Opinion · Punto de Fisión

Ministerio de Andares Tontos

Las relaciones entre PSOE y Unidas Podemos han puestro proa hacia una de esas amistades británicas que empiezan excluyendo las confidencias y terminan prescindiendo del diálogo. También como uno de esos noviazgos a la antigua usanza en la que los pretendientes primero no se ven, después no se hablan y finalmente culminan el matrimonio a través de una sábana agujereada. «No es por vicio» rezaban juntos antes de acostarse, «no es por fornicio, es por hacer un hijo en tu santo servicio».

Tras mucho hablar, mucho marear la perdiz y mucho dar marcha atrás, resulta que el principal escollo para que salieran adelante las negociaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias era Pablo Iglesias. Sánchez no se hace el estrecho porque sí, ni porque le estén apretando desde arriba, igual que en los tiempos en que lo arrancaron de la secretaría general a golpe de dimisiones, editoriales y telefonazos. La verdad es que teme que Iglesias pueda quitarle protagonismo, no por guapo, desde luego, sino por ser mejor actor, porque le iba a resultar muy difícil compartir plano junto a un secundario con coleta empeñado en robarle todas las escenas. Todavía late el temor de que Sánchez pueda acabar como el primer ministro italiano, del que nadie fuera de su casa recuerda el nombre por estar al lado de Salvini.

Preguntado al respecto, Antonio Hernando asegura que el líder de Podemos intentó engañarlo lo menos tres veces en las negociaciones de hace dos años, un testimonio que vale su peso en oro teniendo en cuenta que Hernando apuñaló a Sánchez lo menos cuatro veces, con y sin testigos, y que de traiciones sabe lo que no está escrito. En estas bodas contrarreloj a Pedro Sánchez le ha tocado hacerse el estrecho mientras a Pablo Iglesias le ha tocado hacerse el harakiri por el bien de España, un gesto de renuncia, generosidad y amplitud de miras que buena parte de la prensa le está empezando a criticar por no ser más que una metáfora.

«No debo ser la excusa del PSOE para que no haya un gobierno de coalición de izquierdas» escribe Iglesias en su cuenta de twitter. Un arrebato de docilidad que a muchos de sus haters profesionales les recuerda aquella magnífica respuesta con que un monje zen preguntaba por su propia virtud: «¿Que no soy humilde? ¿Que no soy humilde? ¡Soy el hombre más humilde del mundo!» Lo único que pide Iglesias para que eche a andar esa fantasmagórica coalición de izquierdas es que la presencia de su formación en el gobierno sea más o menos equivalente a la proporción de votos. De momento, y por razones obvias, a Unidas Podemos le están vetados los ministerios de Interior, Justicia, Defensa y Exteriores. De Hacienda y Economía, mejor correr un tupido velo. Quedan disponibles Trabajo, Medio Ambiente, Vivienda y Transición Ecológica, pero resulta más plausible que se haga realidad el chiste de Echenique como flamante ministro de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana. Eso si Sánchez, imitando a los Monty Python, no se saca de la manga un ministerio de Andares Tontos.