Ciudadano autosuficiente

La importancia de ser bicicletista

Imagen: Biblioteca Digital Hispánica - BNE

Sería más correcto llamarle ciclista, pero el Diccionario de la Academia establece que el ciclismo es un deporte, que se practica montando en bicicleta. Aquí nos vamos a referir al que usa la bicicleta para sus desplazamientos cotidianos.

Aproximadamente el 4% de las más de 15.000 personas que han respondido en España a la encuesta "Averigua el tamaño de tu huella ecológica" marca la casilla "bicicleta" en la pregunta: ¿Qué vehículos usas por lo general para tus desplazamientos? El 65% dice usar el coche, el 20% el transporte público, algo más del 8% el caminar y alrededor de un 3% la moto u otros vehículos urbanos como el patinete eléctrico. Estas cifras son coherentes con la realidad del transporte en nuestro país.

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De manera parecida a como ocurre con el veganismo o una dieta baja en carne, sería interesante saber si podemos hablar de un estilo de vida bicicletero. También cabe preguntarse si su perfil es parecido al de los peatones, que declaran caminar como vehículo cotidiano preferente. En paralelo, podemos examinar algunos aspectos del estilo de vida de los usuarios del coche y el transporte público. Con este fin, a continuación se muestran los resultados de los cruces de la pregunta "vehículo usado en desplazamientos cotidianos" con otras cuestiones que plantea la encuesta.

Instalación de calefacción
Si cruzamos los datos de "vehículo usado en desplazamientos cotidianos" con "tipo de instalación de calefacción", se ve que los usuarios de la bicicleta tienen el sistema de confort doméstico más endeble, pues un 33% declaran no tener ninguno, tres veces más que los usuarios del coche o el transporte público. El 23% de los caminantes dicen lo mismo. Usar la bicicleta o caminar y carecer de un sistema fijo de calefacción indica una huella ecológica muy baja. La pauta de sistema de calefacción de los usuarios de transporte público se superpone estrechamente con la de los usuarios del coche. Los caminantes quedan casi justo en medio de los dos extremos.

Aire acondicionado
Lo mismo ocurre más o menos con el disfrute de una instalación de aire acondicionado, cosa que hacen solo el 29% de los que usan la bicicleta contra el 45% de los que usan el coche. Los peatones se aproximan mucho a los ciclistas en este aspecto, y los que usan el transporte público a los que usan el coche.

Estilo de uso de la climatización
La pauta se repite cuando cruzamos los datos de vehículo usado con el estilo de uso de la climatización. Un 54% de los bicicletistas declaran hacer un uso cuidadoso y austero de la calefacción, 20 puntos más que los usuarios del coche (34%). Los que caminan (48%) y los que usan el transporte público (45%) se sitúan entre ambas posiciones extremas. Por lo que respecta a cuántos confiesan derrochar calefacción, solo un 4% de los usuarios del transporte público reconoce hacerlo, la mitad que los usuarios del coche (8%). Los caminantes (7%) y los bicicletistas (6%) quedan en medio.

Aislamiento térmico y electrodomésticos con etiqueta A
No hay relación clara entre tener dobles ventanas o ventanas de doble cristal y el vehículo usado, aparte de que los usuarios del transporte público declaran carecer de ellas en mayor proporción (43%), contra 36% de los ciclistas. Algo parecido ocurre con la disponibilidad de electrodomésticos con etiqueta A. Los bicicletistas declaran tenerlos en una proporción ligeramente más elevada que el resto. Al mismo tiempo, arrojan el porcentaje menor (24%) de ignorancia de la clase energética de sus aparatos, mientras que los caminantes declaran esta circunstancia en un 32%, casi como los conductores de coche (31%) o los que van en transporte público (30%).

Tiempo consumido en los desplazamientos
Cruzando los datos del tiempo que se tarda en los trayectos cotidianos con los vehículos usados, se ven dos pautas distintas. Solo el 10% de los caminantes declaran tardar más de media hora en su desplazamiento, lo que indicaría un límite de dos o tres kilómetros de recorrido. Los ciclistas vienen a continuación, con un 11% que supera la media hora de tiempo de trayecto, lo que puede indicar unos 10-15 km de trayecto medio.

Es muy llamativo que solo el 18% de los conductores declaren tardar más de 30 minutos, mientras que un 40% de los que usan el transporte público dicen que tardan más de media hora. En general, los usuarios del coche tienden a reducir el tiempo real de recorrido (por ejemplo, no toman en cuenta los atascos) mientras que los usuarios del transporte público tienden a hacer lo contrario.

Frecuencia de compra
Por lo que respecta a la relación entre el vehículo usado para desplazamientos cotidianos y la frecuencia de compra de artículos de primera necesidad, se ve que tanto los que usan el coche como lo que emplean el transporte público tienen la misma pauta, con una frecuencia muy alta de compra semanal y muy reducida de compra mensual o diaria. Bicicleteros y caminantes tienen frecuencias más altas de compra mensual y diaria y más reducida de compra semanal.

Plantas
Los bicicleteros manifiestan una relación con las plantas más estrecha que los que usan el transporte público, un 58% de los cuales declaran tener a lo sumo unas pocas macetas. Caminantes y usuarios de coche tienen una pauta intermedia. Un tercio de los ciclistas y más de un cuarto de los usuarios del coche declaran disfrutar de un buen jardín.

Fontanería economizadora
Los usuarios del transporte público tienen menos elementos de fontanería economizadora (un 30% dice que no tiene ninguno) que los usuarios de la bicicleta (solo un 21% dicen carecer de ellos, y un 52% dicen tener varios). Caminantes y usuarios de coche ocupan posiciones intermedias.

Logos indicadores de componentes tóxicos y peligrosos
Lo mismo ocurre ante la pregunta de si se evitan comprar productos con logos de toxicidad. Los bicicletistas tienen una pauta bastante diferente de los conductores de coche. Los primeros rechazan los logos más (60%) que los segundos (40%) y reconocen no fijarse en los logos menos (30% contra un 50% de conductores que dicen no prestar atención a los logos de toxicidad). Nuevamente, caminantes y usuarios del transporte públicos están aproximadamente entre ambos extremos.

Carnivorismo y veganismo

¿Tendrá alguna relación el uso de la bicicleta con el vegetarianismo? Esta idea se confirma en las respuestas a la encuesta. Un 28% de los bicicleteros se declara vegano, siete veces más que los conductores de coches, de los que solo un 3% confiesa su veganismo. En el extremo opuesto, solo un 7% de ciclistas aseguran ser muy aficionados a la carne, contra un 15% de los conductores que se declaran fanáticos de los chuletones. Tanto los usuarios del transporte público como los caminantes tienen una pauta intermedia entre los dos extremos anteriores, aunque los peatones parecen tener un sector propenso al veganismo que está ausente en los que usan el transporte público.

Contenedores de reciclaje
Los ciclistas tienen más contenedores de reciclaje en casa que los conductores de coche. Un 76% declaran tener tres o cuatro, contra un 56% de conductores que dicen lo mismo, y solo 8% dicen no tener ninguno, contra un 20% de conductores que dicen carecer de opciones de reciclaje en sus casas. Nuevamente, caminantes y usuarios del transporte público ocupan posiciones intermedias, más cercanas a la pauta de los conductores.

Alimentos frescos y procesados
Cotejando la pauta de compra de alimentos con el vehículo utilizado, nuevamente los usuarios de la bicicleta destacan por el lado de la compra de alimentos frescos y a granel. El 46% declara decantarse por esta modalidad, frente a un 16% que dice lo mismo entre los conductores de coches. Los usuarios de transporte público se parecen mucho a los conductores de coches a este respecto mientras que los caminantes se acercan más a la pauta de los ciclistas. Ninguno de los grupos declara inclinarse por la comida procesada y empaquetada más de un 4%.

Resumiendo, los usuarios de la bicicleta muestran una pauta de estilo de vida apreciablemente distinta de la de los conductores de automóviles, y que en general conduce a una huella ecológica más reducida. Los bicicletistas tienden a tener sistemas de climatización más reducidos, y a usarlos de manera más austera. También conocen más las etiquetas energéticas y las de alerta por componentes tóxicos en los productos. Suelen tener más plantas, y más sistemas economizadores de agua. También comen menos carne, tienen más contenedores de reciclaje y compran menos alimentos procesados. El uso de la bicicleta tiene un efecto de arrastre parecido al del vegetarianismo o flexitarianismo, al propiciar un estilo de vida de baja huella ecológica, coherente y generalizable a muchas personas.

Opuestamente, el uso del coche se relaciona con un estilo de vida de mayor huella ecológica, insostenible a largo plazo. Los usuarios del transporte público y los caminantes ocupan posiciones aproximadamente intermedias por lo respecta al estilo de vida de mayor y menor huella ecológica. Elegir caminar como vehículo preferente no parece tener el efecto de "arrastre" hacia una vida de baja huella que tiene la bicicleta, o lo tiene solo de manera parcial.

La transición ecológica justa en la que está implicada ahora mismo nuestra sociedad obliga a no meter a todo el mundo en el mismo saco de "consumo derrochador e ineficiente". Por el contrario, hay amplios núcleos sociales que están experimentando en la práctica una vida de baja huella y consumo responsable, y cuyas experiencias deberían ser tenidas en cuenta.