Con negritas

El reto del nuevo consejero delegado de Bankia

En pleno debate interno sobre el momento oportuno para la salida a Bolsa, se ha incorporado a Bankia como consejero delegado FRANCISCO VERDÚ, hasta ahora vicepresidente de la Banca March. Su nombramiento responde a la demanda de los mercados, que echaban en falta junto a RODRIGO RATO a un profesional de primera línea con suficientes horas de vuelo en el sector financiero. Verdú lo es y además, al venir de fuera, seguramente se sentirá con mayor libertad para acometer algunos de los retos que le esperan. Entre ellos no será el menor la puesta a punto de una maquinaria compleja, con piezas de muy diferente procedencia. No en vano Bankia es fruto de un acuerdo entre siete cajas de ahorros cuyos equipos y procedimientos están todavía por integrar. Que todos se orienten cuanto antes hacia el mismo fin exigirá sin duda un esfuerzo titánico y la adopción de medidas traumáticas, igual que en cualquier fusión tradicional.

A Verdú, sin embargo, eso no le pilla de nuevas. Allá por los ochenta, ya tuvo ocasión de conocer de cerca el conflictivo matrimonio entre el Banco Bilbao y el Vizcaya. Él pertenecía entonces a la prometedora cantera de PEDRO TOLEDO, prematuramente fallecido en 1989. En aquel Vizcaya brillaban ejecutivos que, en parte y con distinta suerte, acabarían recalando en el Santander: ÁNGEL CORCÓSTEGUI, ALFREDO SÁEnZ, FRANCISCO LUZÓN… Con este último se reencontró Verdú en Argentaria, que aglutinó toda la banca pública antes de su privatización y posterior fusión con el BBV. En 1996 fue fichado por la Banca March, que de su mano consiguió la mejor nota de los test de estrés de Europa y donde adquirió una experiencia que ya estaba por encima de la responsabilidad que tenía encomendada.

A fin de cuentas, la Banca March es una entidad de mediano tamaño, saneada y cuyos activos suman 13.000 millones de euros. Nada que ver, por tanto, con los 328.000 millones que Verdú tendrá que gestionar ahora, ni con las características del negocio de Bankia, lastrado por una alta tasa de morosidad y por su exposición inmobiliaria.