Alterar la convivencia

El atentado de ayer ha cambiado todas las actividades de campaña de los partidos políticos, las programaciones de televisión, ha copado las portadas de todos los diarios, las emisiones de radio, y también este artículo. Ya tenía escrito otro, que los acontecimientos convierten en inoportuno. En definitivas cuentas, los terroristas se salen con la suya. Alteran la convivencia y el funcionamiento normal de la sociedad. Ahora se trata de que el éxito no sea completo. Ellos piden la abstención. Y también la división. Por eso, lo único que podemos esperar “los ciudadanos de bien”, es que no se utilice este atentado como las cuñas de madera que se clavan en las moles de granito y que, tras empaparlas de agua, terminan partiendo el bloque en dos. Lo peor que les podría ocurrir a los que han asesinado a este hombre es que los partidos dieran un cheque en blanco a quien lleva la política antiterrorista, el Gobierno, en la fe absoluta de que su intención, como no puede ser de otra manera, es acabar con ellos. Todos deseamos que este muerto sea el último, pero eso no depende de nuestra voluntad. No está en nuestras manos. Lo que sí está en las suyas, señores candidatos, es dejar de utilizar el terrorismo como un arma electoral. Dejar de sembrar la sospecha y la duda sobre los que tienen que llevar adelante esa lucha, aunque se equivoquen, en la seguridad de que lo hacen por el bien de todos. Para muchos, el espectáculo obsceno del uso del terrorismo como argumento político de afianzamiento y captación de votos, o de desgaste del rival, es un mensaje de aliento a la banda terrorista en la medida que multiplica la rentabilidad de los crímenes. Por favor, dejen descansar a los muertos. No vuelvan a utilizarlos como metralla. Reflexionen.