Opinion · La oveja Negra

Morir quizá no sea lo peor: exquisitez negra

Me gustan las personas extrañas, raras. Esas que no se comportan según lo establecido. Las extemporáneas que se niegan a seguir las modas impuestas. Las que dicen lo que piensan aunque estén equivocadas. A las que no importa provocar que los dedos se alcen a su paso para señalarlas. Las que logran con su presencia quebrar lo cotidiano. Esas a las que jamás alcanza la rutina. Las que rechazan la mediocridad uniforme del rebaño por la soledad libre del lobo. Extrañas, raras y únicas.

Me gustan los libros extraños, raros. Esos que logran abrir un espacio desconocido en tu cabeza. Los que no respetan normas establecidas ni criterios editoriales basados más en la mercadotecnia que en la aportación literaria. Libros que remueven cimientos y conciencias. Libros cuya campaña publicitaria es el boca a boca, que pasan de un lector a otro como un secreto. Libros inconformistas cargados de riesgo y de valentía. Libros que demuestran que todo se puede hacer de otra forma, que todo puede ser distinto. Extraños, raros, únicos.

“Morir quizá no sea lo peor”, escrito por Pascal Dessaint y publicado por Versatil, es uno de esos libros.

Jérômine Gartner es asesinada. Su cadáver aparece en su propia casa. La han estrangulado. La autopsia revela un dato extraño: en el esófago se hallan siete granos de arroz y siete fragmentos de metal. El Capitán Félix Dutrey es el encargado de llevar el caso y al indagar en el pasado de la víctima descubre que mantenía una relación muy especial con un grupo de amigos, todos ecologistas, todos idealistas. Pero algo ocurrió. Algo que de alguna forma rompió el grupo y a la vez lo mantuvo de alguna forma unido para siempre. Y ese suceso quizás oculte la clave del asesinato.

Escrita a cuatro voces y con continuos saltos temporales, “Morir quizá no sea lo peor” no es una de esas novelas que nos enganchan desde la primera página. Hay que transitar por el aparente caos del inicio en el que más de un lector se sentirá perdido. Pero es una sensación momentánea. Como esas figuras que se ocultan entre imágenes en 3D, poco a poco la trama se nos va revelando. Escrita con maestría y un admirable dominio del lenguaje, durante toda la narración flota algo inquietante, sexual, que atrapa al lector sin que lo perciba. Como casi siempre en la vida lo bueno se hace esperar.