Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

Los niños no juegan

14 Oct 2007
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Definitivamente me he convencido de que los videojuegos son el canal de ocio más repulsivo e idiotizante que existe en nuestra sociedad. ¿Por qué no hay ninguno que no contenga violencia y ofrezca en cambio sensaciones o mensajes positivos de empatía hacia los humanos? ¿Por qué cuando se debate el aumento de violencia entre los jóvenes nadie arremete contra esta forma de creación/alimentación de sádicos? Bastante tenemos ya con la realidad y los informes de Amnistía Internacional sobre tortura y violación de los derechos humanos.

MARTA LANAU, Barcelona

Hacia 1900 Lyman Frank Baum escribió un libro. En el prólogo se quejaba de la crueldad de los cuentos europeos para niños. Tenía razón, claro: son aterradores. Se propuso escribir un cuento a la medida de su joven país, “un cuento de hadas modernizado, que conserva las maravillas y la alegría y prescinde de las angustias y las pesadillas”, algo positivo, sin maldad, sin dolor, sin sufrimiento, sin la violencia del folclore europeo. Le salió El mago de Oz y, en efecto, se convirtió en una especie de himno nacional de Estados Unidos. Es un cuento que sólo ofrece, como usted reclama, “mensajes positivos de empatía hacia los humanos”. Todos los adultos asesinos en serie, los que ordenan ejecuciones en Texas, los que bombardean países, los que torturan a presos… todos se saben de memoria ese cuento. ¿Son peores los adultos europeos, que de niños leían cuentos crueles?

La violencia, pienso yo, forma parte de la vida. La crueldad también. Y el abuso de poder. ¿Es mejor ocultarles eso a los niños o, como hacen los cuentos tradicionales, enseñarles a combatirlo y a darle sentido? ¿Es mejor mirar para otro lado?

Es el viejo dilema que desarrolló, entre otros, Anthony Burgess en La naranja mecánica. Cuando, en una sociedad perfecta, consiguen librar al protagonista de su violencia, al mismo tiempo le arrebatan su humanidad. Me temo que es así. Los videojuegos son igual que el folclore popular europeo, donde a unos les sacan los ojos, a otros los matan y a algunos los decapitan. Tienen, como decía Burgess de su personaje, las tres características de lo humano: amor a la violencia, amor a la belleza y amor al lenguaje. Desengáñese, Marta, los niños no juegan para entretenerse, sino para aprender a vivir. Y para ello necesitan abarcar la vida en su totalidad: por eso todos los juegos son un aprendizaje, también, de la violencia (y de cómo controlarla y enfrentarse a ella). Que los videojuegos promuevan la violencia en los adultos me da risa. Basta con ver las condiciones laborales de la mayoría para darse cuenta de que la violencia está en la sociedad adulta. Los juegos sólo se la explican a los niños.

RAFAEL REIG


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