La llamada del 15 de febrero para una protesta global

15 Feb 2013
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Hace diez años, millones de personas en el mundo entero dijeron “no a la guerra” el 15 de febrero de 2003. Ahora, decimos sí a la paz, sí a la desmilitarización, a llevar vidas decentes incluso a nivel económico, vidas determinadas por principios democráticos.

La invasión de Iraq todavía tuvo lugar tras las protestas de 2003, pero la violencia provocada por Bush quedaba aún más limitada que la infligida por el gobierno estadounidense en Vietnam una generación atrás. Nuestra vigilancia fue en parte el motivo de ello. De haber actuado antes, tal vez habríamos sido capaces de evitar la desastrosa invasión. Lo que hemos aprendido es que necesitamos más protestas a nivel global y solidaridad, nada menos. De hecho, de haber seguido energéticamente con las protestas, tal vez en los años que siguieron 2003 no habríamos sido testigos de la irresponsabilidad de los que crean las guerras, incluso de cómo se procesaban a los que, sabiéndolo, denunciaron los hechos desde dentro.

Esto no es una reunión festiva. Todavía tenemos con nosotros los mismos impulsos que nos llevaron a las calles en 2003; la misma mentalidad de guerra prevalece en el mundo de los negocios. Los políticos que apoyaron la guerra en Iraq controlan los sistemas de política exterior de los Estados Unidos, Gran Bretaña y de otros países. La demonización de Irán por los medios de comunicación dominantes es similar a la que se hizo con Iraq. Estados Unidos intensificó su guerra en Afganistán y lanzó una serie de “guerras sucias” más pequeñas en Yemen, Pakistán asesinando con aviones teledirigidos (los “drones”) y ahora con AFRICOM y otros mecanismos amenazan con una guerra perpetua tanto en África cómo en Oriente Medio. El “giro hacia el este” (“pivot east”) de la  administración Obama amenaza con una guerra fría o peor con China.

Algunos dictadores fueron sustituidos con las revueltas árabes, que alcanzaron un mayor éxito cuando se llevaron a cabo de manera pacífica por los ciudadanos, como en Túnez y Egipto, a pesar de la violencia impulsada por lo regímenes. Sin embargo, los regímenes del Golfo no solo se libraron de una vigilancia auténtica, sino que en realidad están moldeando gran parte del resto de la región en conjunto con EE UU y otras potencias de fuera. Incluso tienen a los EE UU proclamando su apoyo a la “democracia”. Gran parte de la riqueza procedente de los países del Golfo, al igual que los dictadores y sus camarillas, fluye en bancos de Occidente, en lugar de beneficiar a la población local. El pueblo palestino sigue sometido a no solamente la dominación neoliberal, como ocurre en muchas zonas del mundo, sino también al colonialismo de asentamientos de las fuerzas israelíes.

Estos problemas no son algo exclusivo de Oriente Medio. Estados Unidos tiene más de 1000 bases militares en todo el mundo. EE UU y Rusia poseen decenas de miles de misiles nucleares que están amenazando la vida en el planeta. Hace falta una transformación fundamental. Las Naciones Unidas han fracasado en su tarea esencial de proteger a las futuras generaciones frente a la lacra de la guerra.

No solo decimos “no” a la guerra, decimos además “sí” a la paz, decimos sí a la creación de un sistema social y económico que no esté dominado por bancos centrales y grandes instituciones financieras. No solo decimos “no” a la guerra, exigimos que se acabe con el despilfarro masivo de dinero en los ejércitos, mientras miles de millones de personas se están quedando cada vez más pobres, ya que unos cuantos obtienen enormes fortunas totalmente desproporcionadas con respecto a cualquier trabajo o ingenio suyos.

No solo decimos “no” a la guerra. Rechazamos un sistema económico que, en el nombre de la “competitividad económica”, enfrenta a los trabajadores en regiones y estados para que acepten trabajar por cada vez menos y en condiciones cada vez peores. A partir de las semillas anti-guerra plantadas hace diez años, queremos que la democracia global florezca, de tal manera que podamos decir en serio  “Nosotros, el Pueblo”, sin las jerarquías basadas en origen étnico, sexo, clase social o nacionalidad.

Noam Chomsky, As’ad AbuKhalil, Junaid Ahmed, Daniel Ellsberg, Bill Fletcher, Arun Gupta, Sam Husseini, Kathy Kelly, David Marty, Harpreet Paul, David Swanson, Deborah Toler


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