Opinion · Posos de anarquía

Pornografía urbanística

Ni es la primera ni será la última vez que escriba sobre este asunto: las ciudades cada vez son menos habitables, especialmente, para la clase obrera. Málaga vuelve a ser un buen ejemplo de ciudad en crecimiento y, pese a ello, en tremenda involución. Mientras se disparan los desahucios por no poder pagar un alquiler, esta ciudad ultima su proyecto Picasso Towers, en primera línea de playa destinado a una élite residencial.

Los datos de mercado son incontestables: el precio del alquiler en Málaga capital está en un máximo histórico. Compartir piso con otras cuatro personas en un apartamento del centro puede llegar a costar 400 euros al mes. Si quien busca alquiler es una familia, bajar de los 800 euros al mes es casi misión imposible. Así las cosas, los desahucios por no poder pagar la renta crecen a un ritmo superior que por no pagar la hipoteca, entre otras cosas, porque la cantidad a abonar mensualmente ya es mayor.

Mientras también se incrementa el número de personas que malviven, que han de huir de la capital expulsados por un mercado que sólo las quiera para explotarlas, Málaga contará con tres torres de lujo (213 viviendas) en pleno Paseo Marítimo Antonio Banderas. Detrás de la iniciativa, Metrovacesa y la promotora Sierra Blanca Estates.

¿Quiénes serán los beneficiarios de esta tropelía urbanística? Pues imaginen, considerando que las torres tendrán tres piscinas, spa, ludoteca, la tecnología domótica más vanguardista e, incluso, sala de cine privada. Ya les avanzo que esa familia en la que entra un único sueldo de camarero con la mitad de sus horas pagadas en B o el autónomo que actualmente vive en una furgoneta no.

¿Saben qué es lo más sangrante? Que Francisco de la Torre (PP), el que lleva años pasando a la historia como el alcalde que destruyó el alma de Málaga (como hacen tantos otros regidores en otras ciudades españolas) ha ganado más votos en las últimas elecciones. Eso, inevitablemente, nos lleva a plantearnos si tenemos los que merecemos. La respuesta es que no: tenemos lo que nos toca, pero no lo que se merece alguien que trabaja de sol a sol y ve cómo la pornografía urbanística de este alcalde lo expulsa.

Los modelos de ciudad actual están creando guetos periféricos de pobreza y miseria, dejando el centro para que se la repartan el turismo y la élite económica convenientemente aislada de la mugre obrera. Como si de una mansión se tratara, la clase trabajadora entra por la puerta de servicio y sólo la pisa para servir a sus señores y señoras, abandonándola después. ¿Hasta cuando serán sostenibles en el tiempo estos abusos? No sólo es cuestión de gobernantes valientes y socialmente responsables, sino de una clase obrera solidaria y comprometida. Si se da lo segundo, resultará más sencillo alcanzar lo primero.