Opinion · Balagán

Los civiles de Goldstone

El telediario del Canal 2 de la televisión israelí recordaba anoche que recientemente el juez sudafricano Richard Goldstone explicó que, cuando aceptó el encargo de la ONU para investigar la invasión israelí de Gaza, esperaba críticas de la comunidad judía, aunque no de una manera tan personal como las que recibió. Parece que Goldstone no ha podido soportar más esas presiones y ha repudiado el informe que lleva su nombre sobre la invasión de hace dos años, en la que murieron más de 1400 palestinos, en su mayoría civiles, incluidos cientos de niños, y 14 israelíes, en su mayoría soldados.

Goldstone no ha podido soportar el ostracismo al que ha sido sometido por la comunidad judía, incluida la comunidad judía de la sinagoga de Sudáfrica a la que acude con su familia, que recientemente no le permitió leer el Pentateuco en la ceremonia de bar mitzva de su nieto.

El uso indiscriminado de fósforo blanco en zonas civiles densamente habitadas fue una de las marcas con las que Israel sazonó la invasión. La desproporcionada muerte de civiles no fue una ocurrencia aislada. En el conflicto inmediatamente anterior, la invasión de Líbano de 2006, el Ejército israelí mató a más de un millar de libaneses, y casi todos eran civiles. Detrás de estos dos aconteciminetos se constata la existencia de un patrón de comportamiento habitual.

Para justificar sus ataques, Israel tendría que dejar de construir en los territorios ocupados, incluida Jerusalén, y retirar a sus tropas y a sus colonos. Sin embargo, lo que Israel ha venido haciendo en los últimos años es justamente lo contrario: impulsar las colonias y desplazar a su población a los territorios palestinos. Y esto ha sido posible gracias a la connivencia de Estados Unidos y la Unión Europea.

De todas maneras, aunque Israel se retirara, seguiría siendo imperdonable el porcentaje tan alto de muertos civiles árabes que hay en todos los enfrentamientos de Israel con sus vecinos.