Nuestro Melquiades
Tags:Echaré de menos tu ironía, tu sarcasmo, tu sentido común, tu sencillez y los finales de tus escritos. Esa última frase, concisa y directa que a veces sólo tenía dos palabras, con la que entrabas a matar. Sólo los que te leíamos siempre sabemos de qué hablo. Gracias por todo, compañero. Agur Javier.
MARINA PÉREZ LEZAOLA SANTANDER
El martes me llamó Marco Schwartz con la tristísima noticia. Conocí a Javier en la destartalada redacción de Público antes de la salida del periódico: Javier era un hombre muy generoso y perdió el tiempo dándome consejos. Siempre me llamó “chaval”, por puro cariño y a despecho de mis canas. Tenía la virtud de convertir las ideas en cosas, encontrando el ejemplo exacto que las hacía evidentes, como si pensara con las manos: lo que escribía se podía tocar y apretar en un puño. Con Marco, que es barranquillero, nos acordamos de Macondo, cuando el pueblo era tan reciente que aún no había ni un solo muerto ni cementerio. Como en este periódico.
Ese martes tenía una charla en el Instituto Renacimiento. Sobre Larra, precisamente: el santo patrón del columnismo político. Javier también “murió de tener razón”, de razonar en lugar de embestir (como diría Machado). Por la tarde, estuve tomando whiskies con Ane, la hija de Javier. Hasta el último momento, me dijo, se negó a dejar pasar una coma mal puesta. Todo lo perdonaba, salvo esa coma entre sujeto y predicado: no te abandones, chaval, respétate un poco, me regañaba. Creo que Javier se hubiera descojonado de sus necrológicas: todos los muertos son buenos, chaval, eso ya se sabe. Él lo fue en vida, sin necesidad de este trámite que le parecía vulgar y demasiado obvio.
El primer muerto de Macondo fue Melquiades: el hombre sabio que nos hizo conocer el hielo. A pesar del incomprensible trámite, de la obviedad de morirse, Melquiades nunca abandonó Macondo: volvía siempre a echar una mano. Espero que Javier haga lo mismo. Espero poder seguir escribiendo a su sombra y confío en recibir su bronca jovial y merecida por cada coma innecesaria. Seguiremos leyendo los pergaminos de Melquiades hasta entender por fin que tratan de nosotros.









Comentario por Félix Población
30/04/2009 @ 07:01
Eché de menos leer ayer lo que has escrito para hoy. Estas cosas hacen más bueno el oficio del escritor público. Saber y comprobar que con la palabra de cada día, tan mal empleada por tantos y tan sucia a menudo por la sombra del poder, se puede celebrar a quienes se nos van como Ortiz, dando noticia incluso del punto final y dejando toda una vida descrita con las comas bien puestas, las ideas claras y las palabras en su sitio.
Comentario por RGAlmazán
30/04/2009 @ 07:32
Para los que le conocíamos siempre fue un periodista de cabecera. Todos los días disfrutábamos cuando metía el dedo en la llaga y cuando vociferaba contra viento y marea sin mordaza alguna. Javier idealizaba Jamaica, Reig, tú lo haces con Macondo. Yo lo tendré siempre a mano, en Jamaica, en Macondo y en mi ordenador.
Gracias por recordarle, amigo.
Comentario por Maribel
30/04/2009 @ 09:47
Con Javier me ha pasado como contigo, Rafael: os conozco desde siempre.
Cuando leí la noticia comentada por él mismo recordé algo sobre el principio de modestia y volví al párrafo: “el militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere (…)”. Y se me hizo un nudo.
Pues eso, a seguir razonando aunque se vaya la vida en ello.
Comentario por Belén
30/04/2009 @ 09:58
Pues no te abandones, chaval. Haz caso al jefe, que te seguirá vigilando desde Ítaca.
Comentario por Diego Fernández
30/04/2009 @ 16:15
Descanse en paz.
Saludos,
Diego
Comentario por Pepe Mendoza
30/04/2009 @ 22:42
Dos veces tuve el honor de hablar con Javier. Una, en Madrid, en un encuentro de Página Abierta. Otra, aqui en Cádiz, cuando Rafa Lara le invitó a dar una charla sobre no recuerdo qué tema (daba igual, el hablaba con fundamento sobre cualquier cosa). Entre medias, le pedimos una firma de apoyo para Rafael Travieso, un insumiso portuense. Nos regaló una columna en El Mundo que todavía conservo. Recuerdo que ese manifiesto de apoyo a la insumisión lo enviamos a un montón de intelectuales (más de los que realmente había en ese momento en España)y sólo contestaron tres: Manuel Vázquez Montalbán y Forges, que se tomaron la molestia de llamarnos por teléfono, y Javier. No nos abandonemos y no abandonemos, chavales, que él no lo merece.
Comentario por Benjamin 1977, ameba venida a más...
01/05/2009 @ 00:45
Me he quedao blandito leyendo esta sección, gracias a Javier vuelvo a leer prensa. Mis amigos ya me piden perdón cada vez que utilizan mal la palabra ”radical” aplicándole el significado de extremista. Fue si no el primero el segundo articulo que publicó en este peridicó, donde se consideraba radical, yendo a la raiz del asunto sin andarse por las ramas. Junto con estas cartas con respuesta fue responsable de que comprara el periódico a diario. Me hubiese encantado darle las gracias en vida, envidio a los que lo conocisteis. Me ha gustado leer vuestras experiencias con él, de modo que gracias a todos. Os acompaño en el sentimiento.