La utilidad de la censura

15 Jun 2017
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Hace unos días decía que la moción de censura de Podemos contra Mariano Rajoy estaba condenada a llegar a ninguna parte. Así ha sido, porque apenas sumó 82 apoyos de los 350 diputados de Cámara Baja –los de Unidos Podemos, Compromís, ERC y Bildu-y, por tanto, fracasó en su principal objetivo, echar al actual presidente del Gobierno.

Sin embargo, reconozco que la moción de censura resultó muy útil en términos democráticos.

De entrada, la intervención de Irene Montero, portavoz de Unidos Podemos, nos descubrió a una parlamentaria de altura, que poco o nada tiene que envidiarle a su antecesor, Íñigo Errejón. En el mar de mediocridad parlamentaria existente, hay que darle la bienvenida, y mucho más si es mujer.

Pero aparte de su oratoria de primer nivel, el pelotazo político lo dio cuando puso blanco sobre negro los 65 casos de corrupción de la A a la Z que el PP acumula bajo el mandato de Mariano Rajoy.

La retahíla, muy bien vocalizada y teatralizada, resultó ser una radiografía muy precisa y demoledora del PP, posiblemente el partido más corrupto de la UE.

Ni que decir tiene que la intervención fue muy celebrada en toda la izquierda, tanto por los votantes de Unidos Podemos como por los votantes del PSOE. Así nació un diagnóstico compartido.

La moción nos descubrió también a un Pablo Iglesias más contenido, que, pese a que Rajoy intentó que no apareciera como un hombre de Estado, logró en parte enseñar su perfil más amable y sosegado.

Sus continuos desbarres y sobreactuaciones –la mayoría de ellos, innecesarios- estaban hundiendo su imagen pública. En esta ocasión, estuvo duro, sobre todo cuando machacó a Rajoy al tildarlo como “el presidente de la corrupción”, pero moderado en las formas.

En el rifirrafe con Albert Rivera estuvo muy acertado al situar al líder de Ciudadanos como el “escudero” del PP. El regeneracionismo naranja se ha convertido en un trágala continuado con los desmanes populares.

Asimismo, la censura nos descubrió a un presidente del Gobierno que es incapaz de darse cuenta de que está sentado sobre un auténtico polvorín llamado PP. Nadie le discute sus buenas maneras parlamentarias, pero su ironía y su retranca empiezan a no tener ni chispa de gracia ante el saqueo continuado que han protagonizado militantes del PP en casi todos los territorios –y las maniobras de encubrimiento- de esa España que tanto aman y defienden… para exprimirla, ¿no?

Pero la moción sirvió principalmente para que PSOE y Unidos Podemos acercaran posiciones. Primero fue Pablo Iglesias quien entonó su mea culpa para acercarse a los socialistas.

Después de ponerlo en su sitio al recordarle que Rajoy estaba donde estaba por su culpa y al reprocharle el documento interno antisocialista que aireó El Independiente, el nuevo portavoz parlamentario del PSOE, José Luis Ábalos, hizo lo propio: “Compartimos diagnóstico, y a lo mejor en las propuestas no discrepamos tanto”.

La prueba evidente de que el acercamiento fue positivo para los intereses socialistas hay que buscarla en el editorial de El País del jueves 15 de junio. “Esta moción de censura –dice el rotativo madrileño- era un señuelo diseñado por Iglesias para atraerse al PSOE a un terreno en el que pudiera controlarlo. Desde ese punto de vista, no cabe duda de que Podemos han logrado un triunfo importante”.

Si tenemos en cuenta que Alfredo Pérez Rubalcaba es el autor o inspirador de semejante análisis –esta deriva empieza a ser ya una enfermedad-, Pedro Sánchez, que curiosamente escribía ese mismo día en El Mundo un artículo adelantando que buscará “cuanto antes” una mayoría con Unidos Podemos y Ciudadanos para desbancar al PP, debe estar más que satisfecho de una moción de censura que benefició especialmente al nuevo PSOE.


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