Vuelve el chico de la moto

CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA

Leo que Mickey Rourke ha triunfado/resucitado en la Mostra de Venecia y yo que me alegro, qué quieren que les diga. Durante años, cada vez que aparecía el nombre de Mickey Rourke en alguna conversación y a mí se me ocurría afirmar que es un buen actor, nunca faltaba quien levantara las cejas, entre el pasmo y la ironía: ¿buen actor ese tío? Hay que reconocer que tal recelo tenía su justificación, ya que Rourke es recordado sobre todo como protagonista de ese granítico bodrio titulado Nueve semanas y media, verdadero descalabro adolescente para una generación entera (la mía), junto con otros pestiños de mucho cuidado como Oficial y caballero, Top gun o Dirty dancing, todas igualmente inspiradas, aunque sea difícil decir por quién. En concreto, Nueve semanas y media fue la causante directa de la proliferación de vocacionales y horripilantes strippers en las discotecas de pueblo, que reaccionaban al oír los primeros compases de la terrible canción de Joe Cocker con la que se desnudaba Kim Basinger en el film (Cocker, por cierto, también cantaba la untuosa banda sonora de Oficial y caballero: este hombre es un agente del mal). En fin, qué tiempos.

Auge, caída, auge
Nueve semanas y media era tan mala que se entiende que, a partir de entonces, la carrera de Rourke iniciara una larga decadencia, durante la cual las pocas noticias que teníamos de este hombre tenían que ver con combates de boxeo amañados, concentraciones moteras, estruendosas borracheras y marcianadas diversas. Pero, antes de todo eso, había ofrecido interpretaciones muy notables -a veces excelentes- en filmes como La ley de la calle de Coppola, El corazón del ángel de Alan Parker, El borracho de Barbet Schroeder o Manhattan Sur de Michael Cimino, otro ilustre defenestrado de Hollywood. Durante años, algunos de los directores más importantes confiaron en él para protagonizar sus películas, y Rourke supo estar a la altura con trabajos que, como mínimo, es de justicia recordar.

Total, que cuando ya le dábamos por acabado, Rourke reapareció hace un par de años en el papel del hiperduro Marv en Sin city, la peli de Robert Rodríguez sobre el fabuloso cómic del mismo título de Frank Miller: primera buena señal. La segunda ha llegado de Venecia, donde ha dado la campanada como protagonista de The wrestler, lo nuevo de Darren Aronofsky, un director que hasta la fecha ha hecho una película interesante (Pi), una muy buena (Réquiem por un sueño) y otra que no ha visto nadie (La fuente de la vida). Yo sí que iré a ver The wrestler: y, cuando los mismos que me miraron como si estuviera majara cuando elogiaba al bueno de Rourke se deshagan en elogios por su interpretación en la peli de moda, levantaré un dedo amonestador y diré en plan muy repelente que yo ya lo decía, hombre.