Opinion · Punto de Fisión

Absténgase todos, hagan el favor

Pedro Sánchez podría ser el primer presidente elegido por abstención absoluta de la cámara, un presidente aclamado por hastío, por cansancio del personal, como ese cartel que mi amigo Jesús Llano cuelga a veces en la puerta de su estanco: CERRADO POR CANSANCIO. «Por descanso no» explica Jesús, «que si estuviéramos descansados, trabajaríamos con mucho brío y mucho ahínco. Nosotros cerramos porque no podemos más, por cansancio». Es lo que le sucede a Pedro Sánchez, que está virtualmente exhausto después de unas agotadoras vacaciones, harto de decir no, no y no a cualquier tentativa de acuerdo presentada por Pablo Iglesias, un tipo que no sólo es un plasta incansable sino que no se entera de cuando está sobrando en una discoteca.

Mira que se lo habrá dicho Pedro a Pablo de todas las maneras posibles: de pensamiento, palabra, obra y omisión; mediante lenguaje de signos; por código morse; en gallego y en catalán; en dothraki, alto valyrio, bajo valyrio y hodor; a base de encogimiento de hombros, cabeceos, peinetas y portazos. Y mira que Pablo ha cedido ministerios, ha cedido sillones, ha cedido sillas y ha cedido orgullo, cortándose en lonchas a sí mismo, rebajándose hasta aceptar el puesto de conserje en una coalición sólo para abrirle la puerta al sanchismo -mejor dicho, para cerrársela en las narices a la derecha. Que no, coño. Tanto estudiar politología y se le olvida la frase clave de Talleyrand: «Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible».

También se le ha olvidado otra sentencia, que es la esencia misma del riverismo: «La oposición es el arte de estar en contra tan hábilmente que luego se pueda estar a favor». Albert Rivera, en cambio, no la ha olvidado y después de repetir y repetir, cual afilador en bicicleta, que jamás habría pacto con Sánchez, ha esperado hasta el último minuto de la prórroga, casi en pleno descuento, para ofrecer un chanchullo de urgencia a cambio de la ruptura con Bildu en Navarra, la promesa de no subir los impuestos y la creación de una mesa para la aplicación del 155 en Cataluña. Es una jugada maestra, especialmente sabiendo de antemano que Sánchez no iba a aceptar, pero así su bancada, los incondicionales del Ibex, pueden llegar a pensar que ha estado todo el verano rumiando esta propuesta chorra de abstención mientras se tostaba vuelta y vuelta junto a la piscina. Que no se diga que Albert no es capaz de cualquier cosa.

El envite estaba perfectamente calculado, incluido el rechazo de Casado, hasta el punto de que Pedro no ha tardado ni cinco minutos en decidir que ya había cumplido de sobra con las tres condiciones y que se abstengan todos, por favor, que para eso es el candidato más alto y el más guapo. En ese punto de chulería sólo le ha faltado añadir lo que le ofreció Michael Corleone al senador Pat Geary en El padrino II: «Le voy a decir mi oferta: nada. Usted y sus socios se van a abstener a cambio de nada sólo para que yo pueda ser presidente, lo mismo que ese ingenuo de Pablito, que todavía se piensa, el muy simplón, que el PSOE es de izquierdas».

Va a ser que no.