Una china en el zapato

La sangre de los números

Si antiguamente se decía que "la letra con sangre entra", ahora parece que son los números los que entran con sangre. En el sistema sanitario, el cero, el número del déficit, debe conseguirse como sea, reduciendo el número de pacientes, de camas o incluso de enfermedades. En educación las cifras para la enseñanza pública menguan paulatinamente. Con la reforma laboral todo son cálculos a favor del beneficio del "mercado", sin otra consideración. Esta obsesión por medir, por tasar, deja al margen el factor humano, reduciendo la sociedad a una cantidad medible, a un cúmulo de cifras. Bienestar, seguridad, educación, solidaridad parecen ya lejanos conceptos abstractos de otra época.

     Los actos del pasado domingo se valoraron por el número de manifestantes más que por la diversidad de personas que coincidieron en la reivindicación: las que tienen trabajo y temen perderlo, las que se dedican a una actividad precaria, las que están en paro. Se vieron cifras, no seres humanos. Un tuit que circuló después de la marcha decía: "Público: "Más de 500.000", El País: "Cientos de miles", El Mundo: "Decenas de miles", ABC: "Miles", La Gaceta: "181.000 euros."

     Con esa mirada se ha convertido la democracia en una versión bursátil de la voluntad soberana y a los ciudadanos en meros consumidores. Cuando Guindos no contesta al diputado de IU en el Congreso, lo hace como si el número de escaños que lo avala justificara su actuación, en un gesto sangrante de desprecio democrático. Es su medida de las cosas.