Y el dios de Rajoy nos trajo el ébola

matoResulta que, según algunas nada disparatadas estimaciones, unos 800.000 jóvenes españoles con estudios superiores han tenido que emigrar de España y el virus del ébola se acaba de instalar en nuestro país. Yo quizá peque de un poco paranoico, pero no puedo evitar el relacionar ambos hechos. Incluso remitiéndome a las cifras. El ébola entró en España por la decisión gubernamental de traerse de África a dos curitas ancianos pertenecientes a la orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios, congregación religiosa multimillonaria con no escaso ánimo de lucro. El pasado año movió 13 millones de euros, y no los gastó en caridad, sino en especulación financiera.

A pesar de la intención de la pudiente orden de los Hospiatalarios de pagar de su bolsillo las repatriaciones de los dos sacerdotes fallecidos, Mariano Rajoy decidió de repente –y una decisión de Rajoy debería ser noticia de portada— tomar una decisión. Nuestro Gobierno, de nuestro propio bolsillo, pagaría las repatriaciones. Como estamos en una democracia transparente, nadie ha hecho público el coste de ambas repatriaciones. Aunque a mí me han soplado fuentes militares que cada una de ellas, incluyendo personal, avión medicalizado, coches blindados y tanquetas militares custodiando la ambulancia hasta el Hospital Carlos III, y tal, puede haber rondado los 800.000 euros. Pongamos, por redondear, que traer a morir a España a los dos beatos y admirables ancianos millonarios nos ha costado 1,5 millones de euros.

sanA mí me encanta rescatar curitas abandonados de las garras de ébola, pero es que la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios tiene 13 millones de euros a través de su sicav y de un fondo del Banco de Santander, desde donde especula en activos financieros y esos productos tóxicos tan del espíritu. El ébola, nos dirá pronto Dolores de Cospedal, es una nueva plaga bíblica desatada por Dios para frenar el ascenso de los luciferinos de Podemos. Y por eso este piadoso gobierno del PP ha facilitado con su inepcia la acción divina y la entrada del ébola en España.

Los 13 millones de patrimonio financiero de la “rescatada” orden de los Hospiatalarios superan en un millón la cantidad presupuestada por Educación para que nuestros jóvenes se vayan de Erasmus a Europa a no parar de follar y a ganar el premio Nobel por descubrir la vacuna del ébola.

Que se subvencione el millón y medio de los viajes estigios de dos sacerdotes de una sicav que maneja 13 kilos, mientras se recorta a 12 millones nuestra aportación para que la gente estudie en el extranjero, me parece una inteligente forma de propagar el ébola en España, y el ateísmo, y la gripe aviar, y la estupidez generalizada, y las obras literarias de Ana Botella.

Ahora la repatriación de estos dos sacerdotes de una orden millonaria y especuladora le ha costado a nuestro país pasar a la historia como el primero de Europa que aloja el mortal virus, noticia que sin duda va a atraer ingentes masas de turistas, inversiones extranjeras, rodajes de superproducciones hollywoodienses y más proyectos de Eurovegas.

Ser la puerta de Africa a Europa, con toda la tranquilidad sanitaria que eso conlleva, le ha permitido al gobierno madrileño del PP, con la connivencia del central, desmantelar el único hospital de referencia para enfermedades raras y despedir a su personal especializado. Y así pasó lo que pasó.

Ahora anda el ébola por Madrid. No se sabe si en plan gamberro o de tranqui. Pero de momento estoy seguro de que el Gobierno español va a pagar una cantidad deliciosamente seiscerista a más de una empresa farmacéutica para que nos salve de su idocia. El problema es que ahora, incluso, se le van a poner flamencos a Rajoy los ricos. Porque nadie puede garantizar que el ébola no se cuele en la camita de una niña de Serrano ni en la juguetería de Froilán.

Y el ébola no es una coña. Por mucho que nos intenten convencer a los periodistas de que seamos prudentes y de que no creemos alarma en los five tea de las cinco de las marquesas. Pues sí que hay alarma. La media demoscópica de los hechos es irrefutable: nuestro sistema sanitario produce un contagio por cada dos tratamientos. En la calle, por lo tanto, podemos esperar una pandemia, sobre todo si la gestiona la gurteliana Ana Mato. O Mariano Rajoy, que sigue insistiendo en su promesa de gobernar como dios manda. Y Dios, a través de su orden religiosa y multimillonaria con sicav, es el que le ha metido a Rajoy el ébola en España. Ya hay síntomas entre la población. La diarrea de Rajoy no era solo mental. Es sistémica.