Salud mental en tiempos difíciles

Por Joseba Achotegui

Trump embistiendo a los inmigrantes: Trastorno por estrés post-TRUMP-ático?

26 Feb 2017
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Los ataques de Donald Trump a los inmigrantes, en forma de redadas masivas, acoso  y campañas de intimidación,  están provocando un gran sufrimiento a millones de personas que viven aterrorizadas, que no salen de casa por miedo a ser deportadas, que no acuden a las tiendas,  a los centros de reunión, al médico, a la iglesia…. Estos ataques están rompiendo familias, dejando desamparados a menores,  afectando gravemente a la estabilidad emocional de los inmigrantes.  Constituyen una forma de bullying estatal perfectamente planificado y desarrollado.

Ante esta situación, me surge la pregunta: se puede hablar ya de Trastorno por estrés post-TRUMP-ático? Si los ataques de Trump son  sinónimos de trauma para los inmigrantes,  es decir si podemos considerar que TRUMP = TRAUMA,  en los casos en que estos ataques den  lugar a trastorno mental,  por simple deducción, se puede al menos plantear el debate sobre el uso de este término. Por supuesto, lo planteo ante todo como denuncia de la situación.

La persecución de Trump sería un tipo de trauma perfectamente observable e identificable (ya se encarga él mismo de que sea bien visible su bullying, su amedrantamiento y acoso a los inmigrantes).

De todos modos se ha de tener en cuenta que aunque la persecución de Trump traumatice  a los inmigrantes, tendrán luego una gran influencia en que aparezca el  trastorno mental,  la fortaleza del sujeto y su capacidad de resiliencia. Y sabemos que muchos inmigrantes son personas sanas, fuertes, capaces de resistir el estrés aunque  sufrirán intensamente, pero sin llegar a desarrollar un  trastorno mental. También sabemos, que, en torno a un 20% de las personas (centenares de miles en este caso), en este ambiente de terror, desarrollarán  un trastorno mental, en la mayoría de los casos de tipo del Trastorno por estrés post-traumático (aunque no siempre es así, también pueden aparecer otro tipo de  trastornos).

Como es bien sabido, Donald Trump es hijo de inmigrantes, por parte de padre alemanes  y por parte de madre británicos, que llegaron indocumentados a Estados Unidos, como casi todo el mundo, por otra parte. En todo caso lo que es seguro es que nadie de su familia se acordó de acercarse a saludar amigablemente y presentar sus respetos a  los que ya habitaban el país desde hacía miles de años, por cierto recluidos  en inhóspitas reservas. Por supuesto, los Trump son el prototipo de gente que tras llegar ellos e instalarse,  están entusiasmados con la idea de tirar la escalera y que no entre nadie más. Una gente pues que no destaca precisamente por su capacidad de empatía.

La criminalización de la migración, convertirla en delito para justificar la persecución, como estamos viendo no solo en Estados Unidos sino en cada vez más países, constituye una de las caras más oscuras del siglo que comienza.

Como me escribía  hace unos días desde California un inmigrante latino  “Estados Unidos se está convirtiendo para nosotros en un lugar tan terrible,  que para nosotros, llamar al infierno es ya llamada local”.

jachoteguil@gmail.com

 


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