Apuntes peripatéticos

«Música» no tan callada

Uno va y viene, observa, toma nota, habla con el personal y luego cumple lo mejor posible con esta cita semanal. A menudo, la reacción de los lectores anima a seguir. Los comentarios sobre los vencejos del otro día me han hecho feliz. No sabía que Apus apus era tan popular. Desde aquí mi sincero agradecimiento. Añado que también se fijó en ellos Antonio Machado y que acompañan en el postrer trance a su filósofo Abel Martín, revoleando al atardecer en torno a un cercano campanario.
¿Y el apunte de hoy? He estado brevemente en Zafra, que es una maravilla. Y he parado... en el Parador. Y me ha molestado la "música". Y he protestado. Y digo lo siguiente. A lo largo y a lo ancho de España, de oriente a occidente, de las regiones septentrionales a las meridionales, los Paradores Nacionales se empeñan en brindar a sus clientes (en pasillos, patios, comedores, bares) "música" no solicitada, pero se sobreentiende que necesaria y placentera. En el patio del de Zafra no basta el arrullo de la hermosa fuente con sus tres chorros. No. Hay que darle al botón y añadirle "música". Considero que ello constituye una imposición intolerable. En el parador de Antequera me dijo hace unos años la camarera, extrañada: "¿Pero a usted no le gusta la música?". Y en el de Santa Catalina, en Jaén, al explicar que no tenía ganas de escuchar a Barbara Streisand mientras desayunaba en un castillo medieval, me contestaron que venía por internet, como si ello constituyera una garantía irrefutable.
¿Es miedo al silencio? ¿A estar solo?