Salud en positivo

Cuando tu marido se me hace bola

Carmen Montón

Embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.

Rafael Sotoca

Médico de familia y activista sanitario. Fue director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.

Ilustración de Verónica Montón Alegre

A veces lo que me cuesta es seguir tratando al marido como si nada. Se que está en el límite de lo deontológicamente correcto, pero es que se me hace bola. Cuando ves el destrozo que la violencia de género hace en vida de las mujeres que acuden a la consulta del centro de salud, en lo que sufren y lo que les cuesta salir de ello, algunas no lo hacen nunca, tienes que templarte mucho el ánimo cuando otro día vienen sus maltratadores, a la consulta, porque no se les acaba de ir el constipado. Y reflexionas hasta qué punto está normalizada, y también legitimada, la violencia machista por la sociedad.

La consulta del equipo de atención primaria es un lugar privilegiado para detectar la violencia de género. Conoces bien a la familia, los ves por muchos motivos a lo largo del tiempo. Si algo no va bien, lo notas, aunque no lo quieran contar. No hace falta que lleguen con un ojo morado o contando historias rocambolescas de caídas accidentales por las escaleras de casas de una sola planta. Has estado en sus viviendas, y lo puedes casi notar. O no. Otras veces las cejas te tocan el flequillo de la sorpresa. Ni te imaginaste; ella te cuenta, te deja saber, y descubres el horror detrás de idílicas imágenes de matrimonios mayores que vienen juntos a la consulta. Y no sabes ya si la sujeta del brazo para que no se caiga o para que no se escape.

Relatos de años y años de maltrato, físico, psicológico, sexual, económico, del que te acaban diciendo, "y dónde voy a ir yo ahora, a mi edad, que no he cotizado ni un euro y que no tengo donde caerme". Sin apoyos dentro de casa, ni en círculos de amistad, los maltratadores ya se han ocupado de aislarlas y minorarlas para que piensen que no tienen salida, las consultas de sus médicos de atención primaria y de la enfermería de los centros de salud es una conexión con posibles soluciones. La consulta es un espacio de confianza, donde es normal contar cosas difíciles, íntimas... es el lugar perfecto.

Según ONU Mujeres, una de cada tres mujeres en el mundo es víctima de violencia física o sexual fundamentalmente por parte de sus parejas y los datos indican que la pandemia de la Covid-19 no ha hecho sino incrementar esta otra pandemia de la violencia. Durante este tiempo los recursos sanitarios para dar respuesta a este problema se han destinado de forma masiva a los efectos de la Covid-19, como es el caso de la Atención Primaria de salud, la urgencia del coronavirus ha relegado todo lo demás. ¡Cuándo más crece la violencia de género menos contamos con los recursos para detectarla precozmente! Estos están saturados o simplemente son insuficientes para dar respuesta a todas las necesidades de salud pública y de prevención que la pandemia ha generado, o dilatado.

Tiempo y tiempo.

Porque la atención primaria de salud, esa que en algunos territorios se afanan por desmontar para alimentar a los seguros privados low cost, también está para eso, para frenar el machismo y sumarse a la lucha de violencia de género.

En la Comunidad Valenciana más de 1300 mujeres eran detectadas por un programa de detección de violencia de la Sanidad Pública, a través de un cuestionario, un cribado universal de detección precoz de violencia de género, que se hacía a todas las mujeres de más de 14 años. Anda que no hay sorpresas ahí. Y desde ahí, movilizar a servicios sociales, servicios jurídicos y de apoyo, a todos los recursos posibles. Poner en marcha la maquinaria de protección, gracias a unas preguntas, hechas cuando venían por sentirse tan fatigadas o a una consulta rutinaria.

Tal y como están las cosas en la atención primaria, hablar de un programa de cribado de violencia de género puede parecer un ejercicio imposible, pero funciona, y también salva vidas.

Pero para que las consultas de atención primaria funcionen como espacios seguros y libres de violencia de género, como instrumentos para detectar la violencia precozmente y prevenirla, se requieren de 2 elementos clave: tiempo y tiempo. Además, de implicación del personal del centro, porque en esto como en el coronavirus también hay negacionistas.

El tiempo para conocer. El tiempo que hace que el paciente conozca a los profesionales que le tratan. Cuanto más tiempo, más confianza, mejor conocimiento, mejor resultado. Pero para esto las plantillas tienen que ser estables. Los profesionales tienen que sentirse cómodos y bien tratados.

El tiempo para consultar. Tiempo para escuchar, para preguntar, para explicar. No diez minutos, que parecen una quimera. Tiempo, el que sea necesario para cada persona.

Ser parte de la solución de esta manifestación criminal de la desigualdad, de este problema de salud pública y de salud de la democracia, responder ante la violencia contra las mujeres y sus consecuencias -como son los graves problemas de salud mental o riesgo de suicidio que acarrea el maltrato- requiere de una atención primaria no solo igual a la que existía antes de la pandemia. Esa talla ya no nos cabe, de hecho, ya no es un problema de talla. Necesitamos otro modelo que tenga en la agenda las otras pandemias, la de la violencia machista, la de la salud mental, y priorice entre otras cosas el contar con el tiempo suficiente, la formación y concienciación de profesionales para hacer cosas como evitar que más mujeres sufran o mueran por violencia machista.

Firman el blog:

Carmen Montón es embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.

Rafael Sotoca. Médico de familia y activista sanitario. Ha sido director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.

Forman el Foro Ágora Salud:

Carmen Montón. Embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.

Ricardo Campos. Médico Oftalmólogo. Ha sido Secretario General del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y subsecretario autonómico de sanidad.

Rafael Sotoca. Médico de familia y activista sanitario. Fue director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.

Begoña Frades García. Psiquiatra y jefa del área de salud mental del Hospital Pare Jofre. Ha sido coordinadora autonómica de salud mental.

José Antonio López Cócera. Enfermero especialista en salud mental y miembro de la comisión nacional de la especialidad.

Isabel González. Médica radióloga. Fue jefa de servicio y profesora asociada de radiología en la Universidad Miguel Hernández de Elche así como Directora General de la Alta Inspección y gerente de los departamentos de salud de San Juan de Alicante y La Ribera (Alzira)

Enrique Ortega. Médico especialista en enfermedades infecciosas y jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas, Emergentes e Importadas. Ha sido profesor asociado de de medicina de la Universidad de Valencia y Director Gerente del Departamento de Salud Hospital General de Valencia.

Antonia García Valls. Asesora coordinadora en la Vicepresidencia Cuarta, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Ha sido diputada en el Congreso.

Pere Herrera de Pablo. Médico de familia y médico SAMU. Ha ejercido como director del Servicio Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana.

Roser Falip Barangué. Doctora en Medicina y especialista en medicina de familia y en análisis clínicos. Ha sido gerente del Departamento de Salud de Alcoi.

Susana Hernández Campa. Enfermera y Técnico de Calidad.

Ilustra el blog:

Verónica Montón Alegre. Artista interdisciplinar.