VAS A IR, NO SIGAS!)

 

 

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Y suena  “Innocent when you dream (barroom)”.

San Sebastián Gastronomika. “Año 0″

01 Dic 2009
16:10 
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Hacía ya muchos años que no asistía a San Sebastián. Cuando la organización me hizo el ofrecimiento de participar, presentando -algo así hice, creo- un desayuno con Pedro Subijana, no dudé. Me pareció una oportunidad única, ya no sólo por conocer a una de las referencias de mi época de estudiante, sino por saber qué sucede cuando un congreso con tanta raigambre como era el anterior es rediseñado por otra organización.

Dar la vuelta a un tinglado semejante es una labor no hecha para perezosos. Cuadrar agendas y caracteres ha de ser una de las faenas más ingratas y desconocidas. Sin embrago,  como pude comprobar con Andalucía Sabor, hay algo que se percibe en el ambiente y es el de relajo por parte de los ponentes y cocineros.

En esta nueva etapa, en este “año 0″, aparecieron caras que habían sido “obviadas” de la escena donostiarra, siendo puntales de la  gastronomía mundial. Quizá este dato hizo que el congreso tuviera otro “alma”, más unión, quizá la ambición de agradar y de comenzar una nueva etapa, un esfuerzo extra para y por la gastronomía y sus amantes, en otras épocas, desolados.

Japón era el invitado y, sin duda, acaparó toda la atención pues era lo que solicitaba cada paso, cada ponencia que ellos daban. Si tuvo repercusión local me imagino la tendrá en su propio país pues no se doblaba una esquina sin que un camarógrafo o un fotógrafo estuvieran presentes. No voy a abundar en las crónicas que han hecho otros dos blogs, Observación gastronómica y Gourmet de Provincias, pues si se quiere saber a ciencia cierta qué sucedió allí, ellos son dos buenos referentes. Voy a hablar de quien yo creo que fue el protagonista indiscutible, junto a la “performance” del restaurante Mibu.

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Creo que la figura del congreso ha sido Aduriz. Sin duda el aplauso que suscitó fue unánime, supo crear una atmósfera adecuada e hizo lo que quiso con todos nosotros, incluso a alguno nos “tocó”. ¿Por qué negar que, a veces, una ponencia emociona? Quizá es lo que se le pide al ponente, un esfuerzo emocional.

La última vez que lo vi me pareció “nervioso”, incluso algo “espeso”, pero esta vez estaba relajado, con un auditorio dispuesto a enamorarse sólo si lo que allí sucedía era mágico. ¡Y vaya si lo fue!. A partir de ahora el huevo tiene, entre sus clásicos, uno más, el de Mugaritz.

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Enganchado me tiene lo sincero de Hilario Arbelaitz dando una lección de humildad y memoria gustativa, recordando, en sus platos, sus referentes. Alex Atala me pareció una figura rompedora, por su discurso cargado de belleza y compromiso,  y Jordi Butrón un libro abierto al que te enganchas y no encuentras razón para que se acaben las páginas… Me dejó un poco frío la tertulia entre Bras, Berasategui y Quique Dacosta. Quizá el formato, quizá la hora, quizá el escenario… Un tema a resolver: el horario… Creo que tendría que haber una campana que recordara al interviniente, al ponente, que tiene un tiempo limitado. Lo mismo que sucedió con esta ponencia sucedió con la de Adrià……

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En cualquier caso creo que este año, el comienzo de esta “era” de congresos en San Sebastián, augura un buen futuro. Se ven indicios de regeneración en este mundo,  hay problemas endémicos como los horarios difíciles de arreglar y otros que se solucionan, poco a poco, como es la relación más estrecha con el conferenciante, ponente,…

Para mí fue especial pues pude estar y presentar un desayuno con Pedro Subijana. Quienes asistieron en esas fechas a su restaurante hablan de “su buen estado de forma”. Yo, que no fui y he de hacerlo, hablo de que es un tipo que desprende honestidad, sinceridad y muy, muy poca tontería gratuíta.

Ahora queda esperar al del próximo año. Para quien asista y haya estado en otros, estoy seguro que será una grata sorpresa.  Dudo que la organización se acomode al éxito conseguido este año. Cada vez los congresistas, los expositores, los patrocinadores, exigirán más actividades y más baratas, más caso por parte de los cocineros estrella, más sinergias en su caso, eso sí, no dudo que lo de este año suponga un revulsivo y acicate para trabajar por la gastronmía, cada uno en su sitio, como empresario o como amante de algo que se hace, como dice Adrià, “por lo menos cinco veces al día”. Bueno, esto último sólo algunos…… Gracias a GSR por la invitación.