Opinión · Punto de Fisión

Rubalcaba de Arabia

Hace poco más de un mes, el sinuoso Alfredo Pérez Rubalcaba se jactaba de que no conocía de nada a Villarejo, que jamás había hablado con él y que no iban a encontrar su voz en ninguna de esas grabaciones esotéricas con que el agente secreto menos secreto de España está dinamitando los sucesivos gobiernos que han manejado este país. Rubalcaba, un hombre que casi nunca habla de más, perdió una magnífica ocasión de callarse. No porque le hayan encontrado en una grabación a él personalmente, sino porque toda la cúpula policial a su cargo en la época en que trabajaba de ministro del Interior ha salido retratada en una de esas operaciones rocambolescas en las que los tebeos de Mortadelo y Filemón están quitándole el puesto a los Episodios Nacionales.

Lo publicaba ayer Patricia López en este mismo periódico, en otro de esos espectaculares reportajes que son como terremotos que se salen de la escala Richter, seísmos informativos tan brutales y tan repugnantes que la gente decide mirar para otro lado mientras la realidad da una vuelta de campana completa para volver a quedarse como estaba. Hecha una mierda. Hay que entender que da bastante asco mirar a los garantes de la seguridad nacional viajando de la mano de un criminal convicto y confeso a hacer negocios turbios con otros criminales no menos turbios en Arabia Saudí. En la excursión iban el Comisario General de Información, Miguel Valverde; el ya fallecido Director Adjunto Operativo, Miguel Ángel Fernández Chico; el Comisario Jefe de Información Exterior, Fernando Sáenz Merino; el Comisario Jefe de la UCAO, Enrique García Castaño; y nuestra versión cañí de 007, José Manuel Villarejo.

Como special guest star y relaciones públicas, los acompañaba José María Clemente Marcet, quien por aquel entonces estaba procesado por el delito de narcotráfico después de haber sido detenido en 2002 por orden del juez Baltasar Garzón, acusado de financiar un alijo de casi dos mil kilos de cocaína. En la red criminal investigada por la DEA, y que extendía sus tentáculos hasta Europa desde Venezuela y Colombia, se encontraba también un príncipe saudí, Nayef bin Sultan bin Fawaz Al Shaalan, amigo y socio de Clemente Marcet, cuya treintena larga de empresas en España servían, al parecer, de tapadera para el narcotráfico. Clemente, además, estaba imputado por blanqueo de capitales en la Operación Hidalgo y llegó a tener una deuda de más de un millón de euros con sociedades pertenecientes a Villarejo.

¿Con quiénes iban a encontrarse en Arabia Saudí este montón de comisarios muy condecorados de la mano de un narcotraficante? Nada menos que con el hermano de Nayef, el príncipe Saud Bin Fawaz Al Shalaan, y con Monzer Al Kassar, un famoso traficante de armas. Creo que fue Winston Churchill quien dijo aquello de que la política hace extraños compañeros de cama, y bien podía decirlo, que en sus tiempos se acostó con gente tan rara que ha acabado por aparecer de secundario en los Peaky Blinders. No obstante, la policía del estado monta unas orgías tan enrevesadas en sus cloacas, entre narcos, traficantes de armas y jueces miopes, que lo raro es que de todo ese folleteo acojonante no salga Villarejo bailando la danza del vientre mientras Rubalcaba cabalga a lomos de un dromedario emulando a Lawrence de Arabia. Menos mal que Rubalcaba es químico y sabe una barbaridad de mezclar a lo tonto ingredientes explosivos, que si no, menudo peligro.