Muy preocupada tras recibir este ataque policial

05 Sep 2017
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Cristina Fallarás
Periodista

Ayer lunes participé en el debate político de las Mañanas de Cuatro, como hago semanalmente. Cuál no fue mi sorpresa cuando, al salir, me encontré con un mensaje del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en Navarra.

Se trataba de una nota sobre uno de los temas televisados: La aparición de una pintada [la que aparece al inicio de este artículo] en el monumento a algunos asesinados republicanos. En su publicación de tuiter, el SUP afirmaba que hablábamos de esa pintada y no de las muchas relacionadas con ETA.

Lo primero que me sorprendió fue que me citaran solo a mí, ya que varios de los presentes en el programa comentamos el tema. E inmediatamente me di cuenta de la gravedad del comentario. Un grupo de policías estaba señalándome en relación con ETA por haber criticado una pintada filofascista. Y acusándome de callar ante el grupo armado.

Más allá de que se trata de una mentira hecha pública, y por lo tanto una calumnia, tanto ellos como cualquiera conoce las repercusiones de señalar a alguien y de acusarle de callar ante el terrorismo. Para empezar, que una vez publicado, son muchas las personas que lo leen y le dan crédito. En fin, no lo dice un troll, sino un sindicato policial. O sea, un grupo de policías. No será la primera vez que me insulten o amenacen por la calle a causa de mis opiniones y mi trabajo periodístico. Sin embargo, el hecho de que puedan escudarse en las afirmaciones de policías cambia la dimensión del asunto.

Por otra parte, el hecho de que miembros de un cuerpo de seguridad, funcionarios del Estado, pasen a valorar e intervenir en el trabajo de una periodista me parece extraordinariamente grave. Porque, tras señalar públicamente mi opinión en las Mañanas de Cuatro, el mismo SUP pasó a responderme que nos veríamos en los juzgados a causa de un reportaje mío publicado en CTXT y reproducido en este mismo medio, en Público.

Se trataba del Caso Sonko y, de hecho, de unas declaraciones de la periodista e investigadora Helena Maleno. Sonko fue capturado por la Guardia Civil en el mar, le quitaron el salvavidas y lo devolvieron al agua. Murió porque no sabía nadar, tras pedir desesperadamente auxilio. La Fiscalía ordenó investigar este caso y existe una condena del Tribunal contra la Tortura de la ONU al respecto.

Tras hacérselo saber, no solo no rectificaron sino que siguieron dirigiéndose a mí en tuits relacionados con ETA y el silencio, de forma que pedí al SUP y al Cuerpo Nacional de Policía, con copia al Ministerio del Interior, que tomaran cartas en el asunto. Sin respuesta. Algo que al principio había tomado yo como una metedura de pata de un policía en Navarra, pasaba a ser un movimiento de intimidación. El hecho de que un grupo de policías haga públicas opiniones sobre el trabajo de una periodista, siempre ligadas al silencio sobre ETA, cuando no veladamente al apoyo a la banda terrorista, supone un ataque serio a la libertad de prensa. O sea, se me señala públicamente con calumnias y se procede a ligar mi nombre con una banda armada, ETA.

Tras mis protestas respondieron: “No sea cínica, simplemente mostramos que ante una pintada llena medio programa y ante las pintadas diarias y homenajes se calla”. Más allá de que yo no decido los temas a tratar en Cuatro y me limito a dar mi opinión, mi postura sobre ETA es conocida, como sobre cualquier acción armada. Pero es que, además, la pintada en cuestión afirmaba que en las fosas todavía cabe más gente, una muestra de fascismo, una amenaza de muerte, un gesto a denunciar. ¿Cómo se atreven los policías a acusarme de callar ante el terrorismo? Lo pregunté, pedí que se presentaran pruebas de tal afirmación o les acusaría de un delito de calumnias.

Por toda respuesta, me atribuyeron públicamente un editorial de CTXT en que se analizan los hechos de Alsasua. Un editorial, como es sabido y por eso consta sin firma, refleja la opinión de un medio de comunicación, no de una periodista. Por eso, en este caso, media además la mala voluntad por parte de los funcionarios policiales.

Hasta tal punto llega su cinismo, que a raíz de mis quejas y las de numerosos lectores de sus acusaciones, responden que estoy “coartando” su libertad, y de nuevo ligando mis quejas al entorno de ETA:

Tal y como suponía, y como avisé desde el principio a estos funcionarios de la Policía, el hecho de que ellos me señalaran ponía en marcha una campaña de insultos y amenazas, algo que por supuesto estos policías no ignoran, de lo que cabría deducir que era su intención, ya que a eso se une el detalle de que solo usen mi nombre, y no el del resto de los periodistas que se encontraban en la mesa de debate:

Veo con sorpresa que hoy, martes, este grupo de policías sigue dirigiéndose a mí, utilizando términos como “le acusamos”:

Todo lo expuesto anteriormente responde a mi opinión sobre una pintada fascista aparecida en un monumento a un grupo de republicanos asesinados. Es decir, que un grupo de funcionarios de la Policía pasa a ligarme a ETA porque opino contra el fascismo. Y no solo eso, sino que para hacerlo publica una calumnia y me “acusa” de mi trabajo periodístico. Y no solo eso, sino que se dirige exclusivamente a mi persona, siendo varios los asistentes al debate.

No puedo dejar de ligar este comportamiento, a todas luces incorrecto y denunciable, con la multa que el pasado mes de mayo me puso la Policía Nacional durante mi participación en una manifestación contra los asesinatos de periodistas en México. Y, por lo tanto, con el aumento de las denuncias y atropellos que por parte de las Fuerzas de Seguridad a raíz de la aprobación de la Ley Mordaza.

Creo sinceramente que en una democracia que garantiza la libertad de prensa y expresión resulta muy muy preocupante que miembros de la Policía intervengan en el trabajo de los periodistas. Resulta muy muy preocupante que utilicen para ello la calumnia. Resulta muy muy preocupante que me relacionen con ETA por haber criticado una pintada fascista.

Sencillamente, estoy muy muy preocupada. Y no me gusta nada lo que se me viene encima.


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