Spanair: un proyecto con plomo en las alas

Con la solicitud ayer del concurso de acreedores, Spanair ha dado el paso esperado tras el cese de actividades del pasado viernes. El juez tendrá que decidir ahora si el concurso es “voluntario” –y al frente de la compañía continúan sus actuales gestores– o si es “necesario”, como pretende el Sepla. Pero, de cualquier forma, parece claro que ni las entidades públicas ni los empresarios que acudieron al rescate de Spanair hace apenas tres años van a seguir poniendo dinero para salvarla. Cabe todavía la remota posibilidad de que otras aerolíneas acudan en busca de una ganga, aunque en tal caso lo más probable es que se limiten a pujar por los despojos.

Se pone así casi el punto final a la aventura iniciada en enero de 2009, cuando la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona tocaron a rebato ante la decisión de SAS de deshacerse de Spanair. La compañía, que formaba parte del consorcio escandinavo desde hacía siete años, estaba llamada a ser el motor de la nueva Terminal 1 de El Prat. Un aeropuerto que –excepción hecha del rentable Puente Aéreo– estaba siendo abandonado por Iberia. De ahí el interés de las instituciones locales por que Spanair pasara a manos catalanas y se convirtiera en punta de lanza para luchar contra la hegemonía de Barajas, reforzada desde la inauguración de la T-4.

Costó mucho reclutar inversores privados y más aún que algunos desembolsaran las cantidades prometidas, pero aquello fue sólo el principio de una ardua tarea. En estos tres años, FERRAN SORIANO, su presidente, ha intentado reducir drásticamente los costes sin que Spanair dejara de dar la talla como una especie de compañía catalana de bandera. Sin embargo, el encarecimiento de los combustibles, la rémora del fatal accidente de 2008 y la dura competencia de las low cost han arruinado su empeño. Como consecuencia de todo ello y pese a la progresiva mejora de los resultados, Spanair se ha comido la nada despreciable cifra de 150 millones de euros de los contribuyentes, que
ARTUR MAS no ha querido engordar en una época de hachazos al presupuesto.