Opinión · Punto de Fisión

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El mercado primaveral de fichajes políticos ha entrado en una fase enloquecida que implica a militares obsoletos, aristócratas rancios, toreros revenidos, cómicos reciclados e incluso algún que otro político. Ciudadanos, siempre regenerador y transparente, empezó dando ejemplo de cómo hacer pucherazos informáticos desde el mismo ordenador sin que les tiemble una tecla, uno de ellos para Silvia Clemente, reclutada del PP, y otro para Felisuco, que cada día es más gracioso. Rivera ha ido un paso más allá en su proceso de renovación y se ha puesto a repartir ministerios entre sus favoritos antes de dar inicio siquiera la campaña electoral, lo cual resulta una formidable actualización del cuento de la lechera. Los agraciados ya están enviando currículos.

Con todo, la verdadera pugna en el mercado de fichajes está teniendo lugar entre el PP y Vox, que buscan desesperadamente la manera de atraer a su corral al electorado de extrema derecha. Para ello, Casado no repara en gastos y ha lanzado dos paracaidistas tras las líneas enemigas, uno en Barcelona y otro en Madrid: Cayetana Álvarez de Toledo y Adolfo Suárez Illana, respectivamente. A la primera todavía se la recuerda por su firme defensa de los Reyes Magos tradicionales frente a la ofensiva de Carmena, y al segundo por el modo en que dio el pésame a los padres de un guardia civil asesinado por ETA, lamentando que ya no pudiera disfrutar de las famosas cebollas rellenas de Sama de Langreo. Ambos son gente chic y preparada, que lo mismo se sube a un F-18 a hacerse una foto con la que está cayendo en Barcelona que se vuelve a su casa tras perder unas elecciones. Con su excelente visión del problema catalán, Cayetana hasta podría superar los resultados de la Coordinadora Reusenca Independent de Carmen de Mairena.

Nadie lo había visto venir, aunque había señales que lo anunciaban, y en plena era posmoderna el debate político en España se ha trasladado del parlamento a la plaza de toros. Una vez más Abascal abrió la veda al escoltarse de diestros como Morante de la Puebla y Fran Rivera, e incluso al fichar al antiguo banderillero Pablo Ciprés como candidato por Huesca. De inmediato, Casado ha contraatacado incorporando en las listas por Madrid a Miguel Abellán, con lo que las tertulias taurinas van a estar tan divididas como en los tiempos de Joselito y Belmonte o Dominguín y Ordoñez.

Fue Juan Belmonte quien reconoció a uno de sus banderilleros, Joaquín Miranda, en el cargo de gobernador civil de Huelva. Por aquel entonces, a pesar del prestigio que gozaba la fiesta nacional, no era habitual que los toreros tirasen por la carrera política y cuando un amigo de Belmonte le preguntó cómo era posible que el gobernador hubiera sido banderillero suyo, el Pasmo de Triana le contestó: “Ya ve usted: degenerando”. Spain is different, el lema con el que Fraga relanzó el turismo en España, vuelve a estar de moda en los mentideros políticos. Si todo sigue así, degenerando, en los próximos mitines no se descarta que Abascal aparezca a caballo, vestido de picador, y Casado con traje de luces, que buena falta le hacen.